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La gran apuesta

La película se mueve con soltura entre el drama, el thriller y la comedia ácida, que casa muy bien con las aristas de la caleidoscópica realidad que describe

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La gran apuesta

· El filme añade a las películas sobre la crisis un enfoque nuevo: el de los cuatro tipos que fueron capaces de ver lo que otros no vieron y vaticinar el colapso.

“La verdad es como la poesía…

…y la mayoría de las personas odia la maldita poesía”. La cita de la película es síntesis certera de su intención. La gran apuesta es un filme tan incómodo y abstruso como un poema vanguardista. Cuesta seguir el argumento, la trepidante narrativa desazona, la voz en off y los apartes de los actores pueden llegar a irritar, pero ahí está precisamente la gracia: en que esos recursos estilísticos transmiten con coherencia la verdad que cuentan.

El origen de la crisis económica mundial de 2008, esa hermética burbuja inmobiliaria construida con decisiones ambiciosas y temerarias y recubierta por una terminología incomprensible, generó en los bancos, los medios de comunicación y el gobierno una sensación de solidez, estabilidad y confianza narcotizante y difícil de desenmascarar. Y tú, ciudadano anónimo que disfrutabas con frenesí de la época dorada, formaste parte de la farsa: “Les están jo****** y ellos solo piensan en la rehabilitación de una modelo”.

La película de McKay, basada en el libro homónimo de Michael Lewis (periodista financiero, autor de The Blind Side y Moneyball), comparte argumento y temas con el documental de Charles Ferguson, Inside job (2010), acerca de las posibles causas de la crisis; con Margin Call (2011), de J.C. Chandor, sobre los actores de la quiebra poco antes de que ésta estallara; incluso con el exceso de El lobo de Wall Street, de Martin Scorsese, pero añade un enfoque nuevo: el de los cuatro tipos outsiders que, cada uno en su contexto, fueron capaces de ver lo que otros no vieron o no quisieron ver y vaticinar el colapso.

Con sólido y trepidante guion de Charles Randolph y el propio Adam McKay, La gran apuesta se mueve con soltura entre el drama, el thriller y la comedia ácida, que casa muy bien con las aristas de la caleidoscópica realidad que describe. Colabora un estilo irreverente y audaz que se despliega en el montaje de Hank Corwin (El árbol de la vida, El nuevo mundo), con la irrupción de imágenes televisivas sobre celebrities, interpelaciones directas al espectador, etc., todo envuelto en una música intradiegética donde predomina el heavy metal de Michael Burry, el personaje real de Christian Bale, y unos palillos, que retrotraen a Whiplash (de la que el compositor Nicholas Britell es productor, por cierto).

Esa es una de las bazas del filme. La otra, la interpretación, un elenco fantástico de actores: Christian Bale y Steve Carell, en primer plano, muy bien acompañados por Ryan Gosling, Finn Wittrock y John Magaro. Incluso Brad Pitt, coproductor de la película, se reserva un pequeño papel, y la verdad es que cuesta descubrirlo bajo esas barbas.

Es un gustazo ver desfilar a semejante reparto, pero quien destaca por encima de todos es el camaleónico Bale, en el papel de un neurólogo superdotado y asocial, amante de la música heavy metal y capaz de interpretar a través de su ojo de cristal los números y su significado con el mismo desparpajo que los demás mortales leemos las letras con los dos ojos. Una vez más, se gana a pulso la candidatura a mejor actor secundario en los Oscar, una de las cinco que acumula La gran apuesta, junto con mejor película, director, guion adaptado y montaje.

Reseña Panorama
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Periodista. Máster en Guion, Narrativa y Creatividad Audiovisual por la Universidad de Sevilla

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