Cary Jôji Fukunaga, director de Sin nombre

«En terminar un guión, en terminar una película, como Sin nombre, hay mucha satisfacción, porque sufres mucho en el recorrido»

Fukunaga acaba de presentar su primer largo en el Festival de San Sebastián, dentro de la Sección Horizontes Latinos. Este joven californiano de madre sueca y padre japonés, nos acerca a la cruda realidad de uno de los grupos mafiosos de la América Latina, La Mara Salvatrucha, con una interesante película coral titulada Sin nombre.

Usted, nacido en California, ¿cómo se ha ido a Méjico para rodar una película de este género, dramático y social?

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Estudié Historia y Ciencias Políticas en la universidad antes de estudiar cine. Lo que me apasiona es investigar, conocer visiones diferentes del mundo. Y cuando encuentro una historia que me toca, como ésta, noto que necesito contarla. Hay algo dentro del tema que es polémico, interesante en cuanto a los emigrantes. Porque las imágenes que tenía al principio de las investigaciones de 700 emigrantes encima de un tren enfrentándose a guerrilleros, bandidos,… el ambiente, eran bastante fuertes. Para mí todo empezó con la pregunta: ¿por qué?

En el futuro, ¿piensa abordar otros géneros?

Sí, justamente mi próxima película será un cuento de hadas, una historia de amor trágico. No tiene nada que ver con la realidad. Y soy más libre porque no se basa en hechos reales.

¿Cuáles son sus referentes cinematográficos?

Las referencias son diferentes con cada proyecto. En Sin nombre para mí hay menos referentes cinematográficos y más bien obras de fotoperiodismo, sobre todo de los años de la guerra en El Salvador, y de gente como James Nachtwey, porque hay una manera de hacer arte también en el contexto de la fotografía; se pueden contar cosas importantes no sólo bajo un prisma político sino también emocional.

¿Qué es lo que más satisfacción le ha producido al hacer esta película?

Yo creo que es terminarla. En terminar un guión, en terminar una película, hay mucha satisfacción porque sufres mucho en el recorrido.

¿Y la mejor experiencia?

Tal vez las cosas que son mejores, son peores a la vez.  Y la investigación para mí fue muy difícil. Encontré gente cuyos nombres no recuerdo, sus caras sí. Y haber vivido un poquito con ellos y conocer un poco sus vidas… Es algo que nunca voy a perder.

¿Ha tenido algún contacto más directo con la Mara Salvatrucha?

Sí, hice bastantes investigaciones con pandilleros, algunos activos y algunos ya calmados y también tuve oportunidad de andar en barrios donde ellos controlan, y comentar con gente de la calle, ver cómo ellos funcionan, cómo viven, cómo platican. Era  muy importante conocer esos detalles porque no podría meter, dirigir una escena sin haberlo documentado, observado.

Ha conseguido transmitir empatía con los personajes. El objetivo, ¿era una denuncia social sólo?

Creo que el objetivo no es llegar a una moraleja. Es una historia bastante lejos de la experiencia del público que va a verla y que a menudo solamente saben de esto por  un artículo de periódico. Pero si llego a transmitir empatía del público con gente que vive al otro lado del mundo y que no tienen nada que ver, al final he conseguido algo; hay algo.

¿Con qué sueña? ¿Cómo se ve en un futuro?

Cuando sueño en un futuro, sueño que hago mi próxima película. No pienso en los premios. Mi meta es contar hasta que no tenga más historias que contar, y después voy a vivir en una casa en el campo… no sé, viajar, hacer cine, conocer a más gente, hablar más idiomas…

Sofía López, Blanca Barriocanal

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