Elemental, querido Sherlock

Sherlock Holmes es el personaje de ficción más representado en el cine. Ha sido protagonista principal de películas en más de 260 ocasiones. La primera vez que su perfil inconfundible se asomó a la pequeña pan­talla fue en 1937, solo diez años después de la primera emisión pública mundial de la televisión, efectuada precisamente por la BBC. El detective ha protagonizado, al menos, siete series y dieciséis telefilmes. La última de ellas es Elementary (2012). Y la pe­núltima, Sherlock (2010). Ambas en emisión en la ac­tualidad.

Hay debate entre la crítica acerca de si se debe considerar Elementary como un remake de Sherlock, o tratarla simplemente como una serie procedimental ins­pirada remotamente en el personaje de Conan Doy­le. Yo defiendo que es inevitable compararlas por su pro­ximidad en el tiempo y porque Elementary es, co­mo Sherlock, una actualización contemporánea de las his­torias de Holmes, pero con el detective establecido en Nueva York.

Sherlock vive en el siglo XXI, viaja en metro, los delitos a los que se enfrenta son más sofisticados que an­taño, y utiliza las nuevas tecnologías como apoyo pa­ra su método deductivo. La BBC amenazó con emprender acciones legales contra CBS si plagiaba su ficción y, para evitarlo, la cadena americana ha tensado tan­to el relato que al final le ha quedado una serie tor­pe aunque técnicamente bien realizada que no ha lo­grado sustraerse a la odiosa comparación.

El Sherlock Holmes que ha pergeñado Robert Doher­ty ayudaba también en el departamento de Homicidios de Scotland Yard pero -aquí es donde se pasa de rosca- ca­yó bajo las garras de las drogas, por alguna razón que al principio desconocemos y, tras pasar un periodo de rehabilitación, decide rehacer su vida en Man­ha­ttan, donde colabora con la Policía de Nueva York.

Para asegurarse de que no recaerá en las adicciones, su adinerado padre contrata a una doctora, antigua cirujana, que no le deja ni a sol ni a sombra, y que, claro es­tá, no es otra que Watson, Joan Watson. Elementary, my dear… Así pues, la novedad de esta nueva versión re­side fundamentalmente en un detective exdrogadic­to y un ayudante, mujer, oriental y excirujana, los dos con su colección de traumas a cuestas.

Para ambos personajes se ha recurrido a dos intérpretes solventes: Jonny Lee Miller, actor de cine y tv bri­tánico (Dexter, Sombras tenebrosas), que ha trabaja­do en varias ocasiones para la BBC, lo cual es más sonrojante; y Lucy Lee, estadounidense, hija de in­mi­grantes chinos, que saltó a la fama por su papel en Ally McBeal y fue premio MTV a la Mejor Villana por su actuación en Kill Bill de Tarantino.

Aunque no haya fidelidad a los casos resueltos en la novela, los protagonistas son Sherlock y Watson, y apa­recen Mycroft y el inspector Lestrade, Moriarty e Irene Adler, con una evolución verdaderamente «funam­bulística».

No creo que el resultado forzado y poco creíble de sus actuaciones sea tan culpa suya como de un guión me­diocre, excesivamente verbal y explicativo, que no de­ja desarrollarse a los personajes ni otorga margen a la intuición del telespectador, en algunos casos, o que da verdaderos saltos mortales, en otros. El libreto, tam­bién hay que decirlo, ha sido escrito por más de una decena de manos, y la película ha tenido a la batuta a 18 directores. Por no hablar de la producción, en la que han intervenido más de 20 personas. Y eso, en una sola temporada.

Este Sherlock resulta más extravagante que excéntri­co, más friki que ingenioso, más histriónico que iróni­co y bastante histérico y justiciero. Su condición de ex adic­to no ayuda precisamente a construir una personalidad que atraiga, posiblemente porque deja, además, un cierto tufillo a imitación mala del doctor Hou­se. Watson, por su parte, en su papel persecutor de papelinas y jeringuillas, con sus reconvenciones y su­pervisiones cons­tantes, resulta cansina y poco inte­re­sante.

En cuanto a las tramas, aparte del carácter autoconclusivo propio de este tipo de series dedicadas a la resolución de casos, la primera temporada se centra en la relación entre los dos personajes, el conocimiento de las circunstancias que llevaron a Holmes a caer en la droga y a Watson a dejar la cirugía, las dificultades de la convivencia, y el paso de Joan de supervisora a co­laboradora en las investigaciones, con un final que so­lo puede calificarse de chocante. Lo que va de segunda temporada parece llevar la misma línea ahondando en la vida pasada de los personajes.

Lo mejor de la serie es el ingenioso y prometedor di­seño de cabecera y la banda sonora de Sean Callery, el compositor de 24, Bones, Homeland o The Confession.

El problema de Elementary no es haber escogido un te­ma procedimental sino el personaje de Sherlock Holmes, actualizado como ha hecho la BBC con su exitosa e impecable adaptación, a tan solo dos años vista, y te­ner la osadía de sentarlo en el diván del psicólogo. Si se hubiera atenido a lo primero, como Bones o Cast­le, la valoración crítica hubiera sido más positiva. Hay que decir que ha obtenido buenos datos de audiencia. Ve­remos cómo va evolucionando la segunda temporada.


Elementary

Emisión en España: Cuatro
Producción y emisión en EE.UU.: CBS, entre el 27.9 y 16.5.2012 (11 millones de telespectadores de media)
Calificación: +16 años (V)

País: EE.UU. Dirección: John Polson, Andrew Bernstein, Seith Mann y quince directores más Intérpretes: Jonny Lee Miller, Lucy Liu, Jon Michael Hill, Aidan Quinn Duración: Primera temporada, 24 episodios de 43 minutos. Segunda temporada en emisión

Reseña Panorama
w
Cristina Abad
Periodista. Máster en Guion, Narrativa y Creatividad Audiovisual por la Universidad de Sevilla