Henry Fonda. El héroe infeliz

libro_henryHenry Fonda y James Stewart no solo compartieron una amistad duradera, sino también una forma de ac­tuar sin actuar. Con una sola mirada eran capaces de transmitir la honradez, el idealismo, la veracidad y to­das aquellas virtudes que cualquier buen padre quie­re transmitir a sus hijos.

El autor de este libro es el madrileño José de Diego, pe­riodista, profesor de cine en Nueva York y escritor de otro libros de T&B editores (Otto Preminger, Casablanca). La estructura de esta obra consiste en un repaso cronológico de las 114 películas que Henry Fon­da interpretó en casi 50 años (1935-1981). En este pri­mer aspecto quizás el libro es demasiado exhaustivo en el comentario de obras menores realizadas por las fa­mosas obligaciones contractuales de la época. La mayoría de estas películas olvidables tenían como princi­pal responsable a Darryl F. Zanuck, uno de los gran­des productores de la edad dorada de Hollywood, fa­moso por esclavizar a directores y actores de la talla de John Ford o Henry Fonda.

El libro también dedica un espacio a los innumerables conflictos familiares de sus 5 matrimonios y 3 hi­jos, 2 de ellos dedicados a la interpretación (Peter y Ja­ne). Pero hay que reconocer que el escritor no manosea una intimidad en la que muchos bucearían sin pu­dor sacando a la luz todo tipo de trapos sucios. Lo fun­damental es que queda claro que Henry Fonda siem­pre estuvo más cómodo en escenarios y rodajes que en el hogar familiar.

Una de las frases de John Ford sobre este legendario actor resumen muy bien sus cualidades interpreta­ti­vas. “Ha visto usted en esa escena caminar a Henry Fon­da. ¡Eso es cine!”. La veracidad de sus interpretaciones encandiló al “director que hacía westerns” con el que trabajo en 7 ocasiones en obras maestras como Las uvas de la ira (1939), Pasión de los fuertes (1946) o Fort Apache (1948).

A pesar de que siempre se consideró un actor maltratado por las productoras, Henry Fonda pudo traba­jar con los mejores directores: Otto Preminger (Tem­pestad sobre Washington), Fritz Lang (Solo el cie­lo lo sabe), William Wyler (Jezabel), Preston Sturges (Las tres noches de Eva), Joseph L. Mankiewicz (El día de los tramposos), King Vidor (Guerra y paz), William A. Wellman (Incidente en Ox-Bow), Billy Wilder (Fe­dora), Alfred Hitchcock (Falso culpable), Sidney Lu­met (12 hombres sin piedad).

Pero era un genio insatisfecho que en plena madurez no tuvo ningún reparo en dejar el cine durante 7 años de su vida (entre 1948 y 1955) para dedicarse al tea­tro. En total interpretó 1.077 veces la obra Mister Roberts en 32 meses, en los que nunca se perdió una fun­ción, ni siquiera el día que Frances Seymour, su segunda mujer, se suicidó el 15 de abril de 1950. Por esta obra ganó el prestigioso premio Tony del teatro.

En Hollywood tardarían más en reconocer su talento con un Oscar. En 1980 obtuvo la preciada estatuilla con el Premio honorífico y en 1982 logró el Oscar al me­jor actor principal por En el estanque dorado. Ese mis­mo año, Henry Fonda murió a los 77 años en su ca­sa de California.

Claudio Sánchez