En busca del arca perdida (1981) // Steven Spielberg

· En busca del arca perdida | Spielberg y Lucas pensaban que el actor elegido debía rebosar carisma y, a la vez, encajar en el género de aventuras.

En busca del arca perdida, de Steven Spielberg | Parte II: Reescritura y búsqueda de actores

En las revisiones de Lucas y Spielberg se cambiaron bastantes escenas del guion de Kasdan. Algunas se añadieron por coherencia narrativa, como en la secuencia de la huida del templo cuando vemos al piloto amigo de Indy pescando: esa escena no aparecía en el guion original, pero se requería para justificar la repentina aparición del piloto en el aeroplano, y los dos amigos decidieron incluirla en la primera revisión. Otras escenas fueron eliminadas para agilizar la trama. Así, cuando Jones entra al templo y elude todas las trampas, había un breve pasaje en que Satipo e Indy tiraban una piedra al foso para saber la profundidad, justo antes de saltar al vacío con el látigo: la escena se cortó por innecesaria y por ralentizar el ritmo de la trama. Más importante aún fue la supresión de la escena que transcurre en el local de Marion. En el guion tiene lugar el encuentro entre nuestro héroe y su antigua novia; se besan y se relata la historia de la muerte del padre de Marion (muere aplastado en una excavación), y la posterior evolución de la joven hasta llegar al momento actual. Esta escena fue sustancialmente reducida por distraer de la línea principal de acción.

Otras escenas serían modificadas respecto a su planteamiento inicial. En la secuencia que comentábamos, la del encuentro de Indiana con Ma­rion, ella demuestra su aguante a la bebida en una apuesta en su local, pero en el borrador de Kasdan no era así, sino que se la veía poniendo paz en una pelea entre sus parroquianos. La transformación de la escena (que tiene su punto de ironía: sorprende que una mujer joven resista al alcohol más que un curtido leñador) se debió a la inclusión de otra escena en el argumento; más adelante, cuando está prisionera en el desierto, Ma­rion se ve obligada a emborrachar a Belloq para poder escapar. La secuencia de la apuesta facilitaba que el espectador anticipase el resultado de esta segunda escena.

Donde más modificaciones hubo fue en la presentación de la historia. Así, en la secuencia de la Universidad se alteró por completo el escenario. En la película Indy está dando su clase en un aula, con decenas de alumnas que suspiran por él, cuando entra su amigo Marcus Brody y le lleva a la biblioteca para hablarle del Arca. En el guion de Kasdan, Indy y Brody hablaban en un despacho y dos alumnas se asomaban por el cristal para ver a su profesor; pero esto suponía interferir la idea del profesor admirado por sus alumnas con la subtrama arqueológica, y se pensó que sería me­jor separarlas en dos escenas distintas. En esa misma línea, cuando Brody llega a la casa de Indy, se encuentra en el salón contiguo a una rubia al estilo «Harlow», lo cual daba un toque Hammet, de cine negro, a la secuencia; pero se pensó que eso diluía un tanto el carácter del personaje, y se eliminó esta escena y en su lugar se introdujo el recuerdo de su antigua novia Marion, lo cual permite conectar narrativamente este pasaje con la inmediata secuencia de su encuentro en Siberia.

Otros cambios serían meramente funcionales. El ritual de la apertura del Arca, inicialmente previsto dentro de una cueva, se realizó finalmente en el exterior para así permitir que la fuerza de Dios subiera a los cielos con mayor claridad y dramatismo.

Finalmente, la elipsis que explica el viaje de Indy mediante una línea de recorrido en los mapas fue insertado posteriormente, ya que en un principio no estaba previsto (por cierto, que en el recorrido por el mapa podemos leer los países Irán e Irak, pero en 1936, fecha en la que está ambientada la película, ambos países eran uno y se llamaba Persia). Lo que sí había en un principio en esta parte de la trama era una larga secuencia que narraba las peripecias del héroe en Hong Kong, donde debía hacerse con el cabezal del bastón de Rá -necesario para localizar el Arca-, y para conseguirlo tenía que luchar primero contra un samurái armado con un sable, y huir después escondido tras un inmenso gong mientras es tiroteado. Este pasaje resultaba demasiado largo e introducía unos escenarios que nada tenían que ver con la secuencia inicial en África ni con la parte que vendría después en El Cairo. Así que fue eliminada totalmente del rodaje, aunque la idea de la lucha con el samurái se reutilizó después en una pelea contra un árabe que maneja con destreza un impresionante alfanje. Por otra parte, el ambiente oriental, el exotismo de Honk Kong y la escena del gong serían utilizadas en la segunda película de la saga: In­diana Jones y el templo maldito.

Con el guion ya perfilado empezaba la difícil tarea de ponerle cara a los personajes. Y entre todos ellos, la pieza absolutamente clave pasó a ser encontrar al verdadero Doctor Jones.

En busca del actor perdido

Spielberg y Lucas pensaban que el actor elegido debía rebosar carisma y, a la vez, encajar en el género de aventuras. Debía ser una mezcla del Errol Flynn romántico y cínico que vemos en El burlador de Castilla (1948), reinvención espadachina del mito donjuanesco, y el Humphrey Bogart malvado y eficaz, duro y con barba de tres días, que protagoniza la búsqueda de El tesoro de Sierra Madre (también de 1948). Semejante cóctel no estaba al alcance de ningún actor conocido, o al menos eso pensaron ellos, y además no querían dar al rostro de Indy una cara demasiado famosa. Así que durante seis meses se organizaron castings en diversas ciudades para dar con la posible nueva estrella de Hollywood.

Fracaso tras fracaso, y acuciados por el cercano comienzo del rodaje, ofrecieron al jovial e irónico Tom Selleck que encarnase el papel de In­diana Jones. Selleck hizo algunas escenas de pruebas y, según refiere Spielberg, lo hizo con bastante soltura, pero la selección se alargaba demasiado y el actor tenía un compromiso ineludible para ser el protagonista de la serie televisiva Magnum P.I. De modo que Selleck tuvo que abandonar el proyecto y dejó a los dos cineastas en un callejón sin salida. Se probó entonces a otro actor, Tim Matheson, pero éste no daba el tono que el director y el productor esperaban de ese personaje.

Al borde del colapso, Spielberg se puso a ver una noche la película que iba a estrenar Lucas en pocas semanas, El imperio contraataca, e inmediatamente se le hizo la luz. Llamó a Lucas y le dijo que había encontrado al actor perfecto, a uno que habían tenido todo ese tiempo delante de sus narices: Harrison Ford. Para su sorpresa, Lucas respondió con indiferencia: «Ya había pensado en él; pero no encaja. Si lo utilizo para Star Wars y también para Indiana Jones, la gente va a pensar que no tengo otro; y además lo van a asociar irremediablemente a la saga de las galaxias. No quiero que sea mi Robert de Niro» (en alusión al actor predilecto de Coppola en aquellos años). Afortunadamente, Spielberg consiguió convencer a su amigo: hicieron varias pruebas, lo vistieron con el látigo y el típico sombrero… y encajó.

Por su parte, Tom Selleck se tomó con deportividad haber perdido el papel de su vida. En 1988, en un episodio de su exitosa serie Magnum (titulado precisamente Legend of the lost art), Selleck se pondría al final la fedora (el sombrero de Indy) para que pudiéramos ver a Tom Magnum buscando un pergamino antiguo en las islas hawaianas, con escapadas in extremis, con el famoso látigo y con un nutrido elenco de referencias a El arca perdida. Incluso aparecía un gag en el que el personaje decía «arca» en vez de «arte». El episodio permitió a los espectadores ver al Indy que pudo haber sido.

En busca del arca perdida (1981) // Steven Spielberg (parte I)