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Campeones

Enorme película de Fesser que se acerca a uno de esos asuntos que solo asumes cuando los vives, aunque entiendas poco o nada

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Campeones

· Hay emoción y humanidad en Campeones, una pelí­cu­la que sabe ser muchas cosas a la vez, conectando con el humanismo y el arte de los maestros de la gran co­media americana.

“Quiero uno con tus ojos”

Estamos ante la mejor comedia del cine español en lo que llevamos de siglo. Así de sencillo. Así de claro. Fesser y David Marqués han escrito una historia buena, muy buena. Y la película, una de las mejores españolas de los últimos años, es un tren de alta velocidad que podría ser ese tremendo que va de Madrid a Pam­plona en el que después de tramos razonables llegas a la altura de Lodosa de Navarra y parece que puedes ver una por una los números de las casas y las ma­trículas de los coches, da tiempo a bajarte, comprar un bocadillo, y volver a su­bir con medio ya comido.

Me explico, en una comedia en la que hay un equipo de baloncesto de personas con discapacidad intelectual y un entrenador profesional con muy mala leche y traumas a granel, el material es tan sensible, y en cierto mo­do tan poco original, que por poco que te despistes el viaje puede convertirse en un desastre o incluso en una pesadilla.

Fesser lo borda. El sentido del humor es excelente, el de los mejores momentos de Gomaespuma. Hasta ahí, bien. Pero lo extraordinario, es que no solo hay humor de muchos quilates, sino pareja humanidad, ternura, rea­lismo y respeto por la verdad de las cosas (no entro en detalles porque sería reventar una película muy bien tra­mada). Una tremenda sensibilidad para acercarse a las cuestiones fundamentales de la vida, nada menos que al secreto de la felicidad: lo decía ese Escrivá al que en una película anterior Fesser no supo o no quiso entender: “Lo que se necesita para conseguir la felicidad, no es una vida cómoda, sino un corazón enamorado”.

Un excelente Javier Gutiérrez

A un guion portentoso apoyado en semejante high concept se une una realización muy inteligente que trans­forma el relato en un mecanismo de relojería, en una montaña rusa llena de emociones sin asomo de sensiblería y toneladas de sensibilidad, atractiva y divertida pa­ra un público amplísimo.

Javier Gutiérrez viene demostrando su enorme cate­go­ría como actor. Aquí su trabajo es perfecto, acompa­ña­do por un reparto sensacional en el que el gru­po de ac­tores con discapacidad actúan -repito, actúan- de forma memorable, gracias al trabajo de Fesser con ellos.

Hay emoción y humanidad en Campeones, una pelí­cu­la que sabe ser muchas cosas a la vez, conectando con el humanismo y el arte de los maestros de la gran co­media americana que consolaron a millones de personas en los tremendos años de la Depresión.

Un país como el nuestro (zarandeado por tanta mezquindad enloquecida) necesita películas como las de Fesser, que hablan de gente estupenda que no va radiando su bondad: como ese encargado del polideportivo o esa juez implacable, como las familias de los jugadores que saben que muchas veces no hay que entender, hay que amar con una paciencia y una dedicación en la que te dejas la vida. Reírse de algo verdaderamente inteligente que te deja muy pensativo a la salida de un cine no es frecuente. Y Fesser lo logra. Bien por él.

Reseña Panorama
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Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor