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"The Good Wife", de Robert y Michelle King

En el último tercio de la primera temporada se lo creyó, se gustó y despegó. Empezó bien y ha ido a más. La próxima será la 5ª temporada.

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Emisión en España: Fox

Calificación: +18 años (X)

País: EE.UU.  Intérpretes: Julianna Margulies, Chris Noth, Josh Charles, Cristina Baranski, Alan Cumming, Archie Panjabi  Duración: 4 temporadas de 23 capítulos (42 min) Producción: CBS  Emisión en EE.UU.: CBS (22.9.2009)

La corona de los King

Alicia Florrick ha cumplido los 40. Está ca­sada y es madre de dos hijos adolescen­tes, Zach y Grace. Estudió Derecho en George­town con brillantes resultados y ejer­ció como abogada, pero abandonó pa­ra ocuparse del hogar y dejar que fuera su marido, el Fiscal del Estado de Chi­ca­go, quien triunfase en su carrera profesio­nal.

El primer episodio de la serie -escrita por el matrimonio formado por Robert y Mi­chelle King con la producción ejecuti­va de los hermanos Ridley y Tony Scott para la cadena CBS- empieza con la rue­da de prensa en la que Peter Florrick pre­senta su dimisión como Fiscal del Dis­tri­to por conducta inapropiada, al hacerse público que ha sido asiduo cliente de pros­titutas, además de afrontar otros car­gos por corrupción.

Alicia decide volver a la abogacía y pi­de trabajo en un importante bufete, Stern & Lockhard & Gardner. Su valedor se­­rá Will Gardner, cotizado soltero, compa­ñero suyo en la etapa universitaria. Dia­ne Lockhart es la experimentada socia di­recto­ra, una mujer elegante, con mucha clase.

Mientras intenta ganarse el puesto en un entorno muy competitivo, después de 15 años fuera de ese ambiente, Alicia lucha por sacar adelante a sus hijos y se plan­tea la actitud que debe tomar frente a su marido, cuando después de su dimisión es enviado a prisión, a la espera de jui­cio.

En el despacho tendrá que luchar por su puesto con un joven abogado treintañe­ro, Cary Agos, ambicioso e inteligente. Ka­linda Sharma es una investigadora que tra­baja en los casos del bufete. Eli Gold es el maquiavélico asesor de comunicación de Peter Florrick.

Éstas son las piezas principales de una se­rie cuyo título expresa a la perfección las intenciones dramáticas de un producto que, inicialmente, no parecía llamado a destacar. Y es que son muchas las series de abogados que se han hecho en la te­levisión norteamericana, con diversos to­nos y planteamientos más o menos vero­símiles. Y no son pocas las protagoniza­das por mujeres. Sin ir más lejos, Ally McBeal, Boston legal y Damages.

Prototipo de serie que va a más

The good wife empezó bien, con fuerza. Es de esas series que en el último tercio de la primera temporada “se lo cree”.  Es decir, una serie que funcionaba, pero que crece y sube de nivel, generando elogios en los comentaristas y los críticos de te­levisión, con un respaldo decidido de la audiencia. Algo parecido, salvando las dis­tancias temáticas, a lo que ha ocurrido con Justified.

En la segunda temporada, The good wife ya era una serie de mucha calidad, ro­dada con un aplomo y una solvencia no­tables, con unos guiones brillantes, per­sonajes muy bien definidos y unos con­flictos dispuestos con gran habilidad.  El final de temporada es muy difícil de su­perar.

La tercera temporada lleva la historia por unos derroteros creíbles sin traicionar el tono seguido hasta ese momento, una tarea ardua que sus creadores han re­suelto con destreza, no en vano ambos tie­nen experiencia en series anteriores de temática jurídica. La manera en que en­cuentran talones de Aquiles afectivos pa­ra todos los personajes principales es un alarde de talento.

La estrategia de los King ha sido clara: jui­cios o arbitrajes autoconclusivos para ca­da capítulo, que se complementan con tra­mas más duraderas que tienen a Alicia co­mo referente. En esas tramas se involu­cran de manera muy poderosa el resto de los personajes principales, incluidos los dos hijos de la protagonista. Los clien­tes del bufete se enfrentan a procedi­mientos judiciales variados, desde el ase­sinato, la responsabilidad civil de gran­des compañías, defensa de la propiedad intelectual, patentes, abusos, etc. Los lazos con la realidad son continuos, val­ga el ejemplo del lastimoso escándalo Strauss-Khan.

La serie está terminando la tercera tem­porada con vigor y tensión, aunque hay tres capítulos (18-19-20) en los que hay un problema de tono verdaderamente acusado, jugueteando por primera vez con el dramedy (drama salpicado de elemen­tos cómicos). The good wife se acerca a un capítulo final que intentará igualar los poderosos cierres de la primera y la segunda temporadas. Es interesante es­tudiar la manera en que sus creadores han sabido desarrollar una historia que, co­mo suele ocurrir con las series en las que se mezclan trabajo, familia y luchas de poder, tienen un alto riesgo al manejar los puntos de giro bruscos que acaban en callejones sin salida o conducen al uso irritante del socorrido pero chapuce­ro deus ex machina.

Aunque somos conscientes de las dife­rencias temáticas y de tratamiento, la re­ferencia estructural más adecuada es na­da menos que El Ala Oeste de la Casa Blan­ca. Obviamente, The good wife no se acerca a la excelencia de la serie de Sor­kin, que no tiene rival y es, a nuestro juicio, la mejor serie dramática de lar­go recorrido (7 temporadas) de la his­toria de la televisión. Pero, en el pano­rama actual de la ficción dramática de gran grupo profesional, es la que más se acerca al nivel de The West Wing.

El casting es brillante. Los actores pro­tagonistas están bien elegidos y mejor dirigidos. Tanto, que logran que al es­pectador le interese todo lo que pasa a cada uno de ellos. No hay apenas subtra­mas deleznables (las más flojas son las del hermano gay de Alicia y algunos ve­ricuetos sentimentales de la promiscua investigadora Kalinda Sharma, un per­sonaje en el límite de lo creíble) y los procesos judiciales civiles y penales son muy variados y sugestivos.

Van desfilando personajes invitados (jue­ces, abogados, clientes) que interac­túan con los protagonistas de manera decididamente carismática (basten tres ejemplos: el maniobrero abogado que interpreta Michael J. Fox, el tenaz y puntilloso agente del Tesoro que encar­na Bob Balaban, y la excéntrica y dis­persa letrada Elsbeth Tascioni a la que da vida una divertida Carrie Pres­ton).

La actriz protagonista, Julianna Mar­gulies, ha ganado el Emmy y el Glo­bo de Oro. Se hizo famosa en la serie Urgencias, interpretando a la novia de Geor­ge Clooney. La inglesa Archie Pan­ja­bi (la investigadora Kalinda Sharma) ganó el Emmy a la mejor secundaria en serie cate­goría drama.

Una serie con estilo

La puesta en escena es elegante, los sets es­tán muy bien iluminados. El vestuario y el maquillaje son excelentes. El tono es sutil y el nivel de escritura de diálogos es al­to y potencia los gestos, las miradas, el len­guaje no verbal. El dinamismo de los jui­cios y los frecuentes cambios de escenario impiden el aburrimiento, en buena medi­da por el acierto de no ir más allá de los 42 minutos.

Los personajes no están exentos de bajas pa­siones pero, salvo excepciones que las hay, se evita el sexo explícito y la grosería. Es una serie para adultos en la que no es fre­cuente esa incomodidad de otras que hacen gala de una tremenda rudeza.

El esmero fotográfico y musical, la calidad del montaje y unos guiones de esmera­da construcción permiten el lucimiento de un gran elenco de actores a los que se ofrecen unos personajes enjundiosos enfrentados a situaciones relevantes.

El retrato antropológico es interesante, co­necta con la actualidad y, aunque siempre hay exageraciones, el acercamiento a una de las enfermedades de la sociedad nor­teamericana, que podríamos llamar joco­samente “litigiosis aguda”, es entretenido e ingenioso.

Alberto Fijo
José Luis Terrón

Alberto Fijo
Alberto Fijo
Profesor universitario de Narrativa Audiovisual, Historia del Cine y Apreciar la belleza. Escritor