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El cascanueces y los cuatro reinos

Disney vuelve a plantear un remake, con personajes de carne y hueso, en esta versión de la historia donde la música es tan protagonista como el argumento y como el diseño de producción

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El cascanueces y los cuatro reinos

· Esta versión del Cascanueces tiene un guion fiel a las historias originales; historias, en plural, ya que el guionista Ashleigh Powell ha unido el cuento de Hoffman al ballet.

Ser Disney

Hace doscientos años el famoso E.T.A. Hoffman, conocido por sus historias de miedo, escribió el cuento infantil El cascanueces y el rey de los ratones. La historia de la joven Clara, su hermano Fritz y su padrino, el señor Drosselmeyer, genial inventor que le regaló un cascanueces por Navidad. Esa noche Clara se encontró en un mundo mágico en el que los juguetes cobran vida, luchando junto al cascanueces contra el malvado rey de los ratones. Dicha historia ganó en popularidad gracias al ballet que orquestaron Petipas y Thaikovsky ochenta años más tarde. Disney, naturalmente, no podía ignorar ni la historia ni la melodía, de hecho La suite del cascanueces aparece en Fantasía. Ahora que se han propuesto “desanimar” sus clásicos, hacer sus remakes con personajes de carne y hueso, esta historia les venía como anillo al dedo.

Esta versión del Cascanueces tiene un guion fiel a las historias originales; historias, en plural, ya que el guionista Ashleigh Powell ha unido el cuento de Hoffman al ballet, con algunos añadidos suyos propios que no desmerecen del primer Cascanueces. La música es tan protagonista como el argumento y como el diseño de producción, una obra magnífica, no solo bellísima sino que se adecúa perfectamente a la historia.

En cuanto al reparto, hay que decir que están todos impresionantes, lo que no sorprende cuando se tiene a Morgan Freeman, haciendo de sí mismo como benévolo Drosselmeyer; a Helen Mirren, en el papel que sea; a Keyra Knightley como seductora Hada del azúcar; o Matthew Macfadyen, aquel señor Darcy de Orgullo y prejuicio enamorado de Keyra Knightley, aquí padre de Clara. Naturalmente el mayor honor corresponde a Mackenzie Foy, que se dio a conocer en Interstellar con diez años, y a quien aguarda un gran futuro en el cine.

Tras los elogios, merecidos, vienen las objeciones, ninguna de gran importancia pero en conjunto pesan: la historia empieza de modo normal, parece que va a tender al pastel, pero se rehace y avanza de maravilla hasta un clímax épico -la gran pelea- que resulta soso, con una solución excesivamente fácil; el tramo final vuelve a ganar. A la dirección de Lasse Hallström se le suma la de Joe Johnston, experto en historias de efectos especiales. Se nota que hay dos direcciones que no siempre se conjuntan bien. Finalmente queda la cuestión de la obra que ha realizado Disney. ¿Es un cuento para pequeños?, ¿un concierto-ballet para mayores?, ¿va a encantar a peques y grandes por igual o no va a gustar ni a unos ni a otros? Se trata de una buena película, bella y positiva. Pero el público tiene la última palabra.

Reseña Panorama
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Fernando Gil-Delgado
Historiador y filólogo. Miembro del Círculo de Escritores Cinematográficos. Ha estudiado las relaciones entre cine y literatura. Es autor de “Introducción a Shakespeare a través del cine” y coautor de una decena de libros sobre cine.