Josef von Sternberg. Memorias

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· La lectura de este anecdotario, en parte una casi colección de despropósitos, en parte material apologético, es una delicia: no sólo era Sternberg un gran observa­dor, también era un gran narrador.

Josef von Sternberg. MemoriasEn el mundo del cine, Josef von Sternberg (1894-1969) pertenece a la categoría de director famoso mal co­nocido. Mencionar su nombre supone recibir una serie de asentimientos espontáneos del gran público. Llegó a fi­gurar en alguna de esas listas con el número 37 entre los mejores directores de todos los tiempos, pero, aparte de El ángel azul, pocos podrán citar alguna película su­ya. Algunos recordarán que el director alemán hizo alguna otra película con Marlene Dietrich.

Estamos ante un libro de memorias. Unas memorias ex­traordinarias que cambian de tema caprichosamente, se­gún se entrelazan las ideas. El factor común es el cine. Co­mo arte y como industria; el cine que debería hacerse y el que se hace. El cine que hizo Sternberg asumiendo éxi­tos y fracasos.

Nacido austriaco, luego norteamericano hasta el final de sus días, el director dedica unas páginas a sus recuerdos de niño en Viena, luego en Nueva York. Acostumbrado a ganarse la vida con cualquier cosa, el azar lo llevó a Fort Lee -el primer Hollywood- en New Jersey, donde pa­só años trabajando en el laboratorio de celuloide.

Silencioso y observador, aprendió a valorar las imáge­nes. Con el gran Emile Chautard aprendió a dirigir. Rue­da La ley del hampa y no la quieren estrenar: el pú­blico le da la razón. Descubre a Marlene Dietrich y la historia se repite.

Se convirtió en un director maldito del que hablaban mal tanto los estudios como las estrellas, las que él convertía en estrellas… A menudo quien le criticaba sin motivo decía que creía rendirle un buen servicio cul­tivando su imagen. Pero era alguien a quien recurrir cuan­do había que hacer algo difícil, en general tratar con actores y actrices difíciles: Emil Jannings, Charles Laughton, Marlene Dietrich, Victor Mature

La lectura de este anecdotario, en parte una casi colección de despropósitos, en parte material apologético, es una delicia: no sólo era Sternberg un gran observa­dor, también era un gran narrador. El título de estas me­morias, lo cuenta él, está inspirado de una comedia ho­mónima que vio (Fun in a Chinese Laundry, 1901), una escalada de disparates y accidentes que, para él, re­presenta Hollywood y revela la mirada lúcida y cínica que usó con el mundo del cine.

A lo largo de estas páginas aparecen decenas de personas célebres, actores y actrices, escritores, directores, pro­ductores, que trató, entre ellos De Mille, Chaplin, Gri­ffith, Eisenstein, con quienes comparte anécdotas de­liciosas y poco o nada conocidas. Otras, especialmente las que revelan su fuerte personalidad y perfeccionismo, ex­plican cómo un director genial que solo quería tra­ba­jar y que lo dejaran en paz, llegó a ser un director maldito y un fenómeno mediático: la lucha del artista con la industria y los medios de comunicación.

El abanico de sus recuerdos cubre la historia del cine de sus comienzos hasta los años 60 y es un pozo de buen material -variopinto y desorganizado- para los interesados en la historia del cine.

Josef von Sternberg, Diversión en una lavandería china. Memorias
Traducción de Natividad Sánchez Sáinz-Trápaga
Ediciones JC. Madrid (2002)
286 páginas. 21 €

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Fernando Gil-Delgado
Historiador y filólogo. Miembro del Círculo de Escritores Cinematográficos. Ha estudiado las relaciones entre cine y literatura. Es autor de “Introducción a Shakespeare a través del cine” y coautor de una decena de libros sobre cine.