· La proyección del filme en un festival internacional supone la primera ocasión de interesar a sus posibles compradores, los distribuidores internacionales.

Presentación en sociedad: los festivales de cine

Cuando termina el rodaje de la película, empieza la verdadera campaña de lanzamiento: se preparan los consabidos tráilers, los showreels, los spots para la televisión; y también los carteles, folletos y anuncios para la prensa. Pero uno de los primeros objetivos que se busca es tratar de incluirla en el mayor número posible de festivales cinematográficos.

Esos certámenes suponen la presentación en sociedad del filme: el momento más crítico y delicado, donde se juega gran parte de su futuro. Por eso requiere una preparación muy esmerada: tan cuidadosa, al menos, como su lanzamiento a las salas de exhibición. Las opiniones favorables de los cineastas, la buena acogida del público y, sobre todo, las críticas elogiosas en la prensa internacional, pueden hacer que una película antes desconocida pase a ser uno de los grandes bombazos del año.

Por otra parte, la proyección del filme en un festival internacional supone la primera ocasión -y tal vez la única- de interesar a sus posibles compradores, los distribuidores internacionales, que asisten a estos certámenes para descubrir las películas con gancho que están a punto de estrenarse en todo el mundo.

Bajo Ulloa y su Alas de mariposa

El director Juanma Bajo Ulloa recordaba hace poco que, mientras montaba su primera película Alas de mariposa, le dijo al productor Elías Querejeta que quería estrenar en octubre de ese año. Querejeta, consciente de las dificultades para un director primerizo y desconocido, le dijo: «Eso es absolutamente imposible. Para conseguirlo tendrías que entrar en el festival de San Sebastián (se celebra a mitad de septiembre) y ganar además la Concha de Oro». Era el mes de julio y la película estaba todavía en fase de pre-montaje. Pero Bajo Ulloa no se arredró: consiguió in extremis que se le admitiera en San Sebastián y, con la bobina todavía caliente del último montaje, se presentó en el certamen el mismo día de la proyección. Ganó, a pesar de todo; y gracias a ello consiguió estrenar en Madrid el 18 de octubre de ese año.

Hay todo un circuito de festivales, a lo largo del año, que actúa como plataforma de lanzamiento para las películas: Bruselas, Montecarlo, Berlín, Munich, Vancouver, Tokyo, Venecia, Valladolid… De todos estos certámenes, el más famoso e internacional es el festival de Cannes, que se celebra todos los años a mitad de mayo durante doce días.

Conseguir un pase en Cannes es el sueño de todo director, tanto si es europeo como oriental o norteamericano; pero, a la vez, es también una pesadilla para el productor. Unos 600 filmes compiten cada año para introducirse en la Sección Oficial, compuesta normalmente por 25 ó 30 películas. Hay que luchar por cada uno de esos huecos, pues no es fácil acceder a Gilles Jacob, director del festival y presidente del Comité seleccionador. Es preciso tener buenas relaciones con él, o conocer a alguien que sí las tenga, y maniobrar después con los capitostes del cine para convencerles de que tu película es buena y merece estar ahí.

Lanzamiento a la fama

El resultado, desde luego, vale la pena. Porque en ese festival hay más de 3.500 periodistas acreditados cubriendo el evento para todos los países del mundo. Además, un éxito en Cannes supone no sólo la catapulta hacia la fama, sino, sobre todo, el lanzamiento hacia mercados internacionales que de otro modo hubieran quedado vedados. Así sucedió a cineastas orientales como Zhang Yimou o Chen Kaige, que dieron el salto a Occidente gracias a los premios de este festival; y también a directores atípicos como Quentín Tarantino, que pudo imponer definitivamente su estilo en Hollywood gracias al triunfo en Cannes de su polémico filme Pulp fiction.

Alfonso Méndiz

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