· Ese guión tan ingenioso era la obra primeriza de un joven de 27 años, recién salido de la UCLA, que se llamaba David S. Ward.

Parte I: Orígenes del guión

Tras el éxito de Dos hombres y un destino (1969), Paul Newman y Robert Redford se habían convertido en dos actores de gran popularidad. El primero llevaba a sus espaldas una carrera de veinte años, mientras que el segundo estaba despuntando. La combinación de ambos talentos, unida a la química intrínseca de sus interpretaciones, convirtieron aquella película sobre los forajidos Butch Cassidy y Sundance Kid en una de las más recordadas de los sesenta.

Tres años más tarde, sin embargo, la situación de los dos actores había cambiado y sus respectivas carreras habían invertido su trayectoria. En 1972 Newman se encontraba en el dique seco tras encadenar una serie de fracasos, mientras que Redford estaba claramente en alza: había trabajado en tres películas de éxito (Un diamante al rojo vivo, El candidato y Las aventuras de Jeremiah Jonson, las tres de 1972) y aguardaba el estreno de otra cinta que sería un sonado triunfo: Tal como éramos (1973).

En esa circunstancia, la invitación cursada a los dos actores para reunirse de nuevo en un filme fue en parte una sorpresa y en parte una cita esperada. En todo caso fue recibida con mucho entusiasmo, sobre todo porque la iniciativa había partido de George Roy Hill, el director que había sacado lo mejor de ambos intérpretes en la mítica cinta de los sesenta.

De ladrones y hombres

Todo comenzó cuando, a mediados de 1972, llegó a manos de Roy Hill un guión titulado El golpe. Era brillante, lleno de engaños y situaciones sorprendentes desde la primera secuencia hasta la última.

La historia está ambientada en Jolliet (Illinois) en septiembre de 1936. La acción arranca con el pequeño timo que Johnny Hooker (Redford en el filme) y el veterano Luther Coleman llevan a cabo una mañana, al desplumar a un elegante corredor de apuestas. Cuando descubren que en su cartera hay mucho más dinero del que pensaban, Coleman decide abandonar el oficio de timador, pero esa misma noche es asesinado por dos hombres de Doyle Lonnegan, el jefe de la mafia a quien han robado sin saberlo. Hooker se ve obligado a huir de Illinois, perseguido por Lonnegan y por el corrupto policía Snyder. Recala en Chicago, y allí localiza a Henry Gondorff (Paul Newman), un amigo de Coleman que le ha sido descrito como “el más grande artista del negocio”. Dispuesto a vengar la muerte de su socio y maestro, Hooker convence a Gondorff para timar a Lonnegan. Para ello organizan una provocación (una partida de póker en la que Gondorff gana con cartas trucadas) y dejan en evidencia al mafioso, pues una amiga de ambos ha robado la cartera con la que Lonnegan debía pagar las deudas del juego. Habiendo picado el anzuelo, el jefe de la mafia entra fácilmente en el gran timo de un falso local de apuestas, del que finalmente salen engañados el propio Lonnegan, el policía corrupto Snyder y también todos los espectadores.

Roy Hill se quedó estupefacto. Al interesarse por quién había escrito aquello se llevó una nueva sorpresa, porque ese guión tan ingenioso era la obra primeriza de un joven de 27 años, recién salido de la UCLA, que se llamaba David S. Ward. Desgraciadamente, poco más consiguió hacer este guionista con un talento tan prometedor. Tras diez años de silencio escribió y dirigió Destinos sin rumbo (1982), a partir de una novela de John Steinbeck. Un año más tarde elaboró el guión de El golpe II (1983), que era apenas un remedo de su primera obra. Tras un nuevo silencio fue rescatado por Robert Redford para que escribiera Un lugar llamado milagro (1988). Y prácticamente ahí se acabó todo. Ciertamente fue uno de esos casos de “escritores prodigio” que apenas volvían a hacer algo tras una primera obra brillante.

El golpe (1973) // George Roy Hill (parte II)

El golpe (1973) // George Roy Hill (parte III)

El golpe (1973) // George Roy Hill (parte IV)