· Walt Disney era un gran narrador y en las reuniones con los distintos equipos contaba la historia escenificando a los distintos personajes.

Bueno, ¿y ahora qué?, se preguntaban los artistas de Dis­ney después de llevar al límite la animación en 1937 con Blancanieves y los siete enanitos. Habían culminado una maravilla que entraba a formar parte de la historia del cine, inventando el largometraje anima­do, estableciendo un canon narrativo, artístico y técni­co reconocido por la crítica, el público y el éxito eco­nómico.

La pregunta adquiría un tono desafiante, no de lími­te, sino de punto de partida. El aprendizaje del estudio en los cuatro años de producción que duró Blancanieves fue inmenso. Ese nuevo horizonte por el que se pre­guntaban, lleno de posibilidades e innovaciones, te­nía un nombre: Pinocho.

PinochoSus artífices serían algunos de los maestros que crea­ron el estudio junto con los jóvenes animadores que más tarde desarrollaron el universo Disney: L. Clark, W. Reitherman, E. Larson, W. Kimball, M. Kahl, F. Thomas, O. Johnston, J. Lounsbery y M. Da­vis.

A este momento de esplendor creativo se sumó la li­bertad económica para conseguir la perfección que bus­caba Walt Disney. La película requirió el talento de 750 ar­tistas y se calcula que sin contar los gastos de promoción, el coste fue de 2,6 millones de dólares; más de 100 millones de los de ahora usando las mismas técnicas y procesos.

La historia original estaba protagonizada por un mu­ñeco de madera con un carácter auténticamente gam­berro. Considerada un tratado moral sobre la conducta infantil, la escribió en 36 entregas el italiano Car­lo Lorenzini (1826-1890), periodista político y cen­sor teatral, bajo el seudónimo de Carlo Collodi. Pos­teriormente las publicó recopiladas en un libro con el título Le aventure di Pinocchio, siendo en 1911 cuando alcanzó una gran popularidad gracias a las ilustraciones de Attilio Mussino.

El 24 de marzo de 1938, Walt comenzó el proyecto reu­niéndose con los guionistas. Pinocho parecía una his­toria interesante que presentaba muchas posibilida­des en cuanto a cosas que no se habían hecho antes en animación. El concepto y la imaginativa del libro atra­jo a Disney, le convenció de sus posibilidades. Sin em­bargo, la crueldad y otros aspectos del relato dejaban ver que necesitaba ser una adaptación libre para con­vertirse en una película familiar.

PinochoWalt Disney era un gran narrador, y en las reuniones con los distintos equipos contaba la historia escenificando a los distintos personajes. Iba puliendo el re­lato, advertía cuando faltaba algún elemento importante en la narración y hacía que todos aportaran.

Cuenta F. Thomas, principal animador del personaje de Pinocho, que al comenzar el proyecto este «era gritón, chulo y nada simpático. Era un alborotador». Conservaba, aunque suavizada, la personalidad original del protagonista en el cuento. Disney se dio cuenta de que no daban con el tono adecuado para la historia. La marioneta no terminaba de ser atractiva y pensaba que el relato no era lo bastante tierno. Faltaba amistad, amor. Así que a los seis meses paró la producción e hizo un replanteamiento general.

Uno de los animadores, M. Davis, aportó la clave pa­ra resolver la crisis. Le dio a Pinocho la personalidad que Walt estaba buscando. En una escena de prueba lo concibió no pensando tanto en una marioneta, sino en un niño pequeño. Un crío lleno de ternura, inocencia, que se preguntaba por todo. Este fue el nuevo pun­to de partida.

Otro cambio notable fue el personaje de Pepito Grillo. En el libro aparece una vez, y no sale muy bien pa­rado, porque Pinocho lo mata lanzándole un martillo, molesto porque le da consejos. Disney vio el potencial que podía tener este personaje, que resultaba cru­cial para que la historia funcionara, y así fue. Convirtió a Pepito en un personaje simpático, muy ameri­ca­no, que añadía humor e ironía a las situaciones más difíciles. Como cuando después del éxito de Pinocho en el teatro, se marcha diciendo «Bueno, un ac­tor no necesita conciencia».

Un elaborado apartado técnico

Los dos grandes artífices del estilo visual de la pe­lícula fueron el ilustrador sueco Gustav Enggren, que le dio la belleza y la magia de los libros ilustrados europeos, y Albert Hurter, que con su desbordante imaginación llenó de detalles y sorpresas muchos fondos de la película; uno de los más memorables lo vemos en la casa ta­ller de Gepetto.

PinochoLa narración visual se despliega durante la película con una elaborada planificación, montaje, puntos de vista… y, sobre todo, en palabras del his­­toriador J.B. Kaufman, con algo que los estudios Dis­ney desarrollaría en los años treinta como ningún otro estudio animado, con «el arte en sí, de la animación. La creación de la personalidad de los personajes a través de la forma de moverse».

En el apartado técnico merece especial atención el vir­tuosismo conseguido con el uso de la cámara multi­pla­no, invención del estudio que dotaba de profundidad la escena, dando mayor realismo a las figuras. Es­ta hi­zo posible el travelling que nos muestra el despertar del pueblo, el bullicio de su gente empezando un nue­vo día. El equipo técnico y artístico se esforzó en llevar los efectos visuales al máximo, buscando el mayor es­pectáculo, impulsando la historia.

Los elementos sonoros también se trabajaron a fon­do en Pinocho. Uno de ellos fue la caracterización de los protagonistas por su voz. Buscaban y buscaban has­ta encontrar la voz idónea para esa personalidad. Que­rían oír auténticas interpretaciones vocales del per­sonaje.

PinochoDisney fue uno de los pioneros de Hollywood en la uti­lización del sonido. Entendió que este no per­ju­dica­ba el discurso visual conseguido con el cine mu­do, si­no que, al contrario, lo audiovisual multiplicaba la in­tensidad del relato. Pinocho ganó el oscar a la me­jor ban­da sonora y a la mejor canción. El tema When You Whish Upon a Star se convirtió en un himno del estudio.

Cuando la película se estrenó el 7 de febrero de 1940, el reconocimiento de la crítica fue inmediato con­siderándola superior a Blancanieves, pero paradóji­ca­mente no tuvo éxito de público. Pinocho, considera­do por muchos expertos el más artístico y téc­nicamente perfecto de todos los largometrajes animados de Disney, tuvo que esperar a los sucesivos rees­tre­nos para alcanzar la popularidad.