· Se agradece que la serie sea sutil y deudora de Hitchcock y no caiga en el morbo de la excéntrica relación madre-hijo, aunque sí lo ha­ce en otras relaciones.

  • Creador: Anthony Cipriano
  • País: EE.UU.
  • Dirección: Tucker Gates
  • Guión: Robert Bloch, Anthony Cipriano, Carlton Cuse, Kerry Ehrin, Bill Balas, Jeff Wadlow
  • Intérpretes: Vera Farmiga, Freddie Highmore, Max Thieriot, Olivia Cooke, Nicola Peltz, Nestor Carbonell
  • Duración: En la primera temporada, 10 episodios de 60 minutos
  • Producción: Universal Television
  • Emisión en España: TNT, a partir de octubre 2014
  • Emisión en EE.UU.: A&E Network, entre el 18 de marzo y el 20 de mayo (audiencia de 3 millones de telespectadores)
  • Calificación: +18 años (VX)

Entre Psicosis y Twin Peaks

A un pueblo estadounidense llegan una madre viu­da y su hijo adolescente con la intención de regentar un motel y así rehacer sus vidas tras la trági­ca muerte del esposo y padre. Son Norma y Norman Ba­tes; y el establecimiento, una mansión imponente, que se alza amenazadora sobre un montículo y que ha quedado fijado en la memoria colectiva como “la ca­sa de Psicosis”.

Lo curioso es que esta reconocible e interesante pre­cuela del thriller de Hitchcock, que cuenta cómo se fraguó una de las psiques más retorcidas de la historia del cine, se desarrolla en 2013, en plena era de los smartphones; y el pueblo no es el Fairvale califor­nia­no sino White Pine Bay, un lugar ficticio ubicado en Oregón, no demasiado hospitalario, que se rige por sus propias leyes.

Esto supone una apuesta arriesgada por parte de los creadores, que han decidido aunar -como ellos mis­mos reconocen públicamente- dos referentes clásicos: Psicosis y la serie de David Lynch Twin Peaks, con idea de reducir costes de producción y de acercarse a un público algo más joven, amante de la serie so­bre el asesinato de Laura Palmer.

El arranque con el accidente mortal del esposo, la lle­gada al motel y los primeros sucesos, plantea con ve­rosimilitud los caracteres que Robert Bloch con la novela, y Hitchcock después, dibujaron para ma­dre e hijo, formidablemente interpretados por Vera Far­miga y Freddie Highmore.

La actriz de Up in the air e Infiltrados es capaz de con­jugar una dulzura fría con una violencia calcula­da, dando vida a esa madre obsesiva y manipuladora de tintes psicópatas que es Norma Bates. Y Highmo­re (Charlie y la fábrica de chocolate) está genial con su sonrisa enigmática y tímida, su tendencia al feti­chis­mo, su aire friki a la vez que deseoso de ser un chi­co normal de instituto, capaz de enamorarse y de enamorar, y su abrumadora carga como único hombre de la familia.

La serie se sigue con interés y zozobra, los datos son suministrados cuidadosamente, según las leyes tra­dicionales del suspense, la música inquietante es­tá bien dosificada y logra intensificar la tensión. La fo­tografía de Tom Yatsko (Alias, Touch) y el diseño de producción de Mark S. Freeborn (Millennium o Breaking Bad) dan una apariencia asfixiante al lugar.

Se agradece que la serie sea sutil y deudora de Hitchcock en estos términos y no caiga en el morbo de la excéntrica relación madre-hijo, aunque sí lo ha­ce en otras relaciones. El clima insano y enrareci­do del hogar se expresa de forma inteligente en el es­tilo anacrónico de la decoración de la casa y del ves­tuario de madre e hijo, que sería perfectamente uti­lizable por la secretaria Marion y el Norman Bates ori­ginal, y contrasta radicalmente con la contemporaneidad del resto de los personajes, dando a los protagonistas principales esa permanente sensación de pez fuera del agua.

Hay otros muchos guiños a Psicosis: la carretera don­de está el motel fuera del entorno de la autopista es­tatal, la bañera y sus cortinas, la afición de Norman a la taxidermia, la influencia de la madre en el sub­consciente del hijo, etc. O la elección de Nestor Carbonell para el papel de sheriff, por su enorme pa­recido con el actor Anthony Perkins. El efecto es real­mente turbador.

Y, sin embargo, algo falla a partir de la mitad de la temporada. Es probable que, además de la reducción de costes y el acercamiento a un target más amplio, la infancia y la adolescencia de Norman como ar­gumento no pareciera a sus creadores suficientemente elástico para extenderse en el tiempo y por eso han tirado de otra fuente de conflictos, la de un pue­blo donde pasan cosas oscuras, que alimente las tramas de los demás personajes (Dylan, el otro hijo de Norma, los policías, las compañeras de instituto de Norman, etc.).

Ahí es donde la serie pierde la apuesta. El referen­te Twin Peaks fagocita a Psicosis; el género drama, al suspense; el coro de personajes al principal, Nor­ma, que cae bajo los efectos de la ley de Murphy. Es tal la cantidad de conflictos abiertos y traumas pade­ci­dos por la pobre Sra. Bates, y tan comprensible su his­teria, que al final deja de tener fundamento la influencia de la madre en el desarrollo tortuoso de la psi­que del hijo, baza fundamental de la referencia hitchcockniana.

Veremos hacia dónde se inclina la balanza en la se­gunda temporada. Por el momento, la primera, a pe­sar de lo dicho, ha salido victoriosa con una cifra na­da desdeñable para ser de emisión por cable, de tres millones de telespectadores.

Cristina Abad

Reseña Panorama
w
Cristina Abad
Periodista. Máster en Guion, Narrativa y Creatividad Audiovisual por la Universidad de Sevilla