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El sacrificio de un ciervo sagrado

Lanthimos, tras el galardón al mejor guion en Cannes, cuenta con tres nominaciones a los premios de la Academia de Cine Europeo con esta película hueca y pretenciosa

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El sacrificio de un ciervo sagrado

En El sacrificio de un ciervo sagrado Lanthimos está demasiado empeñado en sorprender y perturbar a sus espectadores, en pasárselo bien haciendo vudú con los sentimientos y emociones de sus personajes.

El placer de dejarse manipular

A la salida del pase para acreditados de lo último de Yorgos Lanthimos en el Festival de Cine de Sevilla -una película que venía precedida por el Premio al mejor guion en Cannes y cuenta con tres nominaciones a los premios de la Academia de Cine Europeo-, comenté en Twitter que el filme me había parecido insano, hueco y pretencioso. Un compañero de la crítica me preguntó si había algo malo en que un filme fuera insano y me hizo pensar. Le respondí que no, siempre que no se añadan los dos epítetos siguientes. Que me molestaba esa forma de manipular al espectador que tiene el director griego.

Los temas que plantea Lanthimos en sus películas suelen ser interesantes y cercanos, en este caso la disyuntiva entre tomar la iniciativa y ofrecer en sacrificio algo muy valioso o retenerlo y arriesgarse a perderlo todo. El origen de esa encrucijada está en una culpa pasada para la que no hay perdón ni misericordia de los dioses.

En esta historia de un matrimonio de médicos con dos hijos que protege a un chico de dieciséis años sin padre, resuena el eco de la tragedia de Ifigenia en Áulide de Eurípides, pero es una reverberación vacua y falta de sentido. Lanthimos está demasiado empeñado en sorprender y perturbar a sus espectadores, en pasárselo bien haciendo vudú con los sentimientos y emociones de sus personajes, en sacarse los hechos de la chistera como un prestidigitador y decidir la vida y la muerte como un dios caprichoso y contradictorio.

Solo salvo la primera mitad de la película, mientras dura la intriga enfatizada por la música. Después, todo resulta previsible y rocambolesco. Colin Farrell y Nicole Kidman, en un dúo que han repetido recientemente, están en su estilo habitual, inquietante y angustioso.

Comprendo que hay mucha gente que se rinde ante el modo de hacer cine de Lanthimos, que disfruta dejándose manipular. Yo no consigo entrar al pacto de visionado que me propone.

Reseña Panorama
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Periodista. Máster en Guión, Narrativa y Creatividad Audiovisual por la Universidad de Sevilla