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Roman J. Israel, Esq.

El director de Nightcrawler emplea similares estrategias para contar la historia de un inteligente y misántropo abogado

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Roman J. Israel, Esq.

· Roman J. Israel es un abogado que hace el trabajo oculto para un bufete de Los Angeles. Su vida recluida y monótona se quiebra cuando en los primeros minutos de la cinta mue­re su jefe.

Del derecho y del revés

El segundo largo de Dan Gilroy, tras Nightcrawler, vuel­ve a contar con un protagonista en ruinas que carece por completo de elementos con los que el espectador me­dio pueda empatizar. Al igual que el reportero Louis Bloom (Jake Gyleenhall) en aquel ácido retrato sobre los cazadores de noticias luctuosas, Roman J. Israel es un personaje de los que es muy difícil no enamorarse si­no simplemente interesarse.

Israel es un abogado que hace el trabajo oculto para un bufete de Los Angeles. Su vida recluida y monótona se quiebra cuando en los primeros minutos de la cinta mue­re su jefe. El guion de Gilroy se mete por los vericuetos del mundo del derecho, de manera similar a la que usó para retratar a las televisiones locales californianas en Nightcrawler.

La película se entrega a un Washington fondón y con un estilismo atroz que domina cada plano de la película en su papel de quijote sanchizado. Lo que se cuenta tie­ne muy poco interés y el empeño de Gilroy por desconflictuar la historia no ayuda o ayuda, según se vea.

Roman J. Israel, Esq.
Denzel Washington y Colin Farrell en Roman J. Israel, Esq. (2017), de Dan Gilroy

Es cine de autor en el que se cometen, a mi juicio, tre­mendos errores en la construcción del personaje de Is­rael enfrentado a los molinos (el abogado buitre que re­presenta un solvente Colin Farrell o la angelical activista de los derechos civiles que asume Carmen Ejogo). Esos errores, bien mirados, facilitaron que Denzel Wa­shing­ton fuera un asombroso candidato a mejor actor en los Oscar.

Cuando tienes poco que contar siempre te queda aferrarte a lo estrafalario. El cierre de la película pretende jus­tificar la trama precedente, pero nos quedan muchas du­das de que el conjunto tenga entidad suficiente desde el punto de vista del viaje del personaje, tampoco como fres­co social de un mundo muy mejorable.

Los Gilroy (Tony, director de Michael Clayton y Duplicity, y el montador John, que ha trabajado con sus her­manos) son hijos de Frank D. Gilroy (1925-2015), un prolífico dramaturgo ganador del Pulitzer en 1965 y guio­nista de televisión, por lo que han convivido con el ar­te dramático desde niños. Dan Gilroy está casado con la actriz Rene Russo. Es un dato que conviene tener en cuen­ta.

Reseña Panorama
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Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor