Un año ajetreado


· Anne Wiazemsky, la protagonista de Al azar, Baltasar, construye en Un año ajetreado un relato ágil, vivaz, con el desenfado de una joven. Muy interesante para los que quieran acercarse al ambiente del París de finales de los 60, justo antes del estallido del 68.

Un año ajetreadoEn 1966 una chica de 18 años encandilaba a una nueva ola de espectadores que recibía con entusiasmo una película pro­tagonizada por un burro e inspirada en El idiota, de Dostoievski. La chica, actriz no profesional que aún estudia­ba ba­chillerato, se llamaba Anne Wiazemsky y era nieta de Fran­cois Mauriac, el escritor ganador del Premio Nobel.

Cada plano de la película de Robert Bresson (1900-1999) re­vela el aliento poético, la cultura destilada, la inmensa humanidad de un cineasta que había decidido trabajar con actores no profesionales. Godard dijo extasiado que el deslumbra­mien­to del espectador ante la cinta obedecía a que «este fil­me es, en verdad, el mundo en una hora y media». Pintor y fotógrafo, Bresson había cumplido los 65 cuando afronta un relato sobre los pecados capitales y los siempre extraños ca­minos de la Gracia, ambos asuntos siempre presentes en su obra hasta esa película asombrosa que cerró su filmografía, El di­nero (1983). Wiazemsky era el rostro inolvidable que abrazaba a Balthazar y representaba ese cine único y grandioso, que todos los cineastas franceses del entorno de Cahiers y re­presentantes de la Nouvelle Vague admiraban y que nunca fue­ron capaces de tutear.

Anne -hija de Yvan Wiazemsky, un funcionario internacio­nal, y de Claire Mauriac- fue actriz y escritora. Murió a los 70 años en 2017. Entre 1967 y 1979 estuvo casada con Jean-Luc Go­dard. En junio de 1966, Wiazemsky escribe una carta a Go­dard manifestando su admiración por su cine y el deseo de co­nocerle. Lo que cuenta la autora en el libro que publica en 2012 es la historia de un año en el que prepara su ingreso en la Universidad, empieza a estudiar Filosofía en Nanterre, hace una película (La Chinoise) y termina casada con Godard, con quien había iniciado una relación amorosa un año y medio an­tes. Lo escribe 45 años después. Y ese dato me parece muy re­levante.

El relato escrito en presente de principio a fin es el propio del diario de una chica de 18 años, que es como es: hermosa, vi­vaz, inquieta, apasionada e infantil, perteneciente a la alta burguesía parisina y criada entre algodones, interesada por la filosofía, católica por tradición, secularizada por completo. Una chica que que ya se acostó con algún actor cuando no ha­bía cumplido los 18, durante el rodaje de la película de Bre­sson. Una joven atractiva y minifaldera, estilosa y moder­na, a punto de entrar en el mayo del 68 del brazo de un cineasta que le saca casi 20 años y que acaba de divorciarse de la actriz Anna Karina, una danesa nacionalizada france­sa que es considerada una de las mujeres más bellas del momento. Godard es un maoísta de 35 años que conduce un Al­fa Ro­meo descapotable. Engreído, sensual, culto, posesivo, tier­no y colérico, romántico y despótico, brusco y delicado, un bur­gués que se siente con derecho a maltratar a los burgue­ses, tí­pico representante de la izquierda caviar francesa.

En esa estúpida película titulada La Chinoise (no encuentro otro calificativo para ella: la veo con vergüenza ajena de prin­cipio a fin, con toda esa pedantería del cine semióti­co marxista-leninista), Godard sigue los pasos de su amada Anne, a la que coloca al frente del reparto. Se ufana del apar­tamento donde rueda, del que se enorgullece por haberlo «co­lado» gratis a su productor para vivir en él mientras rueda en esa localización la película.

El libro está muy bien escrito y tiene bastante interés para los que quieran acercarse al ambiente del París de finales de los 60, justo antes del estallido del 68. Wiazemsky evita los jui­cios sobre sí misma y sobre otros y construye un relato ágil, vivaz, con el desenfado de una joven (en realidad una mu­jer de 65 años que ha triunfado como escritora, consiguiendo premios muy relevantes). Castillos, veraneos, fiestas, fa­ma, viajes, indolencia. Un año ajetreado (el título francés es muy sutil: Une année studieuse) en el que se nos ofrece un fresco de unos personajes que viven su vida rebelándose (has­ta cierto punto y siempre con un colchón debajo para no ha­cerse daño) contra todo, menos contra sí mismos, sus mezquin­dades y su nihilismo exclusivista.

Es significativo que la autora recuerde con emoción su pre­sencia en el rodaje de una película de… Truffaut, que le in­vitó a participar en él como ayudante de foto fija. Lo es tam­bién que en 2007 publicase un libro (Jeune Fille) dedicado a sus recuerdos del rodaje de Al azar, Baltasar.

Como hemos mencionado no hay juicios, pero los hechos des­critos con frialdad pueden ser demoledores: el relato del en­cuentro en el aeropuerto con la mujer del primer ministro Pompidou cuando Anne llega muy enferma de Avignon, la visita al ginecólogo de Anne con su madre o la reacción de los diplomáticos chinos al ver La Chinoise dan escalofríos.

Un año ajetreado
Anne Wiazemsky
Anagrama. Barcelona (2013)
224 páginas. 17,90 €

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