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Un sol interior

Juliette Binoche vuelve a brillar en una interpretación de una artista madura en busca del amor verdadero

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Un sol interior

· Un sol interior está escrita a cuatro manos entre Clai­re Denis y Chris­ti­ne Angot, que han aportado tam­bién sus experiencias para dar vida a Isa­belle, el personaje que interpreta ma­gistralmente Juliette Binoche.

En busca del amor

La controvertida directora Claire De­nis (Una mujer en África) dispara en todas las direcciones y contra todos los extremos en su última película: el machismo y egoís­mo masculino, y la inseguridad y dependencia afectiva femeni­na. A mí ya solo esa saludable libertad crea­tiva me predispone a fa­vor, más si la directora francesa apar­ca su crudeza característica y ha­ce uso del arma de la ironía, tan ne­cesaria en tiempos de corrección incuestionable.

El filme, un drama a caballo entre la durísima Los canallas y una co­pro­ducción en marcha, fue encarga­do a la cineasta por el productor Oli­vier Delbosc, y es la adaptación li­bre de Fragmentos de un discurso amo­roso, obra inclasificable del filósofo y semiólogo francés Roland Bar­thès, que se puso muy de moda en los años 70.

Está escrita a cuatro manos entre Clai­re Denis y la guionista Chris­ti­ne Angot, que han aportado tam­bién sus experiencias y refle­xio­nes personales para dar vida a Isa­belle, el personaje que interpreta ma­gistralmente Juliette Binoche, ar­tista divorciada con un hijo, que en­trada en la madurez pero todavía be­lla y deseable, busca el amor ver­da­dero… pero busca mal y solo cosecha decepciones.

El coste de la frivolidad

Las escenas de amor de Barthés se desarrollan en las sucesivas conquistas sexuales de la protagonista, que le dejan un poso de insatisfacción, y en las confidencias con las ami­gas y los diálogos con los amantes: un detestable banquero, un joven actor de teatro autocompasivo y egoís­ta, el exmarido, un misterioso ca­ballero que no quiere perder una amis­tad o un extraño que conoce en una discoteca. En el reparto de campanillas destacan Xabier Beauvois, Va­leria Bruni Tedeschi, desaprovechada en una sola escena, y Gérard De­pardieu, que cierra la película con una secuencia final sorprendente y antológica, ya con los créditos so­breimpresos. Fundamental quedarse hasta el final.

Un sol interior pide trascender su apa­rente frivolidad, y a su favor tie­ne la sinceridad con que Denis y An­got, con el apoyo de la directora de fotografía habitual de la cineasta, la veterana Agnès Godard, y la po­derosa capacidad dramática de Bi­noche, muestran la ansiedad y angustia que provocan unas relacio­nes vacías y carentes de futuro, pero el lenguaje visual, minucioso en las es­cenas de sexo ya desde el arranque mismo de la película, y el abandono en el que queda el personaje, arrui­nan ese propósito.

Reseña Panorama
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Periodista. Máster en Guion, Narrativa y Creatividad Audiovisual por la Universidad de Sevilla