Zama

No hay profundidad en los personajes que interpretan Daniel Giménez Cacho y Lola Dueñas, ni sentido y continuidad en la historia que se narra

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· Martel transmite bien en Zama ese estado de limbo existencial que se alcanza cuando se pasa de la esperanza al abandono.

El pez que deja de luchar contracorriente

La directora argentina Lucrecia Martel proyecta una mirada de desarraigo en Zama, largometraje basado en la obra de Antonio di Benedetto, que narra la historia de Don Diego de Zama, oficial español del siglo XVII asentado en Asunción que aguarda su transferencia a Buenos Aires.

A Martel hay que reconocerle su valentía para adaptar al escritor y periodista bonaerense. Con un contraste de fotografías que dibuja una atmósfera de pesadilla, una música persistente, y un guion lento e hipnótico, transmite bien ese estado de limbo existencial que se alcanza cuando se pasa de la esperanza al abandono, “como el pez que decide dejar de luchar contracorriente”.

Zama
Lola Dueñas en Zama (2017), de Lucrecia Martel

Pero aparte de esta intencionalidad difusa, no hay profundidad en los personajes que a duras penas defienden Daniel Giménez Cacho y Lola Dueñas, ni sentido y continuidad en la historia que se narra.

Se entiende que de eso se trata pero el espectador queda con la duda de si la metáfora del pez no será una excusa para la pretenciosidad.

Reseña Panorama
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Periodista. Máster en Guión, Narrativa y Creatividad Audiovisual por la Universidad de Sevilla