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El hijo de Saúl

Opera prima del húngaro László Nemes que narra, con un guion muy inteligente, el horror del campo de concentración polaco Aus­chwitz-Birkenau

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El hijo de Saúl

· La película es un ejercicio narrativo de una potencia ex­cepcional. Todo suma al servicio de una obra maestra.

Recovecos de la conciencia

Le decía hace poco a un colega que cuando escucho que el cine está en crisis -me refiero a crisis creativa, de autoría o como se quiera llamar- me quedo perple­jo. Puede ser una provocación o la señal clara de que quien lo sostiene vive en un planeta distinto al mío: o no va al cine o no rescata las películas en DVD.

Internet tiene un lado oscuro, que ha propiciado mi­les de problemas, entre otros, está matando la propiedad intelectual y el periodismo especializado, en­viando al paro (o al voluntariado forzoso) a miles de profesionales que querrían vivir dignamente de su tra­bajo… Perdón, vuelvo: internet bien usado tiene co­sas estupendas. Ha hecho posible que de manera le­gal y con precios razonables todo el cine del mundo es­té accesible a cualquier persona interesada, viva don­de viva.

Una opera prima como la del húngaro László Nemes es se­ñal cierta de la vitalidad del cine como arte, en es­te ca­so un arte tremendamente doloroso, por lo que su­pone en su indagación en los recovecos de la conciencia humana en un panorama desolado por la abyec­cción, donde la supervivencia de la decencia, la hon­radez y la bondad se hace muy difícil.

Nemes vuelve al campo de concentración polaco Aus­chwitz-Birkenau para contarnos la historia de Saúl, un húngaro judío que forma parte de las cuadrillas locales que ayudan a los nazis a exterminar a los prisioneros en las cámaras de gas, después de expoliarles.

El hijo de Saúl es un ejercicio narrativo de una potencia ex­cepcional. Todo suma al servicio de una obra maestra: el formato elegido (1:33:1), la planificación, los mo­vimientos de cámara, el empeño por adoptar el pun­to de vista de los miembros de los sonderkomandos usan­do el desenfoque, el aterrador sonido sabiamente edi­tado, las portentosas interpretaciones, la calidad de escritura de un guion que fluye implacable usando un conflicto tremendamente inteligente (que no desvelaré) para mover la historia…

Sales destrozado del cine, pero cuando pasan unos días, tomas conciencia de haber visto una película excepcional, que para contarte el horror no renuncia a una ética en la representación del mal, que tantos no quie­ren o no saben usar.

Reseña Panorama
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Alberto Fijo
Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor