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Reina Roja 2: Loba negra

La serie entretiene, mantiene el ritmo y encuentra en sus protagonistas su mejor argumento, pero repite algunos de los problemas de la primera entrega

Reina Roja 2: Loba negra (2026)
Reina Roja 2: Loba negra (2026)

Reina Roja 2: Loba negra | Misión en Marbella

Reina Roja 2: Loba negra | La segunda temporada de Reina Roja adapta la segunda novela de Juan Gómez-Jurado con los ingredientes que hicieron funcionar la primera entrega: una investigación criminal llena de giros, una trama de corrupción y violencia y, sobre todo, una pareja protagonista cuya relación constituye el mayor atractivo de la serie. Sus seis episodios, de casi una hora de duración, mantienen el ritmo y el interés, aunque la historia avance por terrenos más convencionales.

Antonia Scott y Jon Gutiérrez viajan a Marbella para investigar la desaparición de Lola Moreno, esposa de un mafioso ruso que ha sobrevivido a un atentado. Embarazada y diabética, Lola está en peligro no solo por quienes quieren silenciarla, sino también por Loba negra, una asesina a sueldo que ha recibido el encargo de acabar con ella. Mientras la pareja trata de reconstruir sus pasos, Mentor sigue el rastro de varias muertes y desapariciones relacionadas con el programa Reina Roja, una trama que amplía el alcance de la historia y anticipa nuevas amenazas.

El arranque en Madrid vuelve a poner en valor la ciudad como un magnífico escenario para la ficción. Después, la acción se traslada a la Costa del Sol y la narración avanza de manera trepidante, aunque por caminos más previsibles. El guion sabe aprovechar que ya no necesita presentar a los protagonistas y puede concentrarse en desarrollar sus conflictos y hacer avanzar la investigación. La dirección de Koldo Serra, que ya se encargó de la mitad de los episodios de la primera temporada, aporta continuidad a la propuesta: en esta ocasión, asume la realización de los seis capítulos.

Lo mejor sigue siendo la genial química entre Antonia y Jon. El contraste entre la inteligencia extraordinaria y el hermetismo de ella y la espontaneidad, el temperamento y la humanidad de él sostiene buena parte del relato. Ambos se necesitan, aunque no siempre sepan cómo convivir con sus diferencias. Cuando Jon descubre algunos de los secretos que Antonia le ha ocultado, la confianza entre ellos se resiente y su relación entra en una zona de incertidumbre. Es en esa tensión, más que en los mecanismos de la intriga criminal, donde la serie encuentra sus momentos más interesantes.

Victoria Luengo y Hovik Keuchkerian vuelven a demostrar que el atractivo de sus personajes va más allá de sus peculiaridades. Sin embargo, la escritura no siempre está a la altura de sus intérpretes. Los diálogos, a menudo demasiado enfáticos, y algunas reacciones poco naturales restan credibilidad a escenas que necesitan precisamente lo contrario: espontaneidad y cercanía. Es una limitación que ya estaba presente en la primera temporada y que aquí resulta especialmente visible, porque buena parte del interés descansa en la relación entre los dos protagonistas.

La investigación, por su parte, mantiene el pulso gracias a las amenazas, las pistas y las revelaciones que obligan a reconsiderar lo sucedido. La acción está razonablemente bien resuelta y la temporada adopta un tono más oscuro, acorde con una historia en la que la violencia y la corrupción se extienden mucho más allá del caso de Lola Moreno. Los giros finales recomponen lo que creíamos haber entendido y mantienen el suspense hasta el desenlace, aunque en ocasiones la serie parece confiar demasiado en la sorpresa como recurso para sostener una trama que, en su desarrollo, resulta más convencional.

También queda la sensación de que la historia principal sirve de vehículo para otra más ambiciosa que apenas avanza. La investigación de Marbella tiene entidad propia, pero la trama de las Reinas Rojas y las muertes que persigue Mentor vuelve a quedar en un segundo plano, reservando sus principales respuestas para el futuro. Es el peaje de una temporada que, como la novela en la que se basa, funciona a la vez como relato autónomo y como pieza intermedia de una narración más amplia.

Reina roja 2: Loba negra confirma que Antonia y Jon siguen siendo una pareja de personajes con enorme potencial. La serie entretiene, mantiene el ritmo y encuentra en sus protagonistas su mejor argumento, pero repite algunos de los problemas de la primera entrega, especialmente unos diálogos poco naturales y una intriga que, pese a sus constantes giros, no siempre sorprende tanto como pretende. Una continuación eficaz, con una pareja que invita a seguir acompañándola, aunque todavía haya margen para mejorar.

Si todo sale como se espera, Reina roja 3: Rey blanco asaltará Prime Video en el mes de octubre de 2027.

Ficha Técnica

  • País: España, México, 2026
  • Dirección: Koldo Serra
  • Fotografía: Unax Mendía, Curro Ferreira
  • Duración: 2ª temporada (6 capítulos de 55 minutos)
  • Emisión en España: Prime Video
  • Público adecuado: +14 años (V+)
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Reseña
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Fernando Gil-Delgado
Historiador y filólogo. Miembro del Círculo de Escritores Cinematográficos. Ha estudiado las relaciones entre cine y literatura. Es autor de “Introducción a Shakespeare a través del cine” y coautor de una decena de libros sobre cine.
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