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La niebla y la doncella

Nueva adaptación de una novela del madrileño Lorenzo Silva, esta vez desangelada y carente de ritmo, sorpresa y veracidad

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La niebla y la doncella

· Tercera vez que el cine español adapta una obra de Silva: antes ya lo hicieron Manuel Martín Cuenca (La flaqueza del bolchevique) y Patricia Ferreira (El alquimista impa­cien­te).

Cine mínimo, isla desierta

El cine español ya no está para estos trotes. Hace unos años La niebla y la doncella no sería tan decepcionante. Con algunas excepciones, el thriller no era lo nuestro. Nos que­daba impostado ese cine de tiroteos, persecucio­nes y diá­logos perversos y sugerentes. Pero llegaron cineastas co­mo Enrique Urbizu, Daniel Monzón o Alberto Rodríguez que cambiaron totalmente el panorama español con películas como No habrá paz para los malvados, Celda 211 o Grupo 7.

Esta película está basada en la tercera novela de la sa­ga (ocho hasta la fecha) escrita por el madrileño Lorenzo Silva, que protagonizan los investigadores de la Guar­dia Civil Bevilaqua y Chamorro. El brigada y la sargento viajan desde Madrid a La Gomera para esclarecer un asesinato en que parece estar implicado un político im­portante en la isla.

Es la tercera vez que el cine español adapta a la pantalla grande una obra de Silva: antes ya lo hicieron con al­go más de acierto Manuel Martín Cuenca (La flaqueza del bolchevique) y Patricia Ferreira (El alquimista impa­cien­te).

La niebla y la doncella
Quim Gutiérrez y Aura Garrido en La niebla y la doncella (2017)

Andrés M. Koppel (guionista de películas apreciables co­mo Intacto y Zona hostil) se pone por primera vez tras la cámara y también se encarga de escribir esta desangelada versión cinematográfica que cuenta con un reparto de mucha categoría: Verónica Echegui, Roberto Álamo, Aura Garrido, Marián Álvarez… Desde el primer momento la historia ni interesa ni se entiende. La acumulación de tópicos, diálogos artificiales y erotismo de gasoline­ra hacen que la película carezca de ritmo, sorpresa y ve­racidad. Y los actores se contagian interpretando con iner­cia y frialdad personajes con los que es muy difícil sin­tonizar. Casi tanto como creerse un enredo criminal así de enmarañado en esa desértica isla mínima.

La película apenas tuvo defensores en el pasado Festival de Cine Español de Málaga, donde compartió sección ofi­cial con otro thri­ller muy desnortado: Plan de fuga, de Iña­ki Dorronsoro.