· En busca del arca perdida | Harrison Ford ha­bía sido contratado muy a última hora, pero a pesar de las prisas aún había tenido tiempo de estudiar con George Lucas y Steven Spielberg la construcción de su personaje.

En busca del arca perdida, de Steven Spielberg | Parte 3: Peripecias en el rodaje

Para el papel de Marion, la fiel compañera del protagonista, se hicieron pruebas a Amy Irving, que en 1985 se convirtió en la señora Spielberg; también se probó a Debra Winger, que un año más tarde sí trabajaría en otra cinta de Steven, E.T. (1982), y también a Sean Young, entonces una desconocida, que al poco tiempo irrumpiría en el mundo del cine con su brillante interpretación de la replicante Rachel en Blade runner (1982). Ninguna de ellas dio el tono deseado a este personaje, al que finalmente dio vida Karen Allen, una actriz treintañera que se había dado a conocer en Manhattan (1979), de Woody Allen.

Por su parte, el papel del oscuro Sallah, marcado por su gordura, iba a ser en principio para Danny De Vito, pero problemas de agenda se lo impidieron y lo acabó haciendo John Rhys-Davies, que tenía entonces cierta fama por sus papeles cáusticos en diversas adaptaciones televisivas de obras de Shakespeare. En cuanto al personaje de Belloq, el rival de Indy en la búsqueda del arca, Spielberg pensó en Giancarlo Gianinni, pero tras probarle en algunas escenas clave se decantó por Paul Freeman, que acababa de terminar Los perros de la guerra (1980), de John Ir­ving, y estaba disponible. Finalmente, hay una anécdota curiosa en el casting de esta película, pues dos papeles fueron interpretados por el mismo actor: Barranca, el guía peruano que planea disparar a Indy al principio de la película, y el Hombre Mono (el propietario del mono en El Cairo) comparten un mismo rostro: el de Vic Tablian.

Reticencia de las productoras

Podría pensarse que un proyecto cinematográfico respaldado por dos cineastas del talento de George Lucas y Steven Spielberg sería altamente codiciado por los estudios y que muchos se disputarían hacerse con él. Pero no fue así. La razón estaba en los elevados porcentajes sobre la taquilla que ambos demandaban, lo que dejaba escaso margen de beneficio para el estudio: sólo un bombazo en las salas de exhibición podría garantizar un mínimo de rentabilidad, y eso no siempre se conseguía. Incluso genios como Spielberg podían darse un batacazo eco­nó­mico, como había pasado con la aún reciente 1941.

Tras largas negociaciones, al fin la Paramount aceptó producir la pe­lícula. Pero para dar el sí definitivo, el jefe de producción Michael Eis­ner estableció unas férreas condiciones a los dos cineastas. En primer lugar, y una vez que el departamento financiero -a la vista del guión presentado- evaluó el presupuesto de la cinta en 22 millones de dólares, Eisner les dijo que tenían que producirla en no más de 20 millones. Y en segundo lugar señaló unas penalizaciones muy duras en el caso de que se excedieran de ese presupuesto o de los 87 días de filmación que se habían previsto. El equipo Lucasberger (así apodado por los técnicos de la compañía, con esa libre fusión de los dos apellidos) aceptó inmediatamente la propuesta, pues con antelación a aquella entrevista ha­bían elaborado un intenso calendario de rodaje que les permitiera hacer la película con un presupuesto inferior a esa cantidad y en tan solo 73 días.

El 15 de mayo de 1980, es decir, seis días antes del estreno en Esta­dos Unidos de El imperio contraataca, se inició en los estudios Elstree de Londres el rodaje de En busca del arca perdida. Harrison Ford ha­bía sido contratado muy a última hora, pero a pesar de las prisas aún había tenido tiempo de estudiar con George Lucas y Steven Spielberg la construcción de su personaje: «Tenía necesidad de saber algo del periodo histórico, los años treinta, en que transcurre la película. También, y por primera vez en mi vida, me interesé por la arqueología y por los conocimientos que de esa ciencia se tenían entonces». En los días previos al inicio del rodaje, y en las diez horas que duró su vuelo a las islas británicas, Ford reescribió a toda prisa los diálogos de Indy, lo que a la postre se tradujo en una mayor ironía y credibilidad en todas sus intervenciones.

Filmando entre serpientes

En Londres, donde Lucas había rodado las dos primeras películas ga­lácticas, se filmaron las escenas del pozo de las almas, con todas las serpientes acumuladas en el mínimo espacio posible para acrecentar su impresión sobre el público. Más de seis mil fueron importadas desde Holanda, tras una rigurosa inspección para comprobar que no podían inocular veneno. Además se trajeron dos cobras para algunos primeros planos, pero se tomaron las lógicas precauciones. Así, en la escena en que Indiana Jones se cae al pozo de almas y se encuentra cara a cara con una cobra, se nota el reflejo de un cristal que el equipo de producción había puesto en medio para la seguridad del actor.

Quien sí lo pasó mal en esas escenas fue Karen Allen. El pánico la dominaba a pesar de todas las medidas que se tomaron, y en esa situación era incapaz de articular ningún sonido, ningún grito. Para hacerla reaccionar Spielberg tuvo que recurrir a distintas estratagemas. Así, en la escena donde Indy y Marion pasan a través de miles de serpientes, se puso en una pasarela que cruzaba el set por arriba y arrojó una serpiente sobre la espalda de Karen, consiguiendo su reacción de angustia y su ansiado grito. En la toma puede verse como ella mira instintivamente hacia arriba.

Harrison Ford, en cambio, parecía pasarlo estupendamente. Le divertía aquella situación, y durante todo el rodaje se paseó muchas veces por el plató de las serpientes. En aquellos días no fue mordido por ninguna de ellas, pero curiosamente una vez terminada la película el actor sufrió la mordedura de una serpiente en el jardín de su casa.

Un rodaje accidentado

Después de Londres, el rodaje de exteriores llevó la producción a diversos parajes. En La Rochelle, Francia, se filmó la secuencia de los submarinos aprovechando una antigua base que habían utilizado los alemanes durante la II Guerra Mundial. Allí se empleó también una maqueta de un sumergible que había sido creada para El submarino (1981) y que nunca llegó a utilizarse. Esa película se rodaba por aquellas fechas y se estrenó casi al mismo tiempo que la cinta de Spielberg.

Poco después la producción se trasladó a África. Y allí se rodó una de las secuencias más memorables de la cinta que, no obstante, fue improvisada sobre la marcha. La escena en la que Indy mata de un disparo al tuareg que hace malabarismos con el sable (escena que en el guión inicial transcurría en Honk Kong) era en principio una lucha de destrezas entre sable y látigo. Antes de que fueran a rodarla a Ford se le ocurrió una idea genial. Movido tal vez por el cansancio, o tal vez por la fuerte diarrea que padecía todo el equipo (que dificultaba el rodaje de escenas demasiado largas), sugirió el gag de resolver la escena con un disparo. A Spielberg le gustó y se terminó el rodaje antes de lo previsto.

En busca del arca perdida (1981) // Steven Spielberg (parte 1)

En busca del arca perdida (1981) // Steven Spielberg (parte 2)