Conversaciones con mi jardinero

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conversaciones con mi jardinero

Dirección: Jean Becker Guión: Jean Cosmos, Jacques Monnet, J. Becker Fotografía: J-M. Dreujou Montaje: Jacques Witta Música: H. Gregson-Williams Intérpretes: Daniel Auteuil, Jean-Pierre Darroussin Duración: 109 m. Público adecuado: Jóvenes

Francia, 2007. Estreno en España: 14.09.2007

La fortuna está en el campo

Hace casi diez años (1998), el francés Jean Becker rodaba su, hasta ahora, mejor película, La fortuna de vivir, una pequeña fábula sobre el valor de la amistad y de la vida sencilla del campo. Con unos mimbres muy parecidos construye ahora el cineasta galo Conversaciones con mi jardinero.

Basado en la novela de Henri Cue­co, Becker nos narra en esta cinta la amistad que se establece entre un maduro pintor en inmerso en una crisis vital y su jardinero, que no es otro que un antiguo compañero de clase. Llevan años sin verse, sus vidas han seguido rutas muy distintas pero, con la excusa de convertir el jardín del pintor en un pequeño huerto, retomarán su antigua amistad.

Cuando uno va a ver una película francesa que ya en el título habla de conversaciones sabe bien a lo que se atiene: diálogos, diálogos, diálogos. De hecho, conversaciones con mi jardinero es un gran coloquio entre el pintor y su jardinero. La película de Becker peca de locuacidad, se acerca peligrosamente a una representación teatral en muchos momentos y, a ratos, se hubiera agradecido que el director callara a sus protagonistas e impulsará la acción de otra manera.

En el fondo, en este caso, es un problema de fidelidad al texto: Becker presume de no ha­ber tocado prácticamente muchos de los diálogos de la novela, y la cinta lo sufre.

Si se prescinde un poco de algunos interminables parlamentos, el veterano realizador nos vuelve a sorprender con una atractiva creación de personajes, una bellísima fotografía y un sugestivo -aunque no demasiado profundo- discurso sobre el valor de las cosas sencillas. La interpretación, como ya sucedía en La fortuna de vi­vir, es magnífica, especialmente en el caso de Jean Pierre Darroussin, que fue el encargado de sustituir a Jacques Villeret, amigo de Becker y protagonista de algunos de sus films, que falleció mientras se terminaba el guión. Da­rroussin encarna con una pasmosa naturalidad al personaje del jardinero que, aplicando una bondad natural y el sentido común, enseña a su sofisticado amigo una serie de valiosas lecciones sobre la fidelidad, la coherencia, la generosidad o el modo de afrontar el sufrimiento.