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A la deriva

Historial real en la que Shailene Woodley interpreta a Tami Ashcraft, quien en 1983 dirigió un yate de Tahití hasta Hawai sin apenas agua, comida ni instrumentos de navegación

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A la deriva

· A la deriva cuenta una historia real. Es una de esas películas que se hacen regularmente y, en general, interesan porque hablan de lucha y de superar adversidades, y son verdad.

En medio de la nada

En 1983 Tami Ashcraft y su novio recibieron el encargo de llevar un yate de Tahití a San Diego, tarea sencilla y bien pagada para dos avezados marinos. Pero en pleno Pacífico les alcanzó una tormenta feroz que estuvo a punto de hundirlos. Tami, con una fuerte contusión, logró dirigir el maltrecho yate hasta Hawai, sin apenas agua, comida ni instrumentos de navegación; orientando la embarcación y dejándose llevar “a la deriva”.

A la deriva cuenta una historia real. Es una de esas películas que se hacen regularmente y, en general, interesan porque hablan de lucha y de superar adversidades, y son verdad. Shailene Woodley (de Divergente) interpreta a Tami Ashcraft, auténtica protagonista de la historia, que escribió su aventura años después de vivirla.

El título del libro incluye “una historia de amor”. Tami cuenta su historia de joven alocada que se fue a recorrer el mundo y conoció a Richard, sus viajes y su romance. La película comienza con los dos jóvenes a punto de ahogarse -ha pasado la tormenta- y el barco desarbolado, a punto de hundirse. Mientras se organiza para sobrevivir diversos flash back, cuentan su historia, cómo se conocieron, cómo se enamoraron, cómo se embarcaron.

Dirige esta cinta Baltasar Kormákur, que ya ha narrado historias de catástrofe y supervivencia (Everest, The Deep). En esta película lo mejor es la fotografía de Robert Richardson, colaborador habitual de Oliver Stone, Scorsese y Tarantino, tanto las tomas aéreas en las que apenas se percibe el yate en medio del inmenso océano, como la escena de la tormenta, muy esperada y que no defrauda en ningún momento; y también algunos de los flash back -el salto al vacío, por ejemplo- son notables. Pero el romance intercalado, aparte de interrumpir momentos dramáticos, no interesa demasiado, tal vez porque no es nada sutil y porque no hay demasiada química entre los dos actores protagonistas.

Con todo, A la deriva consigue mantener la tensión, lo que no es poco, teniendo en cuenta que solo tenemos a Woodley hablando con su novio casi siempre inconsciente.

Reseña Panorama
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Fernando Gil-Delgado
Historiador y filólogo. Miembro del Círculo de Escritores Cinematográficos. Ha estudiado las relaciones entre cine y literatura. Es autor de “Introducción a Shakespeare a través del cine” y coautor de una decena de libros sobre cine.