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First Man (El primer hombre)

Damien Chazelle se acerca a la historia de la llegada del primer hombre a la luna con una fidelidad llamativa a las constantes dramáticas de sus tres largometrajes precedentes

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· En First Man, Chazelle viaja al espacio con una valentía excepcional, respetando la verdad (la historia), sin idealizar a un boy scout (siempre estuvo orgullloso de serlo) que con 22 años ya había participado en 78 vuelos de combate en Corea.

Fascinante Chazelle

En el año 2005 apareció el libro First Man: The Life of Neil A. Armstrong, escrito por James R. Hansen. La obra contó con el beneplácito de Armstrong que tenía entonces 75 años. En 2012, el astronauta, piloto, ingeniero aeronaútico y profesor universitario falleció como consecuencia de las complicaciones tras una intervención para hacerle un bypass coronario. Tenía 82 años. Janet Shearon, esposa de Armstrong durante 38 años (entre 1956 y 1994), murió el 21 de junio de 2018. Tenía 84.

Damien Chazelle se acerca a la historia de la llegada del primer hombre a la luna con una fidelidad llamativa a las constantes dramáticas de sus tres largometrajes precedentes, Guy and Madeline on a Park Bench, Whiplash y La La Land: el precio de los sueños, el carácter necesario para llevarlos a cabo, los daños colaterales, el amor a prueba de fuego. Hay que tener en cuenta que ha trabajado por primera vez con un guion ajeno, que firma Josh Singer (Spotlight y Los archivos del Pentágono), pero la foto, el montaje, el casting y el vestuario los ha encomendado a los que trabajaron con él en La La Land. Muy significativas son la presencia de Francine Maisler, la gran directora de casting entre otros de Malick y de Iñárritu. Y del inglés Nathan Crowley, diseñador de producción de Christopher Nolan. Ambos hacen un trabajo verdaderamente fascinante.

Porque si hay un adjetivo que te viene una vez y otra a la cabeza tras contemplar la película es fascinante. Fascinante no solo en secuencias aisladas, cosa que ya es muy meritoria, sino fascinante en su conjunto. La película tiene una arquitectura muy inteligente: conjuga el paso del tiempo de una carrera (la espacial) que termina con una pisada sobre la superficie lunar, un 22 de julio de 1969, mientras el tempo fílmico lo marca la personalidad de un hombre que hace del vuelo una forma de vida marcada por un carácter y una disciplina que no definiremos porque es mejor que ustedes se lo encuentren en la película. El ir y venir de Armstrong que va a la aventura, a jugarse la vida, con la aprobación de una mujer de un temple excepcional.

En estos tiempos de inteligencia emocional o de pensamiento débil, como gusten, una película como la de Chazelle es pura dinamita. Armstrong fue un tipo bastante parecido al que nos muestra la película, como han manifestado muchas veces los que le conocieron y trabajaron con él. Pretender que este filme se parezca a Gravity o Interstellar es un tremendo error de apreciación: al menos, me parece, que hay que procurar poner de relieve que comparas narraciones muy distintas.

First Man (El primer hombre)
Ryan Gosling en First Man (El primer hombre), de Damien Chazelle

A la Luna se llega con monos de vuelo manchados de vómito, con mucha sangre y entrenamientos reiterados hasta el automatismo reactivo, determinación, caídas y heridas, trabajo de equipo, interminables ejercicios de cálculo, ensayos, errores, desgaste mental, muerte de compañeros, funerales y viudas jóvenes…

Chazelle viaja al espacio con una valentía excepcional, respetando la verdad (la historia), sin idealizar a un boy scout (siempre estuvo orgullloso de serlo) que con 22 años ya había participado en 78 vuelos de combate en Corea. Allí le derriban. Se casa con 28. Pierde a una hija de dos años por un cáncer en el 62. Es piloto de pruebas y se muestra determinado, humilde, modesto dentro y fuera de la NASA. Un hombre que controla porque sabe que de su control, de su liderazgo sereno depende mucha gente y mucho dinero. Un anciano de 35 años que a esa edad ya ha probado las aeronaves más modernas y rápidas del mundo.

Por eso, cuando Chazelle va mostrando los capítulos del proyecto Géminis que precedieron al Apolo, no solo está respetando la verdad, está haciendo un maravilloso relato fílmico de una odisea a cuatro niveles (el macro es el gran salto para la humanidad, el micro es el paso de un hombre con virtudes y defectos palpables; en medio, una familia y un país).

Producción de Spielberg

Es fascinante la manera en que Gosling y Foy construyen a sus personajes. Si alguien tenía alguna duda de su valía interpretativa, igual tiene que graduarse la vista y el oído. Algunas de las secuencias que comparten son de las más hermosas que he visto en años. Cómo se miran y cómo no se miran… es fabuloso. El montaje de sonido, la música tasada a la medida del corazón de Armstrong, que solo suena sinfónica cuando el tipo está entre 100 y 150 pulsaciones por minuto al alunizar. La produccíon de Spielberg es un dato my significativo, como lo es que el presupuesto sea de “solo” 60 millones de dólares.

Es cine de autor, cine ontológico (el que trata del ser, más que del hacer) en el que hay mucha machina y poco Deus… si me fuera por aquí, la película de Chazelle da para escribir muchos folios. Como también ocurre en lo formal: el uso de los pasillos de la casa, el peinado y el modo de vestir de Janet y Neil, la música callada, la soledad sonora, ese niño que da la mano a su padre al despedirse, el beso dibujado en el cristal, la paleta de colores que quiere mostrar un mundo de colores metálicos y plásticos con la humanidad de la madera de los hombres y mujeres que lo habitan.

Formato panorámico, sí, pero con una planificación cerrada (al espacio -por el momento- no se va en naves de enormes salones, todo es pequeño y angosto) y un cromatismo característico de una sociedad que convierte la carrera espacial en una manera de lidiar con la Guerra Fría y la América de los asesinatos de presidentes y líderes de la igualdad racial (qué maravilloso inciso hace Chazelle sobre el hombre blanco y el fabuloso coste de la carrera espacial)… First Man es una película pluripotente pero para recibirla hay que arremangarse y trabajar y documentarse en fondo y forma … Baste mencionar el negativo usado: 16, 35 y 65 mm con cámaras Camtec Vintage Ultra Primes y una IMAX MSM 9802.

Así es esta película bellísima. Es un beso dibujado en un cristal. Y el espectador tiene que ir preparado para esa sutileza. Son cosas del cine con C grande. La C de una (otra) gran película de Chazelle.

Reseña Panorama
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Alberto Fijo
Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor