· Mindhunter es una serie que empieza mal. Sus dos pri­meros capítulos, dirigidos por Fincher, son criticados incluso por los que finalmente han sobrevalorado la se­rie.

Las dos caras de Fincher

David Fincher es uno de los grandes directores del si­glo XXI a pesar de series como House of Cards o Mindhunter y películas del nivel de Millenium o Perdida. Uno de sus argumentos favoritos es el de la investigación de crí­menes truculentos de asesinos en serie. Con su segunda película, Seven (1995), dejó clavado en la butaca a toda una generación. Morgan Freeman y Brad Pitt eran los detectives complementarios, y Kevin Spacey, el sociópata diabólico. La película fue un éxito mayúscu­lo de crítica y público. En 2007 realizó Zodiac con una te­mática similar, pero basada en hechos reales. Obtuvo una taquilla raquítica y buenas críticas, aunque no tan ex­traordinarias como en Seven.

En los años 70 el FBI empezó a utilizar la psicología para comprender mejor la mente de los asesinos en se­rie que parecían multiplicarse en aquellos años. Se pre­tendía lograr una prevención de riesgos, determinar al­gunas pautas de conducta de los futuros depredadores so­ciales antes de que fuese demasiado tarde. El agente John E. Douglas junto con Mark Olshaker recogieron en el libro Mind Hunter: Inside FBI’s Elite Serial Crime Unite las entrevistas a criminales tan tristemente populares co­mo Charles Manson, Ted Bundy o Ed Gein.

De ese libro nace Mindhunter, esta serie creada por Joe Penhalm, un guionista acostumbrado a adaptar al cine novelas de autores de tanto prestigio como Ian McEwan (El invitado) o Cormac McCarthy (La carretera). Pero todos los comentarios sobre esta ficción televi­si­va han subrayado el patrocinio de David Fincher, que ha ejercido las funciones de productor y director de cuatro ca­pítulos. Es evidente que el prestigio del director de El club de la lucha o La red social ha contribuido a que los medios le dediquen especial atención.

Arranque sin motor

Mindhunter es una serie que empieza mal. Sus dos pri­meros capítulos, dirigidos por Fincher, son criticados incluso por los que finalmente han sobrevalorado la se­rie. El ritmo y la descripción de personajes son bastante anodinos. Lo más destacable de estos inicios es una es­pecie de mujer fatal desconcertante interpretada por Anna Torv (Fringe), que se convierte en la novia del pro­tagonista. Es una estudiante de posgrado sensual de pen­samiento muy cercana al neomarxismo de la revolución sexual de Marcuse.

Mindhunter
Mindhunter (2017), de Joe Penhall, dirigida por David Fincher

En esta relación de pareja se resumen los errores de una serie que siempre está por debajo de sus posibilida­des. En un guion que debería mostrar la complejidad de las tinieblas más oscuras del ser humano hay ar­gumentaciones muy débiles, conclusiones evidentes y descripciones toscas de caracteres, casi todas ellas fun­da­mentadas en las perversiones sexuales de los persona­jes. Hay que reconocer que la serie tiene una ambientación lograda, un reparto desconocido brillante y un mé­rito importante en no parecerse a la multitud de novelas, películas y series sobre asesinos en serie. Pero el pre­cio que paga es excesivo.

Inquietante y lejano

Si uno compara a los grandes detectives y asesinos de El silencio de los corderos o la citada Seven, con los perfiles de esta serie, la diferencia es gigante. Mindhunter tie­ne algunos retratos muy inquietantes como ese peculiar director del colegio que hace cosquillas en los pies a sus alumnos en vez de castigarles, pero no llega a ser lo impactante que debería. Se insiste reiteradamente en que las personas que analizan a este tipo de criminales pue­den acabar asumiendo una manera de pensar con cier­tas similitudes. Pero nada que ver con la sugestiva mi­rada de Truman Capote en A sangre fría o en series re­cientes como The Jinx, Happy Valley o las dos primeras tem­poradas de Luther.

La explicación de por qué los asesinos en serie piensan y actúan de esa manera tan inhumana bebe con de­ma­siada frecuencia de las teorías freudianas del comportamiento. Las pulsiones sexuales descontroladas desde su infancia parecen ser el único motivo de esa disfuncionalidad social. Se dejan de lado la marginación, los maltratos en el hogar, la paranoia o la esquizofrenia, fuen­tes de creación incuestionables de estos auténticos de­predadores.

El final de la serie es un efectismo muy Fincher en el peor de los sentidos. Es un estilo que tiene su público fiel, comprometido casi siempre para adorar todo lo que ha­ce este cineasta. No me incluyo en ese grupo. Y creo que Mindhunter está muy lejos de la maestría de sus me­jo­res películas como La red social.

  • Creador: Joe Penhall
  • País: EE.UU. (2017)
  • Intérpretes: Jonathan Groff, Holt McCallany, Hannah Gross, Sonny Valicenti, Anna Torv
  • Duración: 1 temporada (10 capítulos de 50 minutos)
  • Emisión en España: Netflix
  • Público adecuado: +18 años (XD+)