· Sin ser una de las películas más conocidas del realizador británico (como Psicosis, Los pájaros, Con la muerte en los talones, etc.), La sombra de una duda supone una de las grandes obras maestras de Hitchcock.

La sombra de una duda, de Alfred Hitchcock | Parte 3: Psicología y psicoanálisis en Hitchcock

La psicología de La sombra de una duda opera con gran maestría, ya que Hitchcock eligió una situación y un perfil de asesino muy poco utilizado hasta entonces. El realizador apostó por algo mucho más arriesgado: en nuestra propia ciudad, en nuestra propia casa, en nuestro propio comedor, ¡¡en nuestra propia familia!!, puede aflorar la mayor maldad. Es decir, no es un asesino lejano como en la mayoría de las películas, alguien desconocido, que no tiene nada que ver contigo, alguien de quien rechazas todo lo que le rodea, sino que es un asesino en serie, psicópata, de tu familia, que vive contigo, y al que además siempre has idolatrado y al que quieres muchísimo.

Con esto hacemos una incursión en el más puro Hitchcock, en algo más psicológico todavía: la mayor maldad no solo puede aflorar en tu propia familia, sino que puede nacer en tu propio yo (los gemelos Charlies, sobrina y tío, representan un mismo yo, con la cara del bien y del mal). Como ya dijera Carl Gustav Jung, psicólogo y psicoanalista, fundador de la Escuela de Psicología Analítica, «todos tenemos nuestra propia sombra». Jung defendía que todos, cada uno de nosotros, tenemos «nuestra parte de luz y nuestra parte de sombra», y que solo vemos nuestra luz y ocultamos nuestra sombra. A Hitchcock le gustaba la psicología y el psicoanálisis, y poca gente sabe que, poco antes de La sombra de una duda, había leído unos textos de Jung sobre el inconsciente y sobre la sincronicidad (lo que llama «telepatía» en la película).

En este sentido, esta película además de muy «psicológica» -aunque esto siempre ocupa un papel muy importante en las producciones de Hitch– sería también muy jungiana. Jung argumentaba que nuestra sombra está formada por aquellos instintos más primitivos, más destructivos, que todos tenemos. También decía que una persona tiene que reconocer y conocer su sombra para que pueda  llegar al «sí mismo», es decir para poder desarrollar su psicología, su potencial, equilibrar sus opuestos, y llegar a ser una persona mentalmente sana y con instintos de creación (integrando sanamente los instintos destructivos), y una vez reconocida su propia sombra (inconsciente), integrarla finalmente con su propia luz (consciente), y así poder finalizar el proceso psicológico (proceso de individuación) llegando al sí mismo.

Sombra y luz

En la psicología de Carl Jung el tema de la sombra ocupa un papel muy importante, y precisamente esta película se llama La sombra de una duda. Aquí la luz-consciente es la sobrina Charlie, la sombra-inconsciente es el tío, de hecho nadie en la familia ni en el pueblo Santa Rosa es consciente de esta sombra (maldad), ni la misma Charlie es consciente de su propia sombra reflejada en su tío. En la película, el proceso psicológico -de individuación para llegar al sí mismo- se ve claramente reflejado en la integración de sombra y luz conforme la sobrina va descubriendo verdaderamente a su sombra (su tío); la evolución y transformación que sufre a lo largo del desarrollo de la trama hacia una «dolorosa» madurez de personalidad, dejando atrás eso de ser una chica idealista, ingenua, pura bondad, que solo ve el bien en el mundo (todo lo contrario a lo que ve su tío). La propia Charlie, en su progresiva evolución, llega a sacar su «propia sombra» -que ningún espectador se esperaría en las primeras etapas del filme, previas a su transformación- cuando al final de la película le dice a su tío con mucho sentimiento de venganza y de odio: «¡Yo misma te mataría si pudiese!…». Algo totalmente incompatible con el perfil angelical del principio.

Alfred Hitchcock resuelve con gran maestría esta integración de sombra y de luz, matando la parte de su sombra (su tío que muere al empujarla ella accidentalmente, y cae del tren en movimiento) e integrando finalmente la suya, donde la vida no es mágica e ideal, ya que descubre dolorosamente que todo tiene su lado oscuro. Esto también se ve reflejado en la parte final con el detective en la iglesia, donde el director le regaló a la actriz un monólogo sobre todas las cosas buenas que hay en la vida, de triste esperanza, resumen de parte de la evolución y transformación que sufre la sobrina Charlie, y a su vez una declaración filosófica tal vez única en el cine de Hitchcock: «Pensaba que el mundo era un lugar horrible. No pudo ser feliz nunca. No confiaba en las personas. Parecía odiarlas. Odiaba a todo el mundo. Decía que la gente como nosotros no tenía ni idea de lo que realmente era el mundo». Y el detective responde: «El mundo no es en absoluto tan malo como eso. Pero a veces necesita ser muy vigilado. Parece volverse loco de vez en cuando, como tu tío Charlie«.

El tren en el que se despide el tío se va limpiamente, sin oscuridad, todo lo contrario que el tren a su llegada que traía una gran humareda negra y creaba una gran sombra en el andén, símbolo de que llega a Santa Rosa lo oscuro, lo negro, la gran sombra.

Para integrar psicológicamente en Charlie su propia sombra, en su muerte final nos lo explica el propio Hitchcock: «Cotten es destruido al final, en el tren, aunque sea accidentalmente por su propia sobrina: esto equivale a decir que no todos los malos son negros, ni todos los héroes son blancos. Hay grises en todas las partes. Ella ha tenido que destruirlo, pero no olvidemos que Oscar Wilde dijo: ‘matamos a lo que amamos’. La luz es vida, la sombra es muerte, pero siendo la luz, vida, paradójicamente es la propia luz la que mata a su sombra (Charlie mata a su tío Charlie)».

En la historia original de Gordon Macdonell, de un guion de tan solo seis páginas, el final del tío Charlie era diferente: en una comida campestre familiar, cuando el tío sabe que su sobrina le ha descubierto, y en un momento a solas los dos mientras pasean, intenta matarla, como si fuera un accidente. Mientras el tío Charlie esta persiguiendo a la muchacha, él acabará cayéndose por un precipicio. En el guión de Macdonell también era diferente que tío Charlie no aparecía hasta que se presentaba en la película a la familia, pero Hitchcock quería algún tipo de presentación previa y optó por esa magistral introducción con las imágenes paralelas de tío y sobrina, y luego huyendo de la policía.

Almas gemelas

Cinematográficamente hay un momento clave, el antes y el después en la sobrina, cuando descubre quién es verdaderamente su tío. Aunque ella sospecha en varias ocasiones de él, como por ejemplo cuando el tío no quiere que le hagan una foto en la casa y le dice al detective-fotógrafo, «tendrá que darme la película», y obliga a que le den el carrete. En ese momento la mirada de la sobrina lo dice todo. Pero realmente el momento clave, donde ella confirma todas sus sospechas, es en la biblioteca; confirma su peor temor al leer el periódico, inmediatamente se toca el anillo en un primer plano y observa la inscripción para una de esas viudas asesinadas, y justo en ese momento acaba de descubrir la verdadera naturaleza de su alma gemela, de su sombra. La cámara enfoca su espalda y se mueve hacia arriba, apareciendo desde el techo de la biblioteca un plano magistral de ella y de su propia sombra alargada, que ocupa media pantalla. Acaba de descubrir su propia sombra y el plano nos la presenta visualmente con gran maestría. Hitchcock era único para conseguir que la cámara se confundiera y se fundiera con el personaje. Inmediatamente, cuando la muchacha acaba de descubrir quién es verdaderamente su tío, aparece el vals de la viuda alegre, en esa brillante asociación de ideas que nadie sabía hacer como el realizador británico.

Desde el punto de vista cinematográfico también se suma otra escena magistral, en la parte final, en el momento en que la sobrina va bajando las escaleras y lleva el anillo que perteneció a una de sus víctimas, prueba incriminatoria que el tío se había encargado de «extraviar» para que ella no pudiera delatarlo y que Charlie había recuperado sin él saberlo. Cuando el tío está a punto de hacer un brindis con la familia y con las figuras más emblemáticas del pueblo (todos lo adoran), ella va bajando la escalera con la mano a la vista para que él la vea. La cámara capta un rápido primer plano del anillo y otro plano de la cara de tío Charlie con un cambio leve de expresión facial al descubrir el anillo que le incrimina; acaba de darse cuenta de la amenaza que su sobrina representa para él, por lo que en ese momento cambia de idea y decide irse de Santa Rosa para que ella no le delate, y justo ahí cambia su brindis por otro diciendo: «Justo a tiempo llegas… ¡Mañana me voy!». La toma se convirtió en un clásico del cine de Alfred Hitchcock, en algo que repetiría, con algunas variantes, en muchas de sus películas.

La sombra de una duda, sin ser una de las películas más conocidas del realizador británico (como Psicosis, Los pájaros, Con la muerte en los talones, etc.), supone sin duda alguna una de las grandes obras maestras de Hitchcock. Aunque inicialmente no tuvo una gran acogida por la crítica, considerándose como un modesto thriller criminal, en gran parte porque los críticos ingleses tenían celos de Hollywood -que le «robó» a uno de sus mejores directores- y comentaban que también habían «robado» el individualismo del director y su sello personal.

Durante el rodaje de La sombra de una duda, Hitchcock ganó mucho peso, siendo la etapa en la que más obeso estuvo en su vida. Después de rodarla perdió más de 30 kilos. Sin embargo, la crítico de cine C. A. Lejune fue muy ácida en su reseña: «… observarán que a la curva descendente del chaleco del director le ha seguido la correspondiente caída en la curva de sus películas».

A pesar de todo, la historia del cine ha colocado esta película en el lugar que realmente se merece, como una de las obras magistrales de Hitchcock. De hecho y desde 1943, a pesar de las críticas feroces, La sombra de una duda fue cada vez más reivindicada -y sigue siéndolo- por la crítica. Eric Rohmer y Claude Chabrol calificaron la película de brillante, «como uno de los mejores filmes de Alfred Hitchcock«. William Rothman afirma que muchos de sus diálogos le parecen dignos de Samuel Beckett. Lindsay Anderson, que al igual que otros críticos no solía aprobar lo que Hitchcock había hecho tras abandonar Inglaterra, confirmó que era «la mejor película que el director había rodado en Hollywood».

La sombra de una duda (1943) // Alfred Hitchcock (parte 1)

La sombra de una duda (1943) // Alfred Hitchcock (parte 2)