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L.A. Confidential

Con un presupuesto muy limitado, Hanson consiguió poner en pie al público y a la crítica con una de las mejores películas de cine negro de las últimas décadas.

Dirección: Curtis Hanson Guión: C. Hanson, Brian Helgeland Fotografía: Dante Spinotti Montaje: Peter Honess Música: Jerry Goldsmith Intérpretes: Kevin Spacey, Russell Crowe, Kim Basinger, Guy Pearce, Danny de Vito, James Cromwell Duración: 133 min. Público adecuado: + 18 años (VS) Distribuidora: Warner

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EE.UU., 1997. Estreno en España: 7.11.1997

Homenaje en color al cine negro

1997 fue el año de Titanic, la película más taquilera, más oscarizada… Sin embargo, ese año hubo una obra maestra en la que se puede decir que todos los que participaron en ella dieron lo mejor de sí mismos. Kim Basinger nunca estuvo tan bien (justísimo el Oscar a mejor actriz secundaria) como en este papel de actriz imitadora de Veronica Lake. Lo mismo se puede decir de los entonces primerizos Crowe y Pearce. Pero, sobre todo, esta película supone una cima probablemente insuperable en la carrera del director Curtis Hanson (La mano que mece la cuna, 8 millas, En sus zapatos) y del guionista Brian Helgeland (Conspiración, Destino de caballero, Mystic River, Robin Hood). Todos estos méritos hacen que los dos Oscar concedidos a la película (guión y actriz secundaria) sepan a poco. Hay pocas películas de los 90 tan rotundas (Sin perdón, Master and commander, quizá Pulp Fiction, otra que se llevó una sóla estatuilla frente a las 6 de Forrest Gump).

En la edición especial en DVD de L.A. Confidential hay más de 3 horas de contenidos extra. El vestuario de Ruth Myers queda muy bien explicado en el diseño de los trajes de Bud White (Ru­ssell Crowe). En la definición de este personaje primario resulta fundamental el vestuario de medidas equivocadas, colores apagados… Una manera delicada de representar la falsa apariencia de seguridad que esconde una profunda inseguridad interior. También resulta interesante el análisis que se hace de la presentación en la película de Lynn Brakken (Kim Basinger). De espaldas y cubierta por completo con una capa negra que contrasta con un ribete blanco, este personaje queda definido como un ser humano envuelto en su disfraz, en lo que los demás quieren ver en ella. Esta breve escena resulta muy enriquecedora para entender la tragedia maquillada de una mujer a la que nadie ha amado por ser como es.

Especialmente interesante es el reportaje sobre el estilo visual de la película. Hanson insistió en hacer una cinta alejada de los claroscuros del cine negro. De esa manera, la película moderniza el género con colores luminosos que retratan el glamour corrupto de la ciudad de Los Ángeles.

La selección de los actores y el proceso de producción dan lugar a un making of bastante completo de 30 minutos en el que vemos las dificultades que tuvo el director para hacer una película en la que ninguna productora confiaba. Para ello tuvo que contratar a actores desconocidos como Guy Pearce o Russell Crowe, junto a otras estrellas emergentes como Kevin Spacey (que ya había sido un brillante secundario en Sospechosos habituales y Seven). Más acertado aún fue el trabajo que Hanson realizó con Kim Basinger. Algo parecido a lo que consiguió Scorsese con Sharon Stone en Casino: demostrar al mundo que detrás de esa belleza rubia había una actriz con una enorme capacidad dramática.

Con un presupuesto muy limitado de 15 millones de dólares, Hanson consiguió poner en pie al público y a la crítica con una de las dos o tres mejores películas de cine negro de las últimas décadas junto con Muerte entre las flores y Chinatown.