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Pablo, el apóstol de Cristo

Los productores de Resucitado mejoran su cine con una película notable sobre un personaje apasionante

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Pablo, el apóstol de Cristo

· Inteligente y poderoso acercamiento a la última vuelta de la carrera de fondo de un personaje fascinante.

El final de la carrera

Comenzar la crítica de esta película afirmando que muchos conocen la vida y obras de Pablo de Tarso sería un error. Incluso en países como España donde la huella del Cristianismo es muy profunda, son pocos los que conocen con relativa profundidad al Apóstol de las Gentes.

El estereotipo ridículo de que era un tipo gritón y pendenciero, que parecía disfrutar metiéndose en problemas, se ha extendido demasiado. Muchos creyentes conocen los textos que han escuchado en las misas, pero muy pocos  han leído un buen libro sobre el hombre sin el que es muy difícil entender la religión cristiana y la historia del mundo.

Muchas de las divisiones y cismas en el seno del Catolicismo se han debido a interpretaciones de la doctrina paulina, es decir, de la transmisión que hizo de la fe operativa (permítanme que le ponga el adjetivo, tan propio de Pablo) en Jesucristo.

La película que escribe y dirige Andrew Hyatt es inteligente y maneja bien el impacto emocional salvo en algunos momentos en que la música o algún episodio de las subtramas pierde el tono general, muy equilibrado. La arquitectura narrativa del relato aborda con mesura el conflicto interior (Pablo en la cárcel Mamertina a la espera de ser ejecutado) para apoyarse decididamente en el conflicto de relación (Lucas que llega a Roma porque sabe que se acaba la carrera de Pablo y quiere terminar el libro donde cuenta los primeros pasos de los cristianos, los Hechos de los Apóstoles) y completar la trama con un conflicto básico, de acción: el dilema de la comunidad cristiana de Roma que no sabe si permanecer en la urbe o huir de la furia desatada por Nerón.

Pablo, el apóstol de Cristo
Andrew Hyatt dirige Pablo, el apóstol de Cristo (2018)

Con un diseño de producción similar al usado en Resucitado, Hyatt cuenta con una interpretación soberbia de James Faulkner que da vida a un Pablo frágil y poderoso, con una humanidad anegada de divinidad. El reto era inmenso y Faulkner transmite algo que todavía muchos no entienden: si Pablo no hubiese sido un hombre afable y con un corazón gigante, su sola cabeza (prodigiosa por otra parte) y su enseñanza no hubiesen atraído de forma tan eficaz a miles de personas de muy distinta procedencia. En ese sentido, la escritura de diálogo en la que Pablo está presente es muy buena, tanto que se nota el bajón cuando nos vamos con Priscila y Aquila.

La presencia de Caviezel como productor y actor encargado de encarnar al evangelista Lucas, discípulo de Pablo, es decisiva en la película que, como no podía ser de otra manera, trata de la manera de identificarse con su Maestro de un grupo de hombres y mujeres metidos en un crisol.

¿Una cinta catequética? Sí. No todo va a ser en el cine dar leña con ocasión o sin ella a todo lo que huela a cristiano. Pero es catequética en un sentido que el 95% de los que emplean esa etiqueta peyorativa no tienen ni la más remota idea del sentido profundo de la palabra griega catequesis: tradición del depósito de la fe a los nuevos miembros que se inician en la Iglesia Católica, que se continúa durante toda la vida porque el depósito del coche no es fantástico, es infinito.

¿Una película solo para cristianos convencidos que viven su fe? Sí, pero también para cualquiera que, sin prejuicios, quiera descubrir o conocer mejor a uno de los personajes más fascinantes e influyentes de la historia de la humanidad.

Reseña Panorama
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Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor