El pacto

La opera prima de David Victori tiene una sólida factura y una atmósfera inquietante, si bien el guion carece de sentido

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El pacto (2018), de David Victori

El guion de El pacto es un pequeño desastre porque plantearse un acuerdo con el diablo sin creer en él, termina siendo, como vemos, algo ridículo.

Mónica está dispuesta a lo que sea con tal de que su hija se recupere de un coma que, en teoría, sólo tiene una salida. El problema viene después, cuando se le pide que cumpla su parte, que pague lo que ha prometido inconscientemente, entonces sus días serán una pesadilla.

La opera prima de David Victori tiene muchas cosas buenas; una sólida factura, una atmósfera inquietante, una trama que los actores se toman en serio, y dos actores Dario Grandinetti y Belén Rueda, muy solventes. Pero el guion es un pequeño desastre porque meterse a hacer un pacto con el diablo sin creer en él, termina siendo, como vemos, algo ridículo. Un thriller sobrenatural, dicen, que viene a ser “jugar a las tinieblas”. En los buenos tiempos de Marlowe, Calderón o Goethe, el pacto con el diablo se firmaba con sangre y comprometía a las dos partes, tu alma contra los beneficios que se concedían durante un tiempo. Ahora no saben qué se ofrece a cambio de qué, ni por qué causa.

El gran problema, que el suspense queda muy limitado, y que los actores tienen también un ámbito muy reducido para desarrollar un personaje. Apenas el cariño paterno o materno y una maldición (gitana) de fondo.

Reseña Panorama
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Fernando Gil-Delgado
Historiador y filólogo. Miembro del Círculo de Escritores Cinematográficos. Ha estudiado las relaciones entre cine y literatura. Es autor de “Introducción a Shakespeare a través del cine” y coautor de una decena de libros sobre cine.