· George Lucas había encargado la composición de la banda sonora a John Williams, éste otorgó cada personaje su propio leit motiv.

Parte VII: Sonorización y lanzamiento

En el invierno de 1976 la película iba cobrando forma. Y el Consejo de la Fox empezó a pensar que tal vez la cinta no fuera un fracaso. Empezaba entonces la fase de sonorización, algo ciertamente delicado, pues se trataba de crear sonidos para cosas que no existían como la reverberación de las espadas láser o los chillidos de Chewbacca. A partir de las pistas de sonido ya montadas, Ben Burtt, ingeniero de sonido de la película, fue añadiendo todos y cada uno de los efectos sonoros que había estado almacenando durante un año. Algunos eran ciertamente ingeniosos.

Así, la fuerte respiración de Darth Vader se consiguió introduciendo un micrófono dentro del regulador de una botella de oxígeno de buceo. Los pitidos de R2-D2 debían sugerir los lamentos de un niño, pues así se describía su personalidad en el guión; grabaron a decenas de bebés sin que los lamentos resultaran creíbles, hasta que vieron que les salía mucho mejor a ellos mismos cuando imitaban esos sonidos para incitar al bebé a que gimiera, y con sus propias imitaciones crearon los famosos pitidos. Los berridos del Wookie, puesto que su apariencia lo asemejaba a un animal fiero y salvaje, se realizaron mezclando sonidos de diversos animales, como el de un oso cuando aparece enfadado, el de un tigre cuando le vemos más amigable, y el de una morsa cuando el sonido debe parecer una frase con cierto sentido. Los sonidos de las espadas láser en movimiento se simularon agitando los cables de una torre de alta tensión, y los choques de esas espadas golpeando esos cables con un martillo metálico.

Una banda sonora épica

Con anterioridad, George Lucas había encargado la composición de la banda sonora a John Williams. No había escuchado la mayoría de sus películas, pero se lo había recomendado su amigo Steven Spielberg, para quien había compuesto la música de Tiburón (1975) y había ganado un Óscar por ello. Esta recomendación fue suficiente para que Lucas le contratara. El director le pidió una música grandiosa, que sugiriera mundos nunca vistos y que al mismo tiempo fuera un apoyo emocional para toda la historia. A partir de una copia que le proporcionaron en enero de 1977, y siguiendo la tradición del cine clásico americano, Williams creó una gran composición sinfónica, otorgando a cada personaje su propio leit motiv. Cuando vemos a Luke oímos de fondo una música heroica, que nos hace sentir pasión por la aventura. Una melodía más romántica suena cuando Leia aparece en escena, y otra más enfática cuando vemos a Darth Vader. Finalmente, escuchamos música bélica en las escenas de los combates, y hasta la Estrella de la Muerte tiene su propio leit motiv.

En marzo de 1977, dos meses después de entregarle la copia, Williams dirigía la Orquesta Sinfónica de Londres mientras se proyectaba de fondo el montaje definitivo de la película. Toda la música se grabó en tan solo doce días, y fue una auténtica obra maestra. Reproducida miles de veces en los años siguientes, ha llegado a ser todo un símbolo de la música cinematográfica moderna. Lucas pudo decir, con razón, que fue una de las pocas cosas de la película que superó todas sus expectativas.

Lanzamiento de la película

El estreno se había programado para el 25 de mayo de 1977. Previsto inicialmente para el miércoles 1 de junio, se adelantó una semana para que no compitiera con el otro lanzamiento veraniego de la Fox: El otro lado de la medianoche (1977), de Charles Jarrott. Era tan poca la fe que los ejecutivos del estudio tenían en el filme de Lucas que decidieron “protegerlo” separándolo del que protagonizaba una casi desconocida Susan Sarandon. Pero esto, lejos de favorecer a La guerra de las galaxias, fue totalmente en su contra, porque sólo 37 cines accedieron al cambio de fecha. Ninguna sala creía que una cinta de ciencia ficción fuese a triunfar en la época estival.

Afortunadamente, Lucas siempre tuvo una clara visión de marketing. Y para preparar el estreno creó un grupo de “fans de la ciencia ficción”, a los que alimentó con charlas, conferencias, proyecciones de clásicos, etc. Había contratado como Director de Marketing a Charles Lippincott, que era un gran aficionado a este género, y fue él quien durante meses mantuvo el contacto con varias decenas de seguidores de la fantaciencia, acrecentando en ellos la pasión por este tipo de filmes y avivando su deseo de ir a ver la película de Lucas. Gracias a esta estrategia, absolutamente novedosa para la época, los días previos al estreno muchos fans del filme se concentraron en los alrededores del Teatro Chino de Hollywood, donde iba a tener lugar la preview, para diversos actos relacionados con la cinta: escenificar luchas, repartir panfletos, etc. Pero no pasaban de ser unas pocas decenas de personas. Y la pregunta que todo el equipo se hacía era siempre: ¿Habrá espectadores para el segundo y el tercer día?

Así las cosas, la víspera del estreno se prepararon para lo peor. Lucas se había quedado toda la noche trabajando para ultimar las mezclas de sonido de las versiones francesa, alemana y española, y estaba completamente agotado. Al amanecer decidió que debía irse a dormir en vez de asistir al primer pase, que suele ser muy reducido. Y a media mañana se levantó y se fue a comer con su esposa Marcia para asistir al segundo pase. Al acercarse al Teatro Chino se encontró con un atasco gigantesco, provocado por la gente que se agolpaba en las taquillas del cine. No podía creérselo.
Preguntó al equipo qué había pasado esa mañana, y todos le decían que había sido un éxito increíble y que ahora los fans hacían de altavoz por todas partes y estaban trayendo a los cines a sus amigos, familiares y conocidos. Era una riada impresionante que desbordaba todas las previsiones.

En medio de una gran emoción, empezó el segundo pase con el cine repleto hasta los topes. En esa sesión se lo jugaban todo, ese era el momento clave donde se vería si la película funcionaba o no. Y comenzaron los rótulos iniciales: “Hace mucho, mucho tiempo, en una galaxia muy lejana…”. Esperaban ansiosos la aparición de la primera maqueta de la Estrella de la Muerte, anticipo de todas las que vendrían después. Si el público se reía, si se lo tomaba a broma, se habría perdido todo, y la actitud de los técnicos ingleses estaría plenamente justificada. Pero no fue así. Un suspiro de sorpresa y admiración inundó la sala: el público se metía en la película y se quedaba anonadado por unos efectos especiales nunca vistos. Todo le sorprendía: la historia, los personajes, la compleja mitología… Hasta los divertidos androides se ganaron el corazón de la gente.

Aquella misma tarde todos se dieron cuenta de que la película iba a ser un gran taquillazo. No solo Lucas y su equipo, no solo los incrédulos ejecutivos de la Fox, sino todo el mundo: periodistas, espectadores y empresarios de salas cinematográficas. Esa primera noche el informativo de mayor audiencia, presentado por Walter Cronkite, abrió con la noticia del enorme éxito de La guerra de las galaxias y mostró imágenes espectaculares de largas filas de espectadores -algunas daban la vuelta a la manzana- esperando a entrar en los cines donde se proyectaba.

De las 37 salas en las que se estrenó, el filme batió récords de taquilla en 36. El primer día había recuperado buena parte de los 11 millones que finalmente había costado producirla. Y el ansia por verla siguió aumentando en los días siguientes. Mientras tanto, los tres actores principales eran demandados por todos los canales de televisión para participar en tertulias y magazines televisivos. No había forma de satisfacer la demanda, y a veces aparecían hasta en dos y tres programas diarios.

En el primer trimestre la recaudación en taquilla superó la mágica cifra de los 100 millones de dólares. Al año se había convertido en la más taquillera de la historia. Y pasado un tiempo de descanso volvió a los cines en varias ocasiones, la última en mayo de 1997, con nuevo metraje y nuevos efectos, coincidiendo con el 20 aniversario de su estreno. Actualmente, tan solo en las salas de exhibición -sin contar vídeos, DVDs y derechos televisivos- la cinta ha ganado en Estados Unidos 461 millones de dólares (la segunda más taquillera en ese país), y en todo el mundo cerca de 800. Un fenómeno fuera de lo normal.

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