El acorazado Potemkin (1925) // Sergei M. Eisenstein

· La descarga de fusilería en la escalera pasó a ser la secuencia central de la película, y supuso un enorme esfuerzo de organización para reclutar extras, organizar los movimientos de los figurantes y situar adecuadamente las cámaras.

Parte II: El rodaje

La filmación empezó a principios de julio de 1925 en los alrededores de Moscú. A finales de julio, el equipo se trasladó a Leningrado y luego a Krondstadt, donde rodó los planos de los navíos en movimiento, y alcanzó a la flota de guerra en alta mar. Pero enseguida el tiempo empeoró y se volvió intratable. El trabajo empezó a retrasarse. A sugerencia del director de producción, que les garantizó que habría sol allí abajo, Eisenstein y sus colaboradores llegaron al mar Negro. Los primeros planos rodados en Odessa pertenecían todavía al proyecto de El año 1905.

Cambiando la historia sobre la marcha

El tiempo corría. La fecha fatídica del 20 de diciembre se acercaba. Así, durante la primera quincena de septiembre, Eisenstein lleva a cabo una profunda reflexión sobre lo que está queriendo hacer y sobre lo que las circunstancias le permiten. El guion es imposible de filmar, pero entonces, ¿qué salida cabe?

Mientras pasea por los muelles de Odessa, se topa con la fantástica escalinata, de amplios y espinados escalones, guarnecidos por una sólida balaustrada. Empieza a ascender los peldaños y, de repente, se detiene un instante. Por un momento, su cara se ilumina: una imagen ha cruzado su mente y, en breves instantes, una nueva historia se ha gestado en su cabeza. Aquella imagen, dirá años después, fue «el recuerdo de una ilustración que vi en una revista del año 1905, en la que un jinete, en una escalera envuelta en humo, golpea con su espada a diestro y siniestro».

Eisenstein cree haber hallado la solución. Reúne a su equipo y les anuncia una decisión sorprendente: piensa renunciar al vasto fresco que estaba preparando para centrarse en uno solo de todos los episodios narrados en el guion: el de la sublevación del Potemkin, en el que veía la parte que da cuenta del todo (una «sinécdoque visual», como repetiría después en muchísimas ocasiones: «Este episodio abarca una extrema diversidad de materiales y simboliza casi todas las fuerzas activas del año 1905»). La película cambió de título.

La escalinata de Odessa

En pocos días, y de nuevo con la ayuda de Nina Agadzhanova-Chutko, Eisenstein escribe un nuevo guion técnico, que será rehecho en numerosas ocasiones durante el rodaje. El guion de El año 1905 preveía la realización de 761 planos, el nuevo se ceñía a tan solo 42 secuencias. Sin embargo, casi todo estaba ya previsto -al menos, de modo implícito- en el guion original. Como señala Skolvski, «ahí se encuentran algunos fulgores de la película futura. Ya se mencionan los planos de la carne podrida y los gusanos vistos a través de los quevedos del oficial médico. Está la muerte de Vakulinchuk, la bandera roja, el aliento de la población avanzando en barcas hacia el navío insurgente (…). Algunos puntos son muy precisos. El paso del navío a través de la escuadra está ya muy elaborado». Con todo, se incorporan ahora dos escenas absolutamente fundamentales: el intento de fusilamiento bajo la lona, y la descarga de fusilería en la escalera.

El operador Eduard Tissé (que ya había trabajado como fotógrafo con Eisenstein en La huelga) llegó hacia el 20 de septiembre para relevar al anterior operador jefe, Alexandre Levitski. La descarga de fusilería en la escalera pasó a ser la secuencia central de la película, y supuso un enorme esfuerzo de organización para reclutar extras, organizar los movimientos de los figurantes y situar adecuadamente las cámaras. Se rodó en ocho días (del 22 al 29 de septiembre), y en aquellas jornadas el joven Sergei volvió a demostrar su talento para movilizar a las masas.

Así lo recordaría en sus anotaciones de rodaje: «La muchedumbre desciende precipitadamente la escalera; más de dos mil pies corren. La primera vez lo hicieron muy bien; la segunda, con menos energía; la tercera, se movieron con demasiada lentitud. De repente, desde un lugar elevado, ahogando el ruido de las botas y las abarcas, llega la voz del director a través del megáfono: ‘¡Un poco más de brío, camarada Prokopenko!’ (era el nombre de un extra que había preguntado al ayudante de dirección). La muchedumbre siente un nuevo ímpetu de energía y corre con mayores ánimos, cada uno convencido de que los ojos del director están fijos en él».

Filmando contra el reloj

La secuencia de la procesión fúnebre ante los restos mortales de Vakulinchuk, que requería cientos de figurantes, se terminó en una sola mañana. Y el pasaje denominado «lamento de la niebla», una de las más bellas imágenes de la cinta, se filmó enteramente por casualidad. Fue improvisado por Eisenstein en el momento del montaje, a partir de unos planos filmados por Tissé, una mañana que estaba desocupado porque el tiempo brumoso paralizó el rodaje.

El 22 de octubre, el equipo estaba en Sebastopol, donde se debían realizar todos los episodios propiamente marítimos, que iban a requerir un mes. Para empezar, el «vuelo de los yaliks», los pequeños veleros que suministran víveres y animan al Potemkin. Luego, en el crucero Komintern, el episodio de la carne podrida, todas las escenas de máquinas y, en general, todos los planos que exigían la navegación real de un buque en alta mar. En 1925 el verdadero Potemkin ya no existía. Su hermano gemelo, Los Doce Apóstoles, estaba anclado en una ensenada de la bahía de Sebastopol, pero desarbolado, desmontado y transformado en pontón y depósito de minas. Eisenstein hizo que se reconstruyera su sobrestructura y sus cañones -¡de madera contrachapada!- y lo hizo girar con el fin de situarlo en perpendicular a la orilla, lo que favorecería la impresión de una gran amplitud.

En sus memorias, Eisenstein repartiría el mérito entre sus ayudantes: «Los Doce Apóstoles había sido convertido en un descargadero de minas. Por eso estaba tan firmemente anclado. A las minas no les gustan las sacudidas ni los choques… Con lo que el barco de guerra estaba inmóvil, atracado paralelo a la costa rocosa. Pero el drama en la cubierta de popa había ocurrido en alta mar. Era imposible tomar ninguna escena desde una de las bordas o tajamar sin que salieran los muelles de la costa. Pero el ojo perspicaz de Liosha Kriukov, uno de mis colaboradores, que había descubierto el viejo crucero en la bahía, encontró la manera de vencer la dificultad. Moviéndolo 90 grados, el imponente casco de la nave fue colocado perpendicular a la costa, y así su proa quedaba frente a los muelles y la silueta del buque se recortaba sobre el fondo del claro cielo. El efecto así obtenido era el de un buque de guerra en alta mar».

Una maqueta proporcionó más tarde los planos de conjunto. Situándonos en la época -1925- resulta desde luego sorprendente que ese truco no se note. A ello contribuyó tanto la pericia del artista como la fuerza irresistible del montaje.

Con las secuencias del barco, se terminaba por fin el rodaje.

El acorazado Potemkin (1925) // Sergei M. Eisenstein (parte I)