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Cortometraje: Ni una sola línea, de Víctor E.D. Somoza

Película que rinde pleitesía a esa comedia española, esperpéntica y surrealista, que domina nuestro cine en los años 60

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Ni una sola línea

· Ni una sola línea es tanto una caricatura del cine de atra­cos como una reivindicación de aquellas películas es­pañolas que han dejado huella en este género.

La comedia

Dos amigas, interpretadas por Selica Torcal y Milagros Morón con su habitual vis cómica, acuden a su ci­ta diaria en una cafetería. Hastiadas de sus monótonas vi­das idean, durante el desayuno, un plan que puede cam­biar su destino.

Víctor E.D. Somoza estudia dirección cinematográfi­ca en el Centro de Estudios Cinematográficos de Barce­lo­na (CECC) y obtiene la titulación de montaje en la Es­cuela de Cine y del Audiovisual de la Comunidad de Ma­drid (ECAM). Además, trabaja en la serie televisiva El se­creto de Puente Viejo.

Su anterior trabajo, 5 millones (2011), tiene un largo re­corrido y consigue numerosos premios; ahora con Ni una sola línea (2017) está conquistando al público en la ma­yoría de festivales.

El espíritu de José María Forqué y su película Atraco a las tres (1962) está muy presente en esta pieza con la que Somoza rinde homenaje a todas las abuelas que, con su generosidad, amortiguan las carencias familiares en unos tiempos que se tornan complicados. Al igual que hiciera el maestro Forqué en la obra citada, el retra­to de estas abuelas conspiradoras refleja la realidad social del momento.

La cinta rinde pleitesía a esa comedia española, esperpéntica y surrealista, que domina nuestro cine en los años 60. También lo hace Alfonso Díaz en El atraco (2016). Y, como ocurría en aquellas comedias, el elemen­to interpretativo adquiere gran importancia, dotando de di­namismo y consistencia a este cortometraje. Técnicamente, los planos/contraplanos de las protagonistas enriquecen una historia a la que impregnan de ese ingenio del que brotan pinceladas verdaderamente desternillantes. Queda para el recuerdo la escena del descubrimiento del arma recortada, realmente jocosa.

Selica Torcal crea un personaje al que adora la cámara. La vimos en películas de José Luis García Sánchez y de José Luis Garci y también en Cefalea (2014), corto de María Sánchez, junto a Txema Blasco, otro icono de es­te formato, en el que ambos dejan ingeniosos momentos. También es destacable la presencia de Jon Urrutia y de Gladys Guzmán, que arropan esta obra coral.

Ni una sola línea es tanto una caricatura del cine de atra­cos como una reivindicación de aquellas películas es­pañolas que han dejado huella en este género. Es ci­ne concebido para agradar al espectador y a fe que lo con­sigue.

Reseña Panorama
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Juan Antonio Moreno
Periodista y escritor. Autor de tres libros sobre el cortometraje español desde sus inicios a la actualidad