· La sombra de una duda | La dualidad es establecida también por la cámara de Hitchcock desde los primeros momentos de la película, cuando se presentan a tío y sobrina desde puntos de vista paralelos.

La sombra de una duda, de Alfred Hitchcock | Parte 2: La dualidad entre el bien y el mal

Desde el punto de vista psicológico y filosófico, en La sombra de una duda aparece el tema de la dualidad entre el bien y el mal. Tío y sobrina se llaman igual, son dos almas gemelas que encarnan el bien y el mal, y el tema del dualismo se ve reflejado a lo largo de la película en muchos más detalles: dos Charlies, dos detectives, dos criminales buscados, dos niños, dos aficionados a los crímenes, dos secuencias de cenas, dos de estación de tren, dos fuera de la iglesia, dos coñacs servidos en el bar «Hasta Dos» por una camarera que lleva trabajando dos semanas, dos intentos de asesinatos antes de la escena final, dos escenas del garaje -una del bien (de la declaración de amor que profesa el detective hacia Charlie) y otra del mal (el segundo intento del tío de asesinar a Charlie, esta vez en el garaje)-… y así incontables referencias a la dualidad.

La dualidad y la doble personalidad eran cuestiones que manejaba mucho Hitchcock. Dos de sus obras preferidas en la juventud fueron Dr. Jekyll y Mr. Hyde, de Robert Louis Stevenson, y El retrato de Dorian Gray, de Oscar  Wilde. La dualidad aquí aparece en el personaje gemelo escindido en dos, entre el bien y el mal, representados por la sobrina y el tío respectivamente. También vemos ese personaje escindido en la mente psicótica de Norman Bates, en La sogaBrandon es el creador sin escrúpulos de la obra del asesinato del amigo, y Phillips representa la culpa, los remordimientos, la moral- y en Extraños en un tren -donde Bruno es la mente asesina, fría e inmoral, y Guy representa la moral y la cordura, que tiene la mala suerte de cruzarse en su vida con él-.

La dualidad es establecida también por la cámara de Hitchcock desde los primeros momentos de la película, cuando se presentan a tío y sobrina desde puntos de vista paralelos:

  • Vistas de sus respectivas ciudades.
  • Luego, exteriores de ambas casas.
  • Las ventanas de cada cuarto.
  • Finalmente, en un plano de los dos, en paralelo, ambos tendidos en la cama, completamente vestidos, muy pensativos los dos, casi que conectan telepáticamente con los pensamientos el uno sobre el otro, hasta que son interrumpidos por una conversación de dinero.

La cámara y los planos nos llevan a ese paralelismo; la «similitud» entre ambos Charlies, «gemelos», sus pensamientos el uno en el otro, la telepatía existente entre los dos que se escriben justo al mismo tiempo, su amor el uno por el otro (ella sí sabe amar de verdad), en resumen la dualidad del bien y del mal reflejada con gran habilidad y que en esta película se resuelve finalmente prevaleciendo el bien sobre el mal.

Hitchcock está representando, con gran maestría, la psicología humana capaz del mayor bien y capaz del mayor mal. Los dos Charlies, un compendio espiritual que refleja muy bien los aspectos iluminados y oscuros de la mente humana. La sobrina de Charlie le dice a su tío: «Creo que somos iguales. Te conozco. Tengo la sensación de que en algún lugar dentro de ti hay algo que nadie sabe… algo secreto y maravilloso. Lo descubriré… somos como unos gemelos, ¿no crees?, debemos de saber». Sus palabras son seguidas inmediatamente por la «escena de los esponsales», cuando el anillo es deslizado en el dedo de la muchacha, sellando la unión completa entre los dos Charlies, sellando la dualidad de ambos, reflejo de la dualidad de las tendencias psicológicas de la mente humana.

Tío Charlie, prototipo de psicópata

La sobrina Charlie representa la pureza, la inocencia, la ingenuidad y la pura bondad (las máximas filosóficas: Verdad, Belleza y Bien). El Tío Charlie representa justo todo lo contrario, la mentira y la mayor maldad. Sin duda, tiene el perfil psicológico de un psicópata, una persona encantadora, simpático, que cae bien a todo el mundo, muy hábil socialmente, con dotes de líder, «superficialmente encantador» pero realmente vacío por dentro. Como diría Alfred Hitchcock, «hoy en día hay menos diferencias entre el bien y el mal, el héroe y el malo en la sociedad actual casi no se diferencian…». Nos tienen acostumbrados a que el malo es un asesino muy perverso, y con aspecto desagradable, o con pinta de «malo malísimo», pero la verdadera realidad (por más que nos pese) es que los psicópatas no parecen malos ni muchísimo menos, más bien todo lo contrario, son dulces y encantadores, y esto es precisamente lo que los hace más atractivos a sus inocentes víctimas.

Por eso, Hitchcock escogió para este papel con gran habilidad a Joseph Cotten, alguien que siempre hacía papeles de bueno, un hombre, guapo, atractivo y elegante. Era ya un actor popular por Ciudadano Kane, y acababa de rodar su segunda película con Orson Welles, El cuarto mandamiento. Esta fue la única vez en su carrera que Cotten hizo de malo, además en la vida real era un hombre bondadoso, honesto y de trato muy agradable, de hecho se hicieron íntimos amigos él y Hitch, hasta el fallecimiento del director. Cuando Hitch lo contrató, hablando sobre su papel y sobre cómo sería la mirada de un asesino con este perfil psicológico, Cotten le dijo que había un tipo de «mirada furtiva inquisidora» en un asesino, y  el director le corregía indicándole que ese tipo de asesino no siente miedo, ni angustia, ni culpa, que no siente nada, y que tendría una mirada perfectamente normal. Ante estos comentarios, Cotten recordaría posteriormente que «… con lo que me dijo, creí entender que intentaba decirme que un asesino tiene el aspecto, la mirada y el movimiento de cualquier persona común, y que pasaría desapercibido, como uno más». Y así es justamente un psicópata, tal y como lo veía el director británico, una persona completamente común a ojos de los demás, aun con doble cara, que tiene gran habilidad para engañar a los demás, muy camaleónico, egocéntrico, muy manipulador, mentiroso, irresponsable, con emociones superficiales y vacías, amoral, con incapacidad para la culpa y los remordimientos, y con gran falta de empatía. Sería la primera película de Hitchcock de toda su filmografía sobre un psicópata, dónde además es el principal protagonista, junto con su sobrina, haciendo un retrato psicológico de este perfil psicopático con gran precisión.

El Tío Charlie, posteriormente, ha servido de referente a muchos malos del cine, como ya reconocería Martin Scorsese en El cabo del miedo. En esta segunda adaptación utilizó mucho a Hitchcock: la violencia psicológica y emocional del Tío Charlie en la acción del personaje de Robert De Niro sobre la hija fue extraída directamente de ahí. La doble cara y la manipulación de Charlie, la parte camaleónica de aparentar como una persona integrada frente a los demás, llevando realmente una doble vida, también la tomaría Scorsese para De Niro, también el silencio y la sombra, elementos fundamentales de Hitch para crear tensión y suspense.

La sombra de una duda (1943) // Alfred Hitchcock (parte 1)

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