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La casa de Jack

Con una larguísima duración, esta humorada macabra queda para los incondicionales de Von Trier y de Matt Dillon, que ha realizado uno de sus mejores trabajos

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La casa de Jack

· La casa de Jack toca todos los temas polémicos que han afectado a Von Trier en los últimos años, especialmente lo que le afecta más íntimamente en su creación.

Biografía con toques de Tarantino y de Godard

La historia de un asesino en serie, en Estados Unidos, en los años setenta. La película ha sido compuesta como un largo diálogo entre Jack, el asesino, y Verge, un extraño interlocutor que podría ser Virgilio, el poeta romano que guió a Dante por el inframundo. Jack cuenta sus últimos doce años en cinco capítulos que él llama incidentes, llenos de horror, a los que sigue un epílogo. Jack justifica sus actos, que considera obras de arte. Además de sus crímenes vemos también sus esfuerzos por construir una casa. El diálogo con Verge, crítico experimentado, toca todos los temas posibles, vida y muerte, bien y mal, belleza y fealdad, Dios y el hombre.

Lars Von Trier es un genio que, desgraciadamente, es muy consciente de ello; es narcisista y le encanta provocar. Todas sus películas tienen algo grande, las buenas son impresionantes, las malogradas, por su propia genialidad, caen en lo grotesco. Para desgracia de una cierta corriente, dispara en todas direcciones y no solo en las políticamente correctas. La casa de Jack toca todos los temas polémicos que han afectado a Von Trier en los últimos años, especialmente lo que le afecta más íntimamente en su creación. Esta cinta es un relato autobiográfico, Von Trier se retrata y justifica, mientras que Jack, su sosia, es una simple, cruel y humorística, efigie que se puede dejar arder en el infierno.

Una humorada macabra llena de detalles geniales, pero que no acaba de cerrar bien: en primer lugar tenemos la larguísima duración, casi tres horas, que se hacen sentir; hay además demasiadas repeticiones para aclarar lo evidente; finalmente, el tono de cada uno de los cinco episodios se va deteriorando a la vez que el diálogo requiere más atención -y su interés puede no ser evidente-, y eso se convierte en un castigo para el espectador. Solo el epílogo -humorísticamente llamado “Katábasis”-, supone un alivio.

Formalmente toma mucho de sí mismo, pero también de Tarantino y de Jean Luc Godard; un poco menos le habría sentado mejor. Largos diálogos en torno a situaciones truculentas para angustiar al espectador; imágenes fijas, montaje rápido, frases impresas que vuelven como un ritornello, y que como hace el francés, cansan y aburren. Hasta la broma de Bob Dylan acaba por resultar tediosa. Utiliza en su montaje godariano imágenes de Glenn Gould, de William Blake, de Adolph Hitler, y algunas de elaboración propia.

En cuanto a los temas, quiere provocar y provoca risas y enfados por igual en el público, según aquello a lo que dispara; feminismo, arte, sadismo, libertad creadora, ética y religión; el modelo que muestre; la intensidad de la imagen, porque hay algunas de una dureza extrema.

Relato desmedido que tiene muchos detalles interesantes. Recomendable para los incondicionales de Von Trier y de Matt Dillon, que ha realizado uno de sus mejores trabajos. Bruno Ganz, como siempre, excelente.

Reseña Panorama
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Fernando Gil-Delgado
Historiador y filólogo. Miembro del Círculo de Escritores Cinematográficos. Ha estudiado las relaciones entre cine y literatura. Es autor de “Introducción a Shakespeare a través del cine” y coautor de una decena de libros sobre cine.