2001: Una odisea del espacio (1968) // Stanley Kubrick (parte I)

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· Inteligencia humana, contacto con alienígenas, evolución del hombre, serán la clave filosófica de la película de Kubrick.

Parte I: Orígenes del relato

En 1953, el novelista inglés Arthur C. Clarke había publicado un relato breve, escrito en 1948 y titulado The sentinel (El centinela), que narraba la extraña aparición de un monolito en los albores de la humanidad. Ese límpido y enigmático objeto cumplía, en realidad, una función de vigía de nuevas formas de vida para los alienígenas de otra galaxia: a través del espacio transmitía a sus amos la noticia del nacimiento de vida inteligente sobre el planeta Tierra. A partir de esta premisa, el relato desarrollaba una interesante reflexión acerca de la inteligencia, el contacto con otras civilizaciones y la evolución de la especie humana.

Clarke y su visión de la ciencia-ficción

Los tres temas que acabamos de apuntar (inteligencia humana, contacto con alienígenas, evolución del hombre), que serán la clave filosófica de la película de Kubrick, son en realidad los tres temas clave de toda la producción literaria de Clarke, quien desde sus primeros relatos había mostrado siempre un gran interés por las posibilidades de la ciencia. Nacido en Minehead (Inglaterra) en 1917, fue instructor de radar en la aviación británica durante la II Guerra Mundial como oficial de la RFA, y tuvo a su cargo el primer equipo de radar talk-down durante las pruebas experimentales. Su única novela que no es de ciencia ficción, Glide path, se basa en este trabajo.

En 1945 publicó el artículo técnico Extra-terrestrial relays, que establecía los principios de la comunicación vía satélite en órbita geoestacionaria. Su invento le ha valido numerosos honores, tales como la Beca Internacional Marconi 1982, una medalla de oro del Franklin Institute o la Cátedra Vikram Sarabhai del Physical Research Laboratory. Hoy en día, la órbita geoestacionaria a 42.000 kilómetros es denominada “La órbita Clarke” por la Unión Astronómica Internacional.

A partir de ese artículo técnico, su interés por la ciencia se dispara. En marzo de 1945 escribe el primer cuento que vende profesionalmente, Partida de rescate, que se publica en el Astounding Science Fiction en mayo de 1946. Al año siguiente (1946-47) es nombrado presidente de la Sociedad Interplanetaria Británica (BIS), cargo que volverá a ocupar de 1950 a 1953. Durante esos años conoce a fondo el desarrollo de la investigación astronáutica, edita el boletín de la BIS y comienza a publicar relatos de ciencia ficción. Esos relatos están sólidamente construidos, giran usualmente sobre un único tema científico y terminan, frecuentemente, con una solución sorprendente.

En 1953 publica la colección de relatos Expedición a la Tierra, entre los que se encuentra The sentinel. Y en 1962 publica Perfiles del futuro, libro en el que echa una mirada a las posibles formas del mundo de mañana. Pero lo que realmente le hizo famoso en todo el mundo fue su intervención como comentarista para la CBS en las misiones Apolo 11, 12 y 15.

Clarke escribe con lucidez, a veces en un tono frío pero siempre evocador, y ha producido algunas de las imágenes más memorables de toda la literatura de ciencia-ficción. Es comúnmente considerado como una figura relevante en el desarrollo de este género, especialmente por su visión optimista de la tecnología y por su visión del género humano como un niño al que antiguos habitantes del universo, sabios y arcanos, tratan como un padre generoso.

Este tema del encuentro con unos seres superiores y su influencia en nuestro proceso evolutivo, tan importante después en 2001 de Kubrick, se plasmaron en el relato Encounter in the dawn (1953), que narra el contacto entre una civilización extraterrestre muy desarrollada y otra, la nuestra, en los albores de su camino intelectivo. Previamente, el cuento The guardian angel (1950) había narrado también la llegada de visitantes extraterrestres -siempre más inteligentes que nosotros- para auxiliarnos en nuestro desarrollo, sugiriendo que su tutela sería siempre más provechosa que la mera “evolución natural”.

Otro tema que preocupa enormemente a Clarke es el futuro de la estirpe humana: de alguna forma, el destino final de ese proceso evolutivo que tanto le obsesiona. Para el escritor británico está claro que una humanidad super-tecnificada no será mejor que la actual si en aquella no se produce también un desarrollo filosófico, moral y espiritual. De ahí la intuición, desarrollada en The nine billion names of God (1967), de que la ciencia no es más que un instrumento para el desarrollo humano, y que debe haber -por encima de ella- una inteligencia superior en un plano absolutamente espiritual. Clarke no se atrevió a llamarle Dios, pero indudablemente ese era su pensamiento.

La alianza Clarke-Kubrick

Stanley Kubrick sintonizaba bastante con la visión filosófico-futurista de Clarke y con los temas planteados en sus relatos. Además, hacía tiempo que le rondaba por la cabeza la idea de hacer una película de ciencia-ficción que plasmara en imágenes la relación entre el hombre y una inteligencia más desarrollada. Por eso, cuando leyó The sentinel a principios de los sesenta, se sintió inmediatamente atraído por el relato y empezó a pensar en cómo podría verse ese cuento en la gran pantalla.

En ese momento, recién estrenada ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú (1964), inició los trámites para adquirir los derechos sobre el cuento. Convenció a la Metro-Goldwyn-Mayer para que financiase el proyecto, y en la primavera de 1964 contactó con Arthur C. Clarke para proponerle la colaboración conjunta en un proyecto cinematográfico. Se trataba de escribir una nueva historia, partiendo de The sentinel, pero mucho más larga y ambiciosa: según entendió el escritor, “lo que Stanley me proponía era realizar la película de ciencia-ficción proverbial, definitiva”.

La primera cita entre ambos tuvo lugar en Londres el 22 de abril de 1964. Hasta allá se desplazó el novelista, que vivía retirado en Sry-Lanka. Según la propuesta de Kubrick, escribirían juntos el nuevo guión y el novelista podría redactar después la novela para venderla simultáneamente a la película. Tras varias entrevistas, el acuerdo de cooperación fue firmado el 18 de mayo de ese mismo año.

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