Oro

Agustín Díaz Yanes vuelve a trabajar sobre una historia de Pérez Reverte y el triste relato va de ala: insustancial, plano, previsible, aburrido.

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· La realización de Oro es excelente, con un nivel de producción muy bueno. No puede decirse lo mismo del guion, que es una verdadera calamidad.


A otro olivo

Durante años hemos echado en falta películas y series de producción española que se asomen a la historia anterior a la Guerra Civil. Oro fabula una de las expediciones de mediados del siglo XVI por tierras americanas. Y no seré yo quien afee esa elección temática. Bienvenida sea. En otra parte, hablaremos de una “cierta tendencia en la ficción audiovisual española”, con elementos muy positivos y otros menos…

Escribo estas líneas un 8 de noviembre, cuando se cumplen 500 años de la muerte de Cisneros. Poco antes, Carlos había llegado a España para ser jurado por las Cortes de los Reinos Hispánicos. Mañana me iré a Torrelaguna y Alcalá para honrar su memoria, con un orgullo que no me quitarán ni tirios ni troyanos. Un orgullo ilustrado, Dios lo sabe, que en mi país hay gente que lee e investiga además de Díaz Yanes y Pérez Reverte.

La historia que escriben ambos es un oscuro relato de terror que se desarrolla en una selva, ambientado en 1540, siendo Emperador Carlos. La realización es excelente, con un nivel de producción muy bueno. No puede decirse lo mismo del guion, que es una verdadera calamidad: tanto que no permite a los actores (que son buenos profesionales) lucirse, por el sencillo motivo de que el texto, los conflictos, la trama, los diálogos son un desastre y convierten a los personajes en caricaturas de un tebeo para adolescentes ayunos de ciencia y ansiosos de emociones fuertes.

Oro
Raúl Arévalo en Oro (2017), de Agustín Díaz Yanes

Se repiten todos los tics de un escritor cansino, que repite hasta el hartazgo de la previsibilidad mecánica el estereotipo malditista: cinismo, desencanto, corrupción, cainismo, toscas caricaturas, alimañas codiciosas sin el mínimo atisbo de un contrapunto razonable que conceda que hubo gente de extraordinaria valía, ideales, nobleza, fe sincera. No, no hay hombres buenos, ni regulares, el peor el cura, faltaría más… Queda una retórica resultona para pontificar sobre casi todo impostando la voz para que suene grave, admirando sin rebozo la grandeza de un Imperio como no lo hubo igual con una mano, con la otra asiendo el pasamanos del tobogán del victimismo profesional.

A otro olivo con el mochuelo. Cinematográficamente, Oro es un western peckinpahiano, muy aburrido por momentos, con algunos pasajes tan ridículos que mueven a la hilaridad. Es como Depredador, de McTiernan, pero se ahorra el monstruo y lo suple con ínfulas.

Reseña Panorama
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Profesor universitario de Narrativa Audiovisual. Escritor