Alfonso Méndiz
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Entrevista con Alfonso Méndiz: «Vacaciones en Roma devolvió a esta ciudad todo el romanticismo que había perdido tras la Guerra Mundial»

Entrevista | Cómo se hicieron las grandes películas es el título del libro recién publicado por Alfonso Méndiz, colaborador de FILA SIETE y profesor de Co­municación Audiovisual y Publi­cidad en la Universidad de Málaga. Un sugestivo recorrido por la producción de algunos títulos mayores de la historia del cine, que ocupa una sección muy valorada de nuestra revista.

– Alfonso, con este número de FILA SIE­­­TE tu serie de artículos “Así se hizo…” cum­ple tres años. Todo un récord de colaboraciones…
– La verdad es que sí. Al comenzar no sa­bía hasta dónde daría la paciencia de los lectores, pero a juzgar por los mensajes que me llegan me alegra ver que gusta, que sus­cita preguntas y, sobre todo, que anima a degustar el buen cine clásico.

– Muchas anécdotas de los rodajes salen a la luz interesadamente, con fines publicitarios. Pero otras deben ser difíciles de conseguir…
– Cierto. La mayoría de este material procede de mi estancia en Los Ángeles y en UCLA. Otro procede de los contactos que entonces hice, y que me facilitan documentos de producción de los Estudios, aún hoy es­casamente disponibles.

– De todas las que cuentas en tu libro, ¿cuál es tu anécdota preferida?
La del desenlace de Casablanca. Tras de­­cidir -entre 4 finales distintos- que Ilsa se va en el avión con Víctor, el director preten­día que Bogart pronunciase su discurso altruista y diese un beso de despedida a In­grid Bergman; pero Bogart, sorprendentemente, se negó: argumentó que si cedía a esa compensación, su personaje se autodestruiría. Y esa decisión, que se impuso en el rodaje de la escena, da la medida de su va­lía como actor y la grandeza y atractivo de su personaje.

– Escribes en la presentación del libro que «el cine es un mundo mágico, forja de sue­ños y fantasías…». ¿Hay lugar para pesadillas?
– Por supuesto: como espectadores, el ci­ne puede hacernos soñar y llenarnos de ideales, pero puede también enfangarnos, convertirnos en cínicos, escépticos o desencantados. Depende de las películas que uno decida ver.

– La guerra contra el tabaco ha llegado al cine… ¿Tanto influye el cine en las conductas?
– Más de lo que parece. Una sóla película, Amadeus, cristalizó una imagen tópica de Mozart (como un ser genial e infantiloide) a la vez que provocó una increíble «Mo­­­zart-manía». Otra película, Vacaciones en Roma, devolvió a esa ciudad todo el romanticismo que había perdido tras la Gue­rra Mundial. No depende sólo del cine: depende de cómo y con quién se ve el cine. Pe­ro es, indudablemente, el gran conformador de nuestros valores y de nuestras aspiraciones. Si nuestros ídolos son adictos al sexo o al tabaco, eso nos influye: de forma indirecta, pero nos influye…

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