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Vender cine: La importancia de la música


Un buen tema musical incorporado de forma inteligente en la trama de una película puede ser una importante herramienta pro­mocional.

“Pretty woman, walking down the street
Pretty woman, the kind I like to meet
Pretty woman…
I don’t believe you, you’re not the truth
No one could look as good as you” (Roy Orbison)

¿Quién no recuerda el estribillo de esta famosísima can­ción y no se le viene a la cabeza la película interpretada por Julia Roberts y Richard Gere? La canción o la música son elementos que forman parte de mane­ra más o menos importante de cada una de nuestras pe­lículas favoritas.

En muchos casos, para recordarlas con agrado y, en otros, además, para comprobar que un buen tema musical incorporado inteligentemente en la trama de un largometraje puede ser una valiosa herramienta pro­mo­­cional.

Hace más de tres años, Spinner.com, la revista digital dedicada a la música más relevante de Estados Uni­dos, ahora dentro del grupo AOL, elaboró una lista con las 77 canciones más “famosas e inolvidables” de la historia del ci­ne.

Se puede ver en www.sporcle.com/games/MRL/ spinner_77_movie_songs.

Analizando este ranking se aprecia cómo películas que no contaban con un gancho importante desde el pun­to de vista puramente cinematográfico (de hecho más de una fue denostada por la crítica) tuvieron una gran acogida en taquilla, casi exclusivamente por la pe­gadiza canción que se usó como elemento promocional.

Nadie duda que Titanic seguiría siendo la segunda pe­lícula más taquillera de la historia sin el My Heart Will Go On, de Celine Dion, pero tampoco hay que ne­gar que Oficial y caballero tuvo una gran ayuda por el te­ma Up Where We Belong, de Joe Cocker & Jennifer War­nes. Y qué decir de La mujer de rojo con I just call to say I love you, interpretada por Stevie Wonder: la can­ción fagocitó la película y casi todos pensábamos que el tema se llamaba como el filme. Top Gun, a la que el paso del tiempo ha perjudicado seriamente, no sería lo mismo sin el tema de Berlin, Take My Breath Away.

No se puede negar la influencia que una buena canción o banda sonora pueden tener en el funcionamien­to en taquilla de una película. Hay casos, como hemos vis­­to, donde la canción se queda con el nombre de la pe­lícula: La mujer de rojo y también Eye of the Tiger de Survivor para Rocky III, I Will Always Love You, de Whit­ney Houston en El guardaespaldas. En este caso la música juega un papel fundamental, ya que la historia es la de una cantante (la actriz lo era en la vida real) y su relación con el galán de moda, aunque un po­co de capa caída en esa época, Kevin Costner.

También hay canciones hechas expresamente para la película y que son tan inolvidables que acaban convirtiéndose en el título de la misma (Singin’ in the rain; Cantando bajo la lluvia) o en el momento culmen de la obra (Moon River, interpretada por Audrey Hepburn en la ventana de su pequeño apartamento neoyorquino, en Desayuno con diamantes), ambas se han con­vertido como otras muchas en elementos esenciales del total de la película. Para su promoción en los pa­ses de TV se utilizan siempre.

Robin Hood “tiene canción” gracias a Bryan Adams, (Eve­rything I Do) I Do It for You, en la version de 1991 de Kevin Reynolds. ¿Qué fue más importante para el éxito de Fiebre del sábado noche, la puesta en escena, un desconocido John Travolta… o los Bee Gees con su famosísima banda sonora?

Todos sabemos que el personaje principal de la pelí­cu­la El graduado se llamaba Mrs. Robinson, porque Simon & Garfunkel se encargaron de cantarlo. Y el bai­lecito de Uma Thurman y Travolta en Pulp Fiction al ritmo de Chuck Berry con You Never Can Tell, pasándose los dedos por la cara, convirtieron el tema en un clásico de las pistas de baile de todo el mundo, con imi­tación del momento incluido.

Reality Bites no sería lo que fue, un símbolo de la ge­neración X, sin el temazo de The Knack, My Sharo­na. Y así podríamos seguir con toda la lista.

Desde luego todos merecen una reflexión, ¿las películas consiguen el mismo éxito por la can­ción/BSO o sim­plemente es una ayuda?

Lo que parece cla­ro es que en ningún caso un te­ma fa­moso perjudi­ca. Por el contrario, contribuyen de­cisi­va­mente al recuerdo de la película, a su rápida iden­ti­fi­cación. Como di­ce el titular de la revista Spinner, son canciones “famosas e inol­vidables”.

¿Alguien puede rememorar Ghostbusters sin recordar el tema del mismo nombre? No es casual que directores de prestigio cuiden mucho sus bandas sonoras incorporando temas que puedan aparecer en las radio fórmulas y conseguir así una promoción extra para sus fil­mes, como Stephen Frears (Hight Fidelity), Jonathan Demme (Filadelfia) y, por supuesto, Tarantino, que es quizás el que más notoriedad consigue.

Pero también ocurre a la inversa. Temas que sirvieron para lanzar (o darle un empujoncito) la carrera mu­sical de algún artista. Si no que se lo digan a Mado­nna (Into the Groove, en Buscando a Susan desesperadamente), Eminem (Loose yorself, para su primera apa­rición en el cine, 8 millas) o Prince (Purple Rain pa­ra la película del mismo título). Y bandas sonoras que han vendido millones de copias por la mutua ayu­da que el cine y la música se prestan.

Un dato: de los 10 discos más vendidos en la historia de la música, 4 son recopilaciones o BSO de cine: El guardaespaldas, Dirty Dancing, Fiebre del sábado no­che y El fantasma de la ópera. Ahí es nada.

Tono Irisarri

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Tono Irisarri
Tono Irisarri
Profesor de Marketing de Empresas Audiovisuales