Casablanca (1942) // Michael Curtiz

· Casablanca, de Michael Curtiz | La sorpresa saltó con el Oscar al mejor director, que fue pa­ra Michael Curtiz. El director no espera­ba esta distinción y no tenía ningún discurso preparado.

Casablanca, de Michael Curtiz | Parte IX: Preestrenos y lanzamientos

Se hicieron dos preestrenos en los alrededores de Los Angeles: uno en Pasadena y otro en Huntington Park, y en ambos la audiencia se entusiasmó con la his­toria. Algunos sugerían que el final no era claro, pues Rick y el capitán Renault se enfrentaban a un arres­to seguro en cuanto regresaran a Casablanca.

Preocupado por esto, Hal Wallis pensó un nuevo fi­nal: un grupo armado de patriotas franceses llega­ba de improviso al aeropuerto y rescataba de los na­zis a la pareja de cínicos, ganándolos así para la re­sistencia. Con esta idea en mente, el 11 de noviembre envió una nota a su Jefe de Producción ordenando los preparativos para dos noches extras de ro­daje: había que conseguir a Humphrey y a Rains, cincuenta o sesenta extras y otra vez las máquinas de humo.

Afortunadamente para el cine, la noticia llegó a oídos de David O’Selznick, que había visto el filme. Aquel final, con Renault exclamando a los soldados ale­manes: «¡El Mayor Strasser ha sido asesinado! (In­ter­cambio de miradas con Rick) ¡Busquen a los sos­pe­chosos!», era algo sencillamente sublime. No ha­cía falta nada más. Por otra parte, esa última fra­se de diálogo, añadida por Wallis durante el mon­ta­je («Pre­siento que es éste el comienzo de una her­mosa amis­tad»), cerraba definitivamente la pelí­cu­la. Era de tontos estropear tan brillante desenla­ce.
La carta de Selznick llegó justo a tiempo para evi­tar el nuevo rodaje. Hal se convenció de que to­do estaba perfecto, y dio por terminado el filme.

«Todo el mundo va a Rick’s…»

La fecha del estreno estaba prevista para junio de 1943. Pero en no­viembre de 1942 los aliados desembarcaron en el Nor­te de Africa y llegaron a Casablanca. Wallis com­prendió que la ocasión era inmejorable, y organizó una impresionante gala apadrinada por «Fran­ce Forever» y «Fighting French Relief Comittee», en el New York’s Hollywood Theatre. Allí tuvo lugar la pre­mière mundial de Casablanca. Poco después, en el Día de Acción de Gracias, la película recibía olea­das de americanos que hacían horas de cola para asis­tir al estreno. Como Renault vaticinaba en el fil­me, todo el mundo quería ir al Café Rick.

Mes y medio después, el 23 de enero de 1943, fue el lanzamiento general de la película. Wallis no ha­bía escogido la fecha al azar: en esos días tenía lu­gar, precisamente en Casablanca, la Conferencia de Roo­sevelt, Churchill y Stalin para decidir el fin de la guerra; y la feliz coincidencia, junto al ambiente eufó­rico por los avances aliados, contribuyó decididamente al éxito comercial de la cinta. Solo en el pri­mer año recaudó cerca de cuatro millones de dóla­res.

Luego vino el éxito de los Oscar, un éxito que ni los propios jefazos de la Warner esperaban. Había si­do un año de buenas películas (La canción de Bernardette, Por quién doblan las campanas, El diablo di­jo no) y Casablanca no estaba ni mucho menos en­tre las favoritas. Sin embargo, logró ocho nominaciones de las más codiciadas. Las dos de interpre­ta­ción (mejor actor para Bogart; mejor secundario pa­ra Rains) se perdieron por muy poco. Otras más téc­nicas (Fotografía, Montaje y Banda Sonora) se da­ban por perdidas de antemano y nadie lo sintió. Pe­ro a partir de ahí todo fueron sorpresas.

Contra todo pronóstico, Casablanca ganó el Oscar al mejor guion. Los Epstein y Howard Koch salieron radiantes a por la estatuilla, mientras otros cua­tro guionistas permanecían en el olvido. Atrás que­daba una historia mil veces escrita y reto­ca­da que había logrado al fin una forma casi perfec­ta.

El mejor filme jamás realizado

La segunda sorpresa saltó con el Oscar al mejor director, que fue pa­ra Michael Curtiz. El director húngaro no espera­ba esta distinción y no tenía ningún discurso preparado. Con su pésimo inglés, improvisó unas pa­labras para recordar, emocionado, las veces en que había soñado con ese galardón. Siempre tuvo unas palabras a punto, menos cuando de verdad le ha­cían falta.

Aquella noche, cuando se proclamó el galardón más importante, Wallis vio recompensados todos sus esfuerzos. Cada mención a la película había sido un reconocimiento a su fe, un premio a su constancia. Pero aún faltaba lo mejor: Casablanca, aquel pro­yecto en el que solo él había creído, se llevó el Os­car al mejor filme. No hubo, sin embargo, recompensa para él: porque ese Oscar -que tradicionalmente recoge el productor- fue entregado a Jack L. Warner como Jefe del Estudio. Y mientras Jack se lle­vaba el premio y los aplausos, Hal permanecía en su sillón, con los ojos llenos de lágrimas. Le queda­ba, al menos, la esperanza.

Y, en efecto, Casablanca fue una gran esperanza, por­que el público no se cansó nunca de aplaudirla. En 1977, TV Guide la señalaba como «la cinta más po­pular y la más frecuentemente proyectada». Poco des­pués, el American Film Institute la escogía como la tercera película de la historia, tras Lo que el vien­to se llevó y Ciudadano Kane. Y en 1983, el British Film Institute la escogía como «el mejor filme jamás rea­lizado».

Como Wallis había escrito, Casablanca fue «el prin­cipio de una hermosa amistad»: una amistad en­tre la película y su público. Aún ahora, a los 77 años de su estreno, sigue fascinando a millones de es­pectadores. Hay una magia extraña en este filme: una magia que envuelve los decorados, la música, la fotografía, y que emerge de una historia ciertamente inmortal: la historia de amor entre Rick e Il­sa sobre la que «el tiempo… no pasará».

Casablanca (1942) // Michael Curtiz (parte I)

Casablanca (1942) // Michael Curtiz (parte II)

Casablamca (1942) // Michael Curtiz (parte III)

Casablamca (1942) // Michael Curtiz (parte IV)

Casablamca (1942) // Michael Curtiz (parte V)

Casablamca (1942) // Michael Curtiz (parte VI)

Casablamca (1942) // Michael Curtiz (parte VII)

Casablamca (1942) // Michael Curtiz (parte VIII)