The King: El peso de la corona

· Crítica de The King | Disponible en Netflix.
· Michôd sabe bien lo que quiere contar y va a por ello con paso seguro, alejándose del texto de las obras originales pero respetando su espíritu.

Shakespeare es posiblemente, con permiso de otro King (Stephen), el mayor proveedor de historias para la gran pantalla. En esta ocasión es el director australiano David Michôd (Sidney, 1972) quien se aproxima a la obra del Bardo de Avon uniendo tres de sus dramas históricos: Enrique IV, 1º parte y 2º parte, y Enrique V. Michôd alcanzó cierta fama con su ópera prima Animal Kingdom (2010), pero posteriormente no logró progresar adecuadamente en su carrera, pues sus siguientes películas, The Rover (2014) y War Machine (2017), no consiguieron el respaldo de crítica y público que se esperaba. Ahora, con producción de Brad Pitt y su Plan B, se adentra en la historia de Inglaterra, una aventura plagada de peligros pues no puede evitar que The King sea comparada con otros ilustres precedentes como son el Enrique V (1944) de Sir Laurence Olivier y el Enrique V (1989) de Kenneth Branagh, sin olvidar Campanadas a medianoche (1965), de Orson Welles.

Timothée Chalamet da vida a Hal, un príncipe que malvive alejado de su padre y de la corte acompañado de su inseparable John Falstaff, un tipo amigable y borrachín de pasada gloria en el campo de batalla, interpretado por un egregio Joel Edgerton, también responsable del guion. Cuando Hal alcanza el trono deberá dejar atrás su disipada existencia para soportar el peso de la corona, la responsabilidad de Estado, y también las dudas sobre si mancharse o no las manos de sangre.

Esta versión es mucho menos teatral que sus predecesoras, y no se recrea tanto en la palabra. Técnicamente es impresionante. La fotografía de Adam Arkapaw (True Detective) es sencillamente memorable, de una belleza sobrecogedora y trágica que amplifica el drama y sublima la incertidumbre existencial del joven monarca. El Enrique V de Chamalet es ambiguo, aniñado, dubitativo, confuso, trata de ser justo pero se muestra inclinado a olvidar una y otra vez lo que Falstaff le recuerda: «un rey no tiene amigos, solo partidarios y enemigos». Hal vive en un perpetuo desasosiego tratando de resolver sus dudas manteniendo siempre la compostura.

Es sorprendente lo poco que se grita y se pierden los estribos en esta película teniendo tantas oportunidades para hacerlo, es tan contenida que parece que se van a romper las costuras en cualquier momento. El punto más conflictivo es la aparición de Robert Pattinson como Luis, el Delfín francés. Su interpretación es desconcertante, burlona, e introduce el humor en una película que carece de ella, pero en realidad no es un alivio cómico, sino una forma de hacer más aprehensible y escalofriante la maldad del personaje.

David Michôd sabe bien lo que quiere contar y va a por ello con paso seguro, alejándose del texto de las obras originales pero respetando su espíritu, tomándose su tiempo para no empotrarse en una acción atropellada, abordando las intrigas palaciegas con sosiego, dilucidando el conflicto moral que se esconde tras ellas. Eso sí, cuando estalla la tormenta y empiezan las batallas hay tanta sangre, barro y fuego como todo buen Shakespeare se merece.

Ficha Técnica

  • Fotografía: Adam Arkapaw
  • Montaje: Peter Sciberras
  • Música: Nicholas Britell
  • Diseño de producción: Fiona Crombie
  • Vestuario: Jane Petrie
  • Duración: 133 min.
  • Público adecuado: +16 años (V)
  • Distribuidora: Netflix
  • Australia, 2019
  • Estreno: 18.10.2019
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Reseña
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Escritor de relatos de terror y misterio, y guionista de cine y televisión. Admirador de Ford, Kurosawa, Spielberg y Hitchcock, no necesariamente en este orden