Agnieszka Holland recibe el Giraldillo de Honor del Festival de Sevilla 2026 y reivindica un cine «valiente y libre»
Agnieszka Holland ha convertido su paso por el Festival de Cine Europeo de Sevilla 2026 en algo más que la celebración de una trayectoria. La directora polaca, distinguida con el Giraldillo de Honor de la 23ª edición, protagonizó en el Espacio Turina un encuentro con la prensa en el que habló de cine, Europa, libertad creativa y de los desafíos que afronta actualmente la creación audiovisual.
Un día antes, Holland había participado junto al director del certamen, Manuel Cristóbal, en una sesión abierta al público en CaixaForum Sevilla, precedida por la proyección de Europa, Europa, probablemente su película más conocida.
La cineasta partió incluso de su visita a los Reales Alcázares para reflexionar sobre la diversidad de raíces que conforman Europa y su cultura. Una pluralidad que, a su juicio, debería seguir reflejándose en el cine del continente.
Holland defendió especialmente la experiencia colectiva de las salas frente al avance del consumo doméstico. No rechaza las plataformas, que considera una enorme biblioteca capaz de acercar sus películas a lugares donde antes no llegaban, pero sí mostró preocupación por el peso creciente de los algoritmos a la hora de decidir qué ve el espectador. Para la realizadora, el reto está en favorecer la calidad y la diversidad en lugar de convertir la distribución en un proceso condicionado únicamente por los datos.
Cineastas dispuestos a arriesgar
La directora extendió esa responsabilidad a los propios creadores. A su juicio, el cine necesita recuperar «valentía y libertad», escuchar mejor la realidad y asumir riesgos en un panorama profundamente transformado por las redes sociales, el big data y la inteligencia artificial.
También estableció una diferencia entre la situación actual de la ficción y el documental. Holland considera que este último está mostrando una mayor capacidad para enfrentarse a cuestiones incómodas, mientras las grandes necesidades de financiación de una película de ficción dificultan abordar asuntos políticamente conflictivos. Pese a ello, sigue viendo en la ficción una herramienta especialmente poderosa para llegar al público y abrir posibilidades de futuro a través de la imaginación.
Su intervención tuvo también un marcado componente autobiográfico. Holland recordó su etapa como estudiante en Checoslovaquia durante la Primavera de Praga, su paso por prisión, sus comienzos profesionales en Polonia y la necesidad posterior de trabajar fuera de su país durante la Ley Marcial.
Especialmente emotivo fue su recuerdo de la extraordinaria generación del cine polaco de los años setenta, con nombres como Andrzej Wajda -a quien el Festival de Sevilla dedica este año un ciclo-, Krzysztof Zanussi y Krzysztof Kieslowski. Una generación marcada por la guerra, el comunismo y el deseo de encontrar en el cine un espacio de libertad.
Desde su debut como directora en 1977, Holland ha recorrido ficción y documental, cine y televisión, trabajando dentro y fuera de Polonia y abordando con frecuencia episodios conflictivos de la historia europea. Preguntada por el elemento que une una filmografía tan extensa y diversa, encontró una respuesta sencilla: «La vida es compleja… y complicada». Una declaración que funciona también como síntesis de una obra empeñada en evitar respuestas fáciles.
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