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La cabaña

Una honrada visión de la fe y de la capacidad y necesidad del perdón en esta historia basada en un libro que ha vendido más de siete millones de ejemplares

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La cabaña

· La cabaña es una película razonablemente buena; realizada con modestia, cubre sobradamente con sus objetivos, la realización es eficaz, con tendencia a recurrir a las técnicas del melodrama.

Hablar con Dios

Mack está enfadado con Dios: en primer lugar, su padre era una persona religiosa pero también un borracho que les pegaba a él y a su madre; después, superada aquella fase, de una manera horrible que no diremos, recuperó la paz con la ayuda de una esposa serenamente devota, y la de su bella familia Kate, Josh y Missy, dos adolescentes y una niña de seis años. Entonces, una nueva desgracia -la pérdida de la pequeña- le hace sumirse en una profunda tristeza y una gran crisis de fe. En plena depresión recibe una extraña carta en la que papá le invita a verle en la cabaña donde vio a Missy por última vez; papá es la forma en la que la familia siempre se ha dirigido a Dios. En la duda de si alguien le gasta una broma o algo peor, Mack se decide a viajar a la cabaña donde -de un modo especial- se encontrará con la Santa Trinidad: Padre -en este caso una señora afroamericana-, Jesús, un carpintero de oriente medio; y el Espíritu Santo, una mujer de rasgos asiáticos. Durante tres días, Mack hablará con los tres, les abrirá su corazón, aprenderá a enfrentarse a una serie de verdades, a entender la visión de Dios sobre su vida, a perdonar y a comprender a los demás.

William P. Young escribió La cabaña en 2007, un libro especial que cuenta la historia que acabo de resumir -la película es fiel al libro-, una historia que tiene tanto de melodrama como de ensayo religioso. Nadie quiso publicarla, de modo que Young se convirtió en editor de su propio libro y ha vendido más de siete millones de ejemplares. En ese apoyo popular se basa la productora para realizar esta película, y más tras los notables resultados obtenidos recientemente por películas de corte similar como Los milagros del cielo y El cielo es real. Esto exige tres observaciones; la primera, se refiere al público al que se destina La cabaña; la segunda, tiene que ver con el cine religioso; la tercera, con la calidad cinematográfica de esta cinta.

En cuanto al primer punto, los lectores de la novela no se podrán quejar, se trata de una adaptación honesta y bastante lograda del libro; pero el público que no conoce la obra original, se puede llevar una sorpresa tanto al descubrir que está viendo una película descaradamente cristiana -sin apellido-, como al ver las licencias que se toman los autores a la hora de representar la Trinidad, y hay quienes encontrarán excesivamente infantiles o simplistas los diálogos de Mack con Dios. Lo que nos lleva directamente a la segunda observación.

La cabaña
Sam Worthington (Mack Phillips) protagoniza La cabaña (The Shack, 2017)

Hace un momento mencioné Los milagros del cielo y El cielo es real, calificándolas de películas de corte similar; lo son y basta compararlas con Silencio o con De dioses y hombres, para entender el alcance de la comparación. La cabaña (y las otras) son obras realizadas con mucho corazón, y se dirigen a un público bien dispuesto hacia su contenido. Las otras dos, por no hablar de algo como El árbol de la vida, son profundas reflexiones teológicas, unidas a una gran maestría cinematográfica. La cabaña tiene la virtud de ser fácilmente comprensible por un público muy amplio, también es más fácil de ser criticada desde el punto de vista religioso.

Finalmente, y este es nuestro último punto, La cabaña es una película razonablemente buena; realizada con modestia, cubre sobradamente con sus objetivos, la realización es eficaz, con tendencia a recurrir a las técnicas del melodrama. Ahora bien, el guion no es perfecto; el plato fuerte lo constituye el encuentro de Mack con Dios Trino; Mack (Sam Worthington) no tiene un rol en el que pueda lucirse, debería ser protagonista y su papel es el de comparsa, su interpretación no pasa del aprobado; mientras que papá (Octavia Spencer) está magnífica como Dios Padre (sic); Avraham Aviv es un Jesús cercano, y Sumire Matsubara resulta un enigmático y distante Espíritu.

La cabaña ofrece una honrada visión de la fe y de la capacidad y necesidad del perdón. Sin duda no es muy profunda, pero es accesible al gran público de una forma que otras cintas, más serias, no lo son. La prueba del nueve será cómo les afecte la duración de la película. Si llevan bien sus 130 minutos, es para ustedes.

Reseña Panorama
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Fernando Gil-Delgado
Historiador y filólogo. Miembro del Círculo de Escritores Cinematográficos. Ha estudiado las relaciones entre cine y literatura. Es autor de “Introducción a Shakespeare a través del cine” y coautor de una decena de libros sobre cine.