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Ha nacido una estrella

Hay personalidad, audacia y talento en la primera película del actor Bradley Cooper que ha subido a una estrella de la canción a una historia que se pone al día tras tres versiones anteriores

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· Bradley Cooper debuta en la dirección con una historia poderosa en la que da el cante: era vital que tanto Lady Gaga como él cantasen en directo durante Ha nacido una estrella. Lo hacen formidablemente.

Voz propia

Sí, la historia no es original. Les ahorro la perorata. Se inventó en los años 30.

Cooper escribe (es uno de los guionistas adaptadores), dirige y protagoniza una película que como casi todas las primeras películas es mejorable. Pero es que precisamente en lo que podríamos llamar defectos, reside -a mi juicio- el encanto de una historia sincopada donde el ser de los personajes se supedita al estar, al estar detrás de un micro cantando con un feeling estupendo, difícil de conseguir en películas en las que intervienen cantantes profesionales, canciones que contienen una historia de amor entre músicos.

No me cae ni bien ni mal Lady Gaga: jamás había escuchado completa una canción de esta cantante italo-estadounidense, ni en audio ni en vídeo. Su personaje, Ally, engancha porque tiene fuerza y carisma interpretativo, pero también porque Eric Roth (Forrest Gump) sabe caracterizar las tipologías en los viajes vitales y el otro guionista, Will Fetters (Lo mejor de mí, Cuando te encuentre, Recuérdame), maneja con soltura el conflicto de relación, con trama encuentro-desencuentro.

Algún colega señalaba con gracia que la película le ha gustado y lo decía como pidiendo perdón. Entiendo esa especie de temor reverente a manifestar aprecio cuando en las cintas homónimas precedentes salen a relucir nombres como los de Judy Garland o James Mason, Barbra y Kristofferson (bastantes pisos por debajo) dirigidos por Wellman o Cukor.

Hay que tener valor para afrontar una historia tan torrencialmente apasionada y trágica como ésta. Y Cooper supera el reto, acertando de lleno al contar con Libatique (que tanto ha trabajado con Aronofsky) como director de fotografía, porque es una buena elección para iluminar historias tortuosas.

Me interesa mucho esa estrategia de controlar la bajada a los infiernos de Jackson Maine, el cantante veterano que quema su vida. Es como si le dijera al espectador: “te ahorramos lo que te puedes imaginar y en una secuencia (la de los Grammys) te demostramos que sabemos hacerlo“. Las canciones compuestas por Gaga, Ronson y Nelson hilan muy bien la historia, en algún caso de manera excelente.

Se puede disculpar el vedettismo bobo de Cooper y Gaga en alguna secuencia porque yo lo valgo que parece más propia de un videoclip o de un anuncio de colonia que de un largometraje dramático. Y el exceso de metraje.

La película se ve bien y llega porque es buena.