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John Wayne: el héroe americano

John Wayne (Iowa. USA, 1907- New­port. USA, 1979) es una estación inexcusable en el viaje cinematográfico. La iconografía -entendida como archivo de mitos, modelos, arquetipos, héroes, o como ustedes prefieran- del celuloide es inconcebible sin este vaquero grandullón, de andares desgarbados, rostro noble y sencillo, fumador insuperable, mixtura logradísima de brusquedad, delicadeza y bonhomía. Si la memoria de la estética cinematográfica está asociada al arte interpretativo, John Wayne se come -el solito- un disco duro. La presencia, los gestos, la voz, el porte de Wayne en La diligencia (1939), Hombres intrépidos (Long voyage home, 1940), Río Rojo (1948), La legión invencible (She wore a yellow ribbon, 1949), El hombre tranquilo (1952), Centauros del desierto (Searches, 1956), Misión de audaces (Horse soldiers, 1959), Río Bravo (1959), El hombre que mató a Liberty Balance (1962), Valor de ley (True gift, 1969) y algunas películas más, son sencillamente portentosos porque se te cuelan en la memoría y allí se quedan -con una capacidad de supervivencia raramente superada-. Puedes ver 10 veces cualquiera de estas películas y seguir sorprendiéndote del predicamento escénico de este actor, que bueno es recordarlo, sólo se mantuvo en velocidad de crucero con tres maquinistas: Ford, Hawks y Hataway.
Que un libro esté escrito desde el entusiasmo no le priva -de modo automático- de interés. El prolífico autor de esta biografía es un jurista que escribe bastante bien. Este apunte es muy significativo, en un sector que no suele caracterizarse por la buena escritura. Alonso Barahona opta por un ameno, ágil y ordenado recorrido por la vida de Wayne. El libro incluye una ligera reflexión teórica sobre las claves interpretativas del actor, sobre el modo en que componía sus personajes, sobre su relación profesional con directores, actores y productores. El análisis de la extensa filmografía del actor de Iowa es bastante somero, y no es infrecuente que el entusiasmo de Barahona devenga en la apreciación visceral y poco justificada, que parece nacer al calor del enfado que provocan en el autor las descalificaciones de otros colegas, parejas en inconsistencia y arbitrariedad.

Ford y Hawks, sus valedores

La personalidad y la trayectoria profesional de John Wayne han sido abordadas en numerosos libros. Es frecuente encontrar capítulos o cuantiosas referencias a Wayne en obras de análisis sobre sus dos valedores, John Ford y Howard Hawks. No en vano estos dos gigantes de la historia del cine ofrecieron a Wayne bastantes papeles que forman parte de la enciclopedia del héroe cinematográfico.
Es innegable que resulta difícil sustraerse a la tentación hagiográfica o denigratoria al poner el foco sobre un actor que no ocultó su modo de pensar, sus simpatías políticas, sus opiniones y opciones sobre tanta cosa opinable. Lo que resulta ruín es descontextualizar elementos de la vida de un personaje para alimentar el fuego de las simpatías o antipatías del que escribe. El libro de Bara­hona se prodiga en justificaciones innecesarias -sobre todo de aspectos de su vida fuera del set de rodaje- que resultan un poquitín ridículas. A la vez, y le entiendo, Barahona reacciona contra tanto tonto pedante y despreciativo, que parece tirarnos a la cara unos juicios de cortante y brusco rencor. Uno se pregunta si merece la pena ser tan retorcido y vengativo.
«Siempre he buscado una historia con emociones básicas. Un perro, un muchacho, el amor de un hombre, el amor de una mujer». Hermosas y significativas palabras de Wayne para poner fin a esta reseña, e irme a conseguir Long voyage home, que me llama desde hace meses.

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Alberto Fijo
Alberto Fijo
Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor