Bresson por Bresson, entrevistas

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· Mylène Bresson, su viuda, recopiló las entrevistas que su marido concedió, todas ellas preparadas con extremo cuidado por el cineasta, consciente del valor de la palabra.

Bresson por BressonEl cine no sería lo mismo sin Robert Bresson (Bromont-Lamothe, 25 de septiembre de 1901 – París, 18 de diciembre de 1999). Es uno de esos artistas que no tienen casa propia, ni siquiera una isla es capaz de contener su genio: tienen un planeta para ellos solos. Un planeta donde lo que cuentan y cómo lo cuentan, sus relatos transidos de trascendencia sin engolamiento, bellísimos en su sencillez desarmante, brillan cuando el sol los ilumina, reflejan una belleza esencial, pura, inagotable.

Bresson es un planeta maravilloso que comparte sistema con compañeros que se llaman John Ford, Charles Chaplin, Jacques Tati, Yatsujiro Ozu, Friedrich Wilhelm Murnau, Roberto Rossellini.

Pintor de cuerpos habitados, buscador infatigable de almas, siempre con anhelo de infinito, Bresson es uno de los cineastas que ha hablado con más profundidad y capacidad de sugerencia sobre el cinematógrafo, sobre las películas asombrosas que estrenó entre 1943 y 1983, 40 años con 13 jalones inolvidables: Los ángeles del pecado (1943), Las damas del Bosque de Bolonia (1945), Diario de un cura rural (1951), Un condenado a muerte se ha escapado (1956), Pickpocket (1959), El proceso de Juana de Arco (1962), Al azar, Baltasar (1966), Mouchette (1967), Une femme douce (1969), Cuatro noches de un soñador (1971), Lancelot du Lac (1974), El diablo, probablemente (1977), El dinero (1983).

“Bresson es probablemente la única persona que en el cine ha conseguido una correspondencia plena entre su práctica artística y la concepción formulada con anterioridad de modo teórico. No conozco a ningún otro artista más consecuente en este sentido. Su principio básico era la destrucción de la llamada ‘expresividad’, es decir, quería eliminar la frontera entre la imagen y la vida real. En otras palabras, quería que la vida real causara su efecto expresivo, en imágenes. En su película no hay ninguna elaboración especial del material, no hay modulación, no hay generalización alguna que salte a la vista”, dijo Tarkovski en Esculpir en el tiempo.

Susan Sontag, a quien Bresson piropea diciendo que es la que mejor le ha entendido, escribió que para el director francés “el arte consiste en descubrir lo necesario, en eso y nada más”. El propio Bresson dice algo tan epifánico, tan tremendamente revelador como esto: “cuando se muestra todo, no hay arte. El arte va de la mano de la sugerencia”.

Mylène Bresson, su viuda, recopiló las entrevistas que su marido concedió, todas ellas preparadas con extremo cuidado por el cineasta, consciente del valor de la palabra, como solo puede serlo un cristiano convencido y convincente. “La pintura me ha enseñado que no se debían hacer bellas imágenes, sino imágenes necesarias”.

El gozo que brota de la lectura de cada página de este importantísimo libro (diría que el más importante sobre cine que se ha publicado en España en los últimos 30 años, muy bien editado por Intermedio, con exquisita traducción de Vanesa García Cazorla) es directamente proporcional a la capacidad del lector de hacerse cargo de que el cine ontológico no solo es posible sino que existe, se ha hecho y está a mano.

Solo por la entrevista que Godard y Merleau-Ponty hacen a Bresson en Cahiers dialogando sobre la recién estrenada Al azar, Baltasar, habría que comprar tres ejemplares del libro. Uno para trabajar. Otro para reponer, tras subrayar cada página hasta romperla. Un tercero para regalar a esa persona a la que debemos algo muy significativo en nuestro trabajo sobre el lenguaje fílmico y las estrategias de la estética cinematográfica.

Bresson por Bresson, entrevistas (1943-1983). Mylène Bresson (ed.). Intermedio.
Barcelona (2015). 395 páginas. 23 €