· El manuscrito de Hammett, publicado en septiembre de 1930, se convierte en un éxito sin precedentes y va a servir de pauta para continuadores del género.

Parte I: Orígenes literarios de la trama

Esta película mítica, de bella fotografía e interpretación modélica, se ha convertido en un filme de culto para los amantes del thriller policíaco, y ha llegado a ser -por muchos motivos- todo un clásico del Séptimo Arte. En primer lugar, por ser la primera película de John Huston, la que le permitió una gran libertad creativa en sus proyectos futuros y le convirtió en uno de los más afamados directores de la Warner; después, por ser la cinta que mitificó a Humphrey Bogart lanzándole al estrellato de Hollywood; y en tercer lugar, y sobre todo, por ser la película que consagró al personaje de Sam Spade y abrió las puertas a todo el cine negro. Este género, que daba un giro de 180 grados al consagrado cine de policías y detectives, pasaría a ser uno de los clásicos de la filmografía norteamericana, y se apoyaría en una novelística muy particular, con nombres tan destacados como el de Dashiell Hammet.

Hammett: la revolución de la “novela negra”

A principios de los años veinte comenzó a fraguarse en Estados Unidos una revolución en lo que hasta entonces se llamaba “novela de detectives”. Hasta esa época, el género había seguido los cánones trazados por Edgar Allan Poe, que fue su creador en 1841 al publicar Los asesinatos de la rue Morgue, la primera novela del género policial. A ésta siguieron El misterio de Marie Rôget y La carta robada, y en ellas sentaría las bases de este peculiar relato y definiría al personaje Dupin, detective que resuelve los casos mediante la lógica deductiva y que será modelo para futuros detectives de la literatura: el Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle, el padre Brown de G. K. Chesterton, o el Hércules Poirot de Agatha Christie.

Ante este panorama, fueron algunas publicaciones pulp (baratas, impresas en papel deficiente) como Black Mask, fundada en 1920 por el exquisito Henry Louis Mencken, las encargadas de dar acogida a un nuevo tipo de relato policíaco. Para empezar, los narradores de lo que se llamó estilo hard boiled (literalmente “duro cocido”, en el sentido que se le da al huevo cocido durante más de quince minutos) rechazaban los interiores más o menos elegantes en los que ocurrían y se resolvían los delitos posvictorianos para salir directamente a la calle, a un entorno urbano corrupto y realista. El crimen ya no era un problema intelectual que debía resolverse mediante una impecable construcción lógica, sino un fenómeno cotidiano, existencial y social, más o menos misterioso y absolutamente coherente con el entorno en que se producía. El detective estaba a la altura del escenario: era violento, de escasos recursos económicos y desencantado de toda relación sentimental. Tenía una concepción bastante cínica de los caminos por los que se obtenía la riqueza, el prestigio social y la autoridad, no le gustaba mucho hablar y, cuando lo hacía, emitía frases lacónicas y tremendamente hirientes que expresaban una concepción de la vida forjada en la calle. Los nuevos sabuesos, Sam Spade, Ned Beaumont y el innominado agente de la Continental, todos ellos inolvidables creaciones de Hammett, se corresponden con ligeras variantes con ese modelo.

Y es que, en efecto, Samuel Dashiell Hammett fue el primer gran maestro del hard boiled. Nacido en St. Mary, Maryland, en 1894, tuvo oportunidad de conocer el submundo del crimen y de la investigación policial cuando en 1915 fue contratado por la famosa agencia de detectives Pinkerton. En los años siguientes compagina ese trabajo con la redacción de eslóganes y textos publicitarios, algo que contribuirá a forjar su peculiar estilo narrativo. En 1922, la revista The Smart publica su primer relato de detectives y logra cierto reconocimiento como escritor. En 1923, la publicación Black Mask edita el primero de los relatos de El agente de la Continental, con un personaje duro e innombrado, en los que queda perfectamente definido el género hard boiled. Tras esta serie, la revista publica otros relatos seriados, también protagonizados por el mismo agente, que darán lugar a sus primeras novelas policíacas: Cosecha roja (1929) y La maldición de los Dain (1930). Para entonces tiene ya terminado el relato que le hará definitivamente famoso: El halcón maltés, que verá la luz en Black Mask en cinco partes, entre septiembre de 1929 y enero de 1930, y en el que da vida a su segundo alter ego: Sam Spade.

Éxito de la novela

El manuscrito de Hammett, publicado en septiembre de 1930, se convierte en un éxito sin precedentes y va a servir de pauta para continuadores del género. Con un tono cínico y carente de todo sentimiento, su estilo narrativo se asemeja notablemente al de los relatos periodísticos. Nos parece estar siguiendo la noticia de un crimen en primera página. La narración sigue un ritmo enérgico, rápido y hasta atolondrado. Y la voz del narrador suena estoica y sin emoción alguna, porque evita deliberadamente cualquier juicio moral acerca de los horribles asesinatos que describe. El halcón maltés supone, por tanto, la consolidación de un género a través de un tono y un estilo narrativos, aunque también establece el marco del hard boiled: los escenarios van a ser los suburbios de las grandes ciudades, preferentemente bien avanzada la noche. Y aunque la historia se integre en un universo esencialmente amoral, el protagonista -casi siempre un investigador privado- fundamentará su ética en un código profesional vago y hasta ambiguo, pero fírmemente asumido. Después de esta novela, Hammet publica dos obras más: La llave de cristal (1931), en la que da vida al personaje de Ned Beaumont, y El hombre delgado (1934), que sería su última novela. Después de ella, y cuando todo el mundo parecía en sus manos, de forma inexplicable se quedó literariamente mudo, cerrando una brillante carrera como escritor que sólo había durado doce años. No volvería a escribir nunca más, salvo algún relato breve. En 1935 se va a Hollywood, después se alista como voluntario en la II Guerra Mundial, y en 1951 pasa seis meses en la cárcel por negarse a declarar ante el Comité de Actividades Antinorteamericanas. Mientras tanto, los actores William Powell y Mirna Loy se dedicaban a interpretar a Nick y Nora Charles, la pareja protagonista de su último libro (El hombre delgado), en una serie de secuelas cinematográficas que le proporcionaron suficiente dinero como para vivir muy holgadamente. Con todo, la adaptación cinematográfica que pasaría a la historia del Séptimo Arte sería El halcón maltés, de John Huston (1941), cuyo Sam Spade quedaría convertido para siempre en Humphrey Bogart. Paradójicamente, en el cásting inicial, ese papel estaba previsto para otro actor…

El halcón maltés (1941) // John Huston (parte II)

El halcón maltés (1941) // John Huston (parte III)

El halcón maltés (1941) // John Huston (parte IV)

El halcón maltés (1941) // John Huston (parte V)