Inicio Noticias Actualidad del Cine Una leyenda que comienza donde termina una civilización: "Apocalypto"

Una leyenda que comienza donde termina una civilización: "Apocalypto"

Algunos datos sobre la producción de una formidable película de Mel Gibson

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Los poderosos reinos Mayas rigieron América durante más de 1.000 años, construyendo grandes ciudades, erigiendo pirámides que hendían el cielo y forjando una sociedad impresionantemente avanzada, responsable de extraordinarios logros culturales y científicos. Luego, en un instante de la historia, todo aquel mundo se derrumbó. Y todo lo que dejó detrás de sí fueron algunas pirámides cubiertas por la jungla y un misterio apasionante.

500 años después del final de la civilización Maya, el director Mel Gibson se aventuró en este reino inexplorado para crear una moderna aventura para la gran pantalla que se despliega como un mito intemporal sobre la lucha de un hombre por salvar lo que más le importa en un mundo al borde de la destrucción: Apocalypto.

Como cineasta, Gibson siempre se ha sentido atraído por las mayores, más audaces y más imperecederas historias. Aunque comenzó su carrera como actor en películas tan legendarias como el thriller de acción Mad Max, la serie de inmensa popularidad Arma letal y el más reciente éxito de taquilla Señales, no es hoy menos conocido por ser un director con afición a contar historias intensas. Su segundo largometraje fue el galardonado drama épico Braveheart, que mezclaba historia, romance, acción y drama en un relato de las batallas internas y externas del legendario héroe escocés William Wallace. La cinta obtuvo diez nominaciones al Oscar y se alzó con cinco estatuillas, incluidas las de Mejor película y Mejor director.

En la estela de aquel éxito, Gibson dio otro giro arriesgado. Su tercera obra tras la cámara fue La pasión de Cristo, un recorrido por las últimas 12 horas de la vida de Jesucristo en una película que revisitaba esta historia eterna con el realismo a ultranza y la emoción descarnada del cine contemporáneo. La película fue un éxito mundial sin precedentes. Pero pocos podrían haberse imaginado cuál sería la siguiente apuesta de Gibson: una de las civilizaciones más misteriosas y atractivas de toda la historia, en cuyo marco ambientaría un thriller trepidante, cuya intensidad aumenta minuto a minuto, fruto de la imaginería y de la pura emoción, para filmar una experiencia cinematográfica como realmente no hay otra.

Gibson asume el reto de «Apocalypto»

La inspiración para Apocalypto llegó tras La pasión de Cristo, cuando Gibson comenzó a percibir entre el público del cine una creciente avidez de películas apasionantes y muy entretenidas, pero también de algo más. «Creo que lo que la gente quiere ver en realidad son grandes historias que les aporten algo emocionalmente y que les toquen la fibra sensible», dice Gibson.

En un principio, Gibson sólo sabía que quería «quería realizar una aventura de acción trepidante, una película de persecución que constantemente le apretara las clavijas al espectador», recuerda Gibson. «Me fascinaba la idea de que la mayor parte de la historia se contara visualmente, algo que llegaría al público a los niveles más viscerales y emocionales».

Cuando Gibson compartió sus ideas con el guionista, comenzaron a explorar el concepto del escenario aparentemente salvaje de esta historia épica de acción al final del reinado de los Mayas. Safinia, que había estado en Yucatán y había visto las ruinas Mayas con sus propios ojos, intrigó a Gibson con sus historias y el guión comenzó a fluir desde ese punto de partida. «La idea era como un motor fantástico», explica Safinia. «La historia avanzaba siempre, avanzaba hacia algo y resultaba emocionante incluso mientras la escribíamos. Hay un montón de revelaciones, giros de la trama y acontecimientos que suceden a toda velocidad».

A medida que escribían, Gibson y Safinia se sumergieron en la fascinante historia de los Mayas. Se pasaron meses leyendo los mitos Mayas de la creación y la destrucción. Luego, viajaron por separado para ver las antiguas plazas Mayas por sí mismos, algo que surtió un efecto especialmente profundo. Gibson recuerda «estaba de pie, encima del templo de El Mirador en Guatemala, en la única selva tropical que queda en el país y, fijándote bien, se apreciaban los perfiles de otras 26 ciudades, todas rodeándonos como si de un reloj se tratase. Se veían las pirámides emergiendo de la jungla, en la distancia. Era impresionante. Realmente te daba una idea de lo poderosa que fue antaño esta civilización».

Contaron con la ayuda del Dr. Richard D. Hansen, arqueólogo y experto en los Mayas, quien prestó sus servicios como asesor para la película. «El entusiasmo de Richard por lo que hace es contagioso. Fue capaz de tranquilizarnos y hacernos sentir la seguridad de que lo que estábamos escribiendo poseía cierta autenticidad, además de imaginación», asegura Gibson.

«Lo que queríamos saber de verdad era cuáles eran las razones que subyacían a los ciclos de auge y declive de los Mayas», precisa Safinia. «Descubrimos que lo que los arqueólogos y los antropólogos creen es que los sobrecogedores problemas a los que se enfrentaron los Mayas son extraordinariamente similares a los que se enfrenta hoy nuestra propia civilización, sobre todo por lo que se refiere a la degradación ambiental generalizada, al consumo excesivo y a la corrupción política». Gibson entiende que «a lo largo de la historia, los desencadenantes de la caída de una civilización han sido siempre los mismos y una de las cosas que nos rondaba la cabeza cuando estábamos escribiendo es que muchas de las cosas que sucedieron justo antes de la desaparición de la civilización Maya están aconteciendo en nuestra sociedad hoy. Para mí era importante establecer ese paralelismo, es fácil ver esos ciclos repetirse una y otra vez. La gente se cree que el hombre moderno es un ser ilustrado, pero estamos sujetos a las mismas fuerzas… y somos asimismo capaces del mismo heroísmo y trascendencia».

Cuanto más se adentraban Gibson y Safinia en la cultura Maya, más fácil les resultó desarrollar plenamente su personaje protagonista: Jaguar Paw. La historia de Jaguar Paw, la de un hombre corriente que se ve impulsado a realizar actos heroicos, subyace al núcleo mismo de Apocalypto. Cuando la película comienza, es un joven padre, prometedor, instintivamente consciente pero aún no es del todo un líder en su pequeño e idílico poblado, tradicionalmente cazador. Luego, de forma súbita, todo su mundo se viene abajo, cuando es capturado y llevado en una peligrosa marcha a través de la selva a la gran ciudad Maya, donde se entera que va a ser sacrificado a los dioses para «pagar» la hambruna generalizada que ha devastado su reino. Enfrentado a una muerte inminente, Jaguar Paw ha de dominar sus mayores miedos en una carrera desesperada, plena de adrenalina y pulsaciones, para intentar salvar todo aquello que más quiere. «La historia de Jaguar Paw es de ese tipo de historias con las que cualquiera se siente identificado», señala Gibson. «A lo largo de su viaje, tiene que dejar al margen su persona y luchar por algo mucho mayor».

Parte de lo que hace tan épica la batalla de Jaguar Paw es la pura enormidad de aquello a lo que se enfrenta. «El principal malo de la película no es una persona», apunta Gibson. «Es un concepto y ese concepto es el miedo. El protagonista tiene que vencer su miedo y que el miedo nos supere es algo con lo que todos hemos luchado a lo largo de la historia, igual que ahora mismo, en nuestro mundo actual, por lo que es algo que nos concierne a todos».

El movimiento incesante y una narración visual descarnada constituyen el alma del concepto creativo de Apocalypto. «Desde el primer minuto en que la historia echa a andar, casi todo lo que se ve en la pantalla se encuentra en movimiento», cuenta Gibson. «En cada cuadro, la cámara siempre se está moviendo y siempre hay alguien o algo moviéndose dentro de esa toma».

Una vez que él y Safinia terminaron el guión, todo el diálogo se tradujo al Yucatec, principal dialecto Maya que se habla hoy en día en la península de Yucatán. Gibson pensó que el efecto sería que trasladaría completamente al público a este mundo, al igual que había hecho al utilizar los idiomas auténticos en La pasión de Cristo. «Creo que escuchar un idioma distinto permite al público suspender por completo su propia realidad y dejarse arrastrar al mundo de la película», sintetiza Gibson. «Y, lo que es más importante, también hace hincapié en el lenguaje cinemático visual, que es una especie de idioma universal del corazón».

Mel Gibson reúne un notable elenco indígena

 Si Gibson quería que su visión de Apocalypto cobrara vida ante la cámara, sabía que necesitaría actores que hicieran que la historia pareciera total y completamente real, como si estuviera aconteciendo de forma dinámica aquí y ahora. Desde el principio decidió utilizar únicamente rostros que fueran auténticamente indígenas para contar esta historia indígena, y hacer un reparto con actores que serían completamente desconocidos para el público habitual del cine. “Consigue que la historia se perciba de forma mucho más real y convincente porque no tienes ningún punto de referencia de las interpretaciones que estás viendo”, comenta Gibson. “Lo cual no quiere decir que no se vayan a ver actuaciones increíbles, porque sí se van a ver”.

Para lograr que cada uno de sus actores tuviera una presencia sistemáticamente Mesoamericana, los cineastas hicieron un número de pruebas insólitamente amplio, buscando exhaustivamente por México, sobre todo en Yucatán, Ciudad de México, Oaxaca, Xalapa, Veracruz y Catemaco. La búsqueda continuó por el Sur de California y Nuevo México; por Edmonton, Calgary, Toronto y Vancouver; así como por toda América Central. Al final, tres miembros del elenco aparecieron en Canadá, dos en Estados Unidos y el resto llegó de México y de otras partes de América Central, incluidos más de 700 extras. Algunos de los integrantes más jóvenes del reparto, procedentes de comunidades indias aisladas, jamás habían visto una habitación de hotel antes de la producción. “Gran parte de nuestro reparto no había intervenido nunca en una película hasta ese momento”, dice Gibson, “pero funcionó porque lo que realmente queríamos captar eran los instintos primarios y las reacciones naturales que, para mí, son los más sentidos y emocionalmente reales. Quería que todo resultara auténtico y creíble”.

Gibson contrató a Carla Hool, una agente de casting de Ciudad de México, para que le ayudara con las pruebas, que supusieron un proceso poco habitual. “Los actores tenían que estar realmente en forma, con cuerpos como de atleta o bailarín y poseer gran resistencia”, explica Hool. “De hecho, parte de nuestro proceso de casting consistió en ver cómo se movían y corrían los actores. También les hicimos leer poemas Mayas. No estábamos buscando necesariamente gente con un historial interpretativo aunque tengamos a muy buenos actores en el reparto. La cuestión era más su aspecto, sus movimientos y lo que encerraban en su interior”. Para el papel protagonista de Jaguar Paw,  tras amplias audiciones, Gibson descubrió a Rudy Youngblood, un nativo americano de las tribus Comanche, Cree y Yaqui, danzante pow-wow, cantante y artista.  Su vigor físico, junto con su expresividad natural lo hacían perfecto para el papel de un hombre que corre para salvar la vida, a sus seres queridos y la selva que siempre ha sido su hogar. «Rudy es la imagen de la inocencia pero también posee una fortaleza increíble”, dice Safinia. Y Gibson apostilla: “estoy orgullosísimo de lo que ha conseguido”. Pese al hecho de que Jaguar Paw vive en una cultura antigua, Youngblood se identificó inmediatamente con él. “Jaguar Paw es muy parecido a mí”, afirma. “Vivimos en épocas diferentes pero somos personas muy parecidas. Es fuerte. Es alguien que da, no pide. Quiere a su familia. Es respetuoso y a lo largo de la historia aprende a no tener miedo. Eso es algo que también me ha inculcado mi cultura”. La capacidad física de Youngblood y su depurada condición atlética le permitieron hacer la mayor parte de sus escenas peligrosas, incluida una escena en la que simula una escalofriante caída libre desde lo alto de una cascada embravecida, así como la sobrecogedora secuencia en la que Jaguar Paw es perseguido por un jaguar, lo que le supuso a Rudy tener que familiarizarse mucho, mucho con un felino realmente grande.

Mientras, para el papel de Zero Wolf, el feroz guerrero Holcane que captura y posteriormente tiene que dar caza a Jaguar Paw, Gibson eligió a Raoul Trujillo, un oriundo de Nuevo México que es un actor consolidado de cine y televisión (Black Robe, El nuevo mundo), así como bailarín y coreógrafo. La transformación de Trujillo se completó al ponerse el complejo maquillaje que le convertía en Zero Wolf. “En realidad es un tío muy guapo… ¡así que tuvimos que afearlo un poco!”, señala Gibson. “Estropeamos sus rasgos naturales y le colocamos un probóscide más mítico. Adquirió un aspecto muy temible”.

En su representación de Zero Wolf, Trujillo quería resaltar que el personaje no era necesariamente malo. “Zero Wolf es un personaje intemporal, que ha existido en todas las épocas, a lo largo de toda la humanidad”, expone. “Representa la sombra del héroe de la película. Arrastra a Jaguar Paw al ritmo necesario para que se convierta en quien necesita ser para representar una esperanza para la humanidad y un futuro. Quería dotarlo de la complejidad de ser alguien que tiene una tarea que hacer y la hace. Invertí mucha energía en desarrollar un personaje que no estuviera enraizado o basado en el mal sino que hundiera sus cimientos en el hecho de que se limita a cumplir su deber”.

Uno de los personajes más cómicos de la película, paisano de Jaguar Paw y blanco de las innumerables bromas, es Blunted. Lo interpreta otro nuevo descubrimiento: Jonathan Brewer, procedente de la reserva Blood de Canadá, donde actúa y enseña su cultura a escolares de las zonas deprimidas. Brewer quería que se viera que bajo la faz cómica que ofrece su personaje latía un verdadero ser humano. “Leí el guión numerosas veces para descubrir quién era realmente Blunted y hablé con Mel y con los otros actores al respecto. El personaje que se ve en la pantalla creció a partir de todo ello”, dice el actor. “Es alguien con quien todos nos podemos identificar: el tipo grandullón pero tierno con el que siempre se meten”.

A muchos de los actores se los encontró por pura casualidad. El personaje de Money Jaw lo encarna Carlos Ramos, un inmigrante de El Salvador que trabajaba en una furgoneta de venta ambulante de zumos en Santa Mónica antes de descubrirlo bailando en Third Street Promenade. Otro hallazgo inspirado se produjo cuando los cineastas vieron por primera vez la deslumbrante faz de Dalia Hernandez, una bailarina y estudiante de Veracruz, cuyos conmovedores rasgos clásicos la convirtieron en la viva imagen de la bella y emprendedora esposa de Jaguar, Seven. Otros integrantes del reparto de Apocalypto proceden de ámbitos ajenos a la interpretación tan diversos como la danza, el mimo, la acrobacia y la gimnasia, el circo, actores de teatro convencional y de teatro callejero, músicos, así como un ayudante de producción de televisión e incluso un profesor de educación primaria de Cancún.

Sin embargo, con independencia de dónde hubieran salido los miembros del elenco o qué experiencia previa tuvieran, Gibson quiso que se olvidaran de todo, a medida que se sumergían completamente en la realidad del mundo Maya de la película. “Lo increíble es que, en esencia, Mel ha creado esta película épica con actores no profesionales, la mayoría de los cuales jamás se había puesto delante de una cámara”, señala el productor ejecutivo Ned Dowd. “Fue paciente, comprensivo y minucioso hasta el punto de que muchas veces interpretaba las escenas para y con los actores. Fue extraordinario ver lo comprometido que estaba con este reparto, dedicándole incansablemente su tiempo y energía no sólo a los actores principales, sino también a los extras, ayudándoles a comprender y encontrar ese algo especial en su interior que definiera su personaje”.

Viaje a la jungla: la producción de «Apocalypto»

Antes de partir para las junglas de México, Mel Gibson tenía una visión nítida de lo que esperaba conseguir allí, y era nada más y nada menos que el efecto de una máquina del tiempo. “Quería que el público se sintiera completamente parte de ese tiempo y no quería ni un sólo vestigio del siglo XXI, al tiempo que, desde el punto de vista cinematográfico, quería que la película tuviera una especie de cineticismo vertiginoso y fuera muy de actualidad”, explica. “Y eso es muy difícil de hacer”.

Para empezar, el equipo buscó sin descanso localizaciones que pudieran establecer una atmósfera de auténtica jungla. Batieron México, Guatemala y Costa Rica pero, de buenas a primeras, hubieron de hacer frente a retos de enormes proporciones. En su búsqueda, al equipo le sorprendió la poca selva tropical que queda en América. “Es algo que duele a la vista”, dice Gibson. “Qué pena tan grande que estas selvas estén desapareciendo a razón de una hectárea por minuto. Por suerte, al final fuimos capaces de encontrar una bellísima selva tropical en México que se convirtió en nuestra jungla”. Dieron con esta densa selva verde a las afueras de Catemaco, México. Es una de las últimas selvas tropicales que quedan en México y localmente se la conoce sencillamente como “La Jungla”. Mientras, para construir la ciudad de los Mayas, los cineastas se establecieron en un vasto y remoto campo de caña de azúcar en Boquerón, a unos 45 minutos de la ciudad de Veracruz, donde Gibson y su equipo tuvieron el espacio necesario para crear toda una metrópolis Maya desde la nada.

A continuación, para crear el aspecto visual de alto octanaje que caracteriza a Apocalypto–en la que la cámara se desplaza de forma fluida y a gran velocidad a través de la jungla Maya– Gibson contrató al director de fotografía Dean Semler. Quería a alguien que estuviera dispuesto a correr riesgos visuales y a llevar a cabo los fulminantes movimientos de cámara que había imaginado. “Necesitaba a alguien capaz de ejecutar mis ideas, además de aportar las suyas”, matiza.

Después de hablarlo mucho, Gibson y Semler decidieron rodar el filme en digital. Aunque el sistema que utilizaron era completamente nuevo, Semler consideró que podía proporcionarles la movilidad, la versatilidad y sobre todo la capacidad de rodar en condiciones meteorológicas extremas –lluvias torrenciales, calor abrasador y viscoso lodo– que necesitarían para sacar adelante la historia. Además, las escenas nocturnas se podían rodar con un grado increíble de detalle utilizando únicamente la luz procedente de fogatas en torno a la aldea. “Durante las escenas de fogatas, mirábamos a los monitores y toda la aldea estaba iluminada. Todo el lugar cobraba vida: la gente, los rostros, las chozas y los árboles. No me lo podía creer”, recuerda Semler. “Y como estábamos rodando con una apertura más lenta, las llamas tenían un aspecto lánguido, titilante pero casi como si fueran líquido, muy suaves. Era una absoluta belleza”.

También disfrutó de unas posibilidades creativas increíbles el diseñador de producción Tom Sanders, que anteriormente había colaborado con Gibson en Braveheart. La carrera de Sanders está salpicada de numerosos dramas épicos, pero en Apocalypto se enfrentó a la singular tarea de dar vida a un mundo desaparecido de aldeas primarias y reinos de extrema opulencia. Comenzó por investigar exhaustivamente la arquitectura Maya y las técnicas de construcción que se habían utilizado en una antigua ciudad Maya, incluidos los muros de fortificación, los edificios, las pirámides, las plazas, los monumentos, las pilas de calaveras, las chozas, el mercado y las zonas de los mercaderes. En estrecha colaboración con el Dr. Richard Hansen, Sanders también estudió las herramientas y los utensilios Mayas, las armas de guerra (de la mano del armero Simon Atherton), pasando por sus tejidos y su cerámica. Luego, comenzó la enorme tarea de construir este mundo de la nada. “Casi todo lo que se ve en la película, incluido el atrezzo, se hizo a mano en México”, dice Sanders.

Para la aldea de Jaguar Paw, donde la gente vive en armonía con la naturaleza, Sanders descubrió que no había muchos datos fidedignos en los que basarse. Como sólo se escribían o dibujaban las vidas de los nobles Mayas, la vida del aldeano común en la selva continúa siendo un misterio hasta nuestros días, por lo que Sanders hubo de recurrir a la extrapolación y a la imaginación. “Pensé que sería interesante que las chozas de la aldea parecieran nidos en la selva. En la aldea todo es muy redondo y orgánico, lo que contrasta con las columnas de piedra cuadradas, casi mecánicas, de la ciudad de los Mayas”, detalla.

Pero el gran reto al que se enfrentó Sanders fue construir la gran ciudad Maya de tal manera que el público se hiciera una idea de todo el esplendor –pero también del tambaleante caos con indicios de esclavitud, hambre y pánico– de los centros de poder Mayas hacia el final de sus días. La misión comenzó con una maqueta con todo lujo de detalle. “Soy escultor y mi forma de diseñar es crear primero todo el decorado en una gran maqueta tridimensional de más de 4 metros”, comenta Sanders. “De esta manera, puedo ver cómo se relacionan unas piezas con otras y los mejores emplazamientos de cámara, a la vista de lo concebido por Mel para la gran pantalla”.

Tras la construcción básica, se envejeció todo con el fin de poner de relieve el reciente estado de decadencia de la ciudad, incluso hasta un alcantarillado simulado que vierte a los contaminados canales de la urbe. Se cultivaron campos de maíz en terrazas y otras cosechas para acrecentar la ominosa atmósfera de hambruna y catástrofe. “Todo lo que plantamos, lo queríamos muerto”, apostilla Sanders. “La teoría es que nos encontrábamos en medio de una sequía y por eso estaban realizando sacrificios humanos a un ritmo tan elevado. Queríamos mostrar el daño ambiental que había conducido a esta situación”. Especialmente gratificante para Sanders fue lo emocionado que se sintió el Dr. Hansen, experto en Mayas, la primera vez que puso el pie en la ciudad recreada. En palabras de Hansen, “hicieron que el pasado volviera a cobrar vida de un modo que rara vez se ha visto en las películas”.

Para resucitar mejor el pasado, Gibson confió en otro equipo fundamental: la diseñadora de vestuario Mayes Rubeo, el diseñador de estilismo y maquillaje Aldo Signoretti y el diseñador de maquillaje Vittorio Sodano, que trabajaron de forma conjunta para crear artesanalmente el aspecto completo, de pies a cabeza, para cada uno de los personajes de la película. Desde los aldeanos ligeros de ropa –con sus tapones para los oídos y sus dientes podridos– a los elaborados trajes de la realeza y los sacerdotes Mayas –con sus bordados estampados, sus elaborados adornos de conchas, sus tocados y su sobredimensionada joyería– el equipo que formaban entre los tres adecuó su trabajo para cada uno de ellos.

Un desafío al que tuvo que hacer frente Rubeo fue la pasión de los Mayas por el jade en su joyería, símbolo de poder, riqueza y prestigio. “Como el jade es tan pesado y caro, mi equipo aprendió a pintar a mano otros materiales para que tuvieran la belleza del jade pero fueran ligeros”, dice Rubeo. También imposibles de conseguir eran las apreciadas plumas de color esmeralda del pájaro Quetzal que tradicionalmente se utilizaban en los espectaculares tocados de los reyes Mayas. Como el Quetzal se encuentra hoy al borde de la extinción, Rubeo encontró un buen sustituto en forma de unas más mundanas plumas de faisán marrón que se blanquearon, se tiñeron de verde y se pintaron a mano, una a una, para conseguir el efecto deseado.

Fuera cual fuera el personaje, la perfección hasta los más nimios detalles era una necesidad. “Debido al modo de rodar de Mel, todo tenía que estar perfecto desde todos los ángulos incluso para el último de los extras”, recalca el diseñador de maquillaje Sodano. “Mel hace un montón de primeros planos y mientras la cámara enfoca la escena que se está rodando, otra puede estar enfocando a uno cualquiera de los extras”.

Los artistas del maquillaje tuvieron asimismo que intentar recrear algunas de las insólitas deformaciones corporales que los Mayas utilizaban para denotar la condición social. Cada actor y cada extra tuvo que ponerse unos carretes especiales en las orejas, lóbulos dilatados perforados con piedras o hueso, auténtico signo de identidad de los antiguos Mayas. Como no podían estirar de verdad las orejas de los actores –como hacían los Mayas– se fabricaron unos accesorios auriculares especiales hechos de silicona maleable, que luego se pintaban a conciencia para igualar el color de la piel de cada actor. Otra práctica común de los Mayas era la deformación del cráneo. A los pocos días de nacer, se colocaba a los bebés una tabla en la frente que hacía retroceder ésta, hasta conferirle la famosa forma craneal de los Mayas. Para simular este efecto, a muchos de los actores se les afeitó la cabeza para retrasar la línea de nacimiento del pelo y llevaban postizos alargados.

Los espectaculares decorados y maquillaje –junto con el rodaje digital y la irremplazable belleza y peligros de la jungla– contribuyeron a forjar la intensa realidad visual que era tan esencial para la visión de Gibson. “Lo que queríamos hacer con la cámara, los decorados, el maquillaje, el vestuario y las interpretaciones es lograr que todo fuera tan real y creíble para la época como nos fuera posible”, dice. “Creo que la película tiene un importante mensaje que transmitir pero si puedes hacerlo de una manera sobrecogedora y emocionante, mucho mejor ¿no?”.

La base de «Apocalypto». ¿Quiénes fueron los mayas y qué fue de ellos?

Apocalypto es la primera gran aventura de acción de Hollywood ambientada en la gran civilización Maya de Mesoamérica. ¿Pero quiénes fueron los Mayas? Los arqueólogos actuales están intentando obtener respuestas a esta pregunta a partir de las legendarias pirámides, las ciudades enterradas y los intrigantes artefactos que dejaron tras de sí. Porque aunque antaño fueran la más poderosa civilización de América, ni las riquezas, ni el poder, ni la brillante ingeniería pudieron salvar a los Mayas del terrible ocaso de su sociedad.

En su día, el vasto territorio de los Mayas abarcó cinco países modernos –México, Guatemala, Belice, Honduras y El Salvador– y floreció en tres periodos distintos: la época Preclásica Maya, la época Clásica Maya y la época Posclásica Maya, desde el 2400 a.C. hasta el siglo XV de nuestra era. Fue una sociedad avanzada que creó un arte complejo, dominaba las matemáticas, creó su propio sistema de escritura, tenía un conocimiento profundo de la astronomía y eran habilidosos agricultores, artesanos y arquitectos cuyas ciudades florecieron en mitad de la selva tropical. Pero también se dedicaban a prácticas brutales, fomentaron la guerra y que su compleja sociedad cedió a la violencia, la esclavitud y el caos.

Para saber quiénes fueron los Mayas y por qué su sofisticada civilización entró en decadencia y desapareció, Mel Gibson, Farhad Safinia y toda la producción trabajó estrechamente con varios arqueólogos, incluido uno de los principales asesores de la película: el Dr. Richard D. Hansen, un moderno explorador que ha estado excavando una inmensa red de 26 antiguas ciudades Mayas sepultadas bajo siglos de crecimiento de la jungla en Guatemala. Para Hansen, el atractivo de Apocalypto no residía sólo en la visceral recreación que la película pudiera hacer de cómo habría sido vivir en la época de los Mayas… sino su exploración de cómo una sociedad de tan extraordinario poder se autodestruyó. “Me pareció que Mel Gibson estaba de veras interesado no sólo por la realidad de esta civilización sino por la realidad de las tensiones que fueron esenciales para su ocaso. Es una historia que hay que contar. Si una sociedad no aprende de su historia, puede estar abocada a repetirla”, advierte Hansen.

Hansen recalcó a Gibson lo depurada que estaba la sociedad Maya durante el periodo Clásico. “Lo fascinante de los Mayas es que fueron capaces de desarrollar una sociedad compleja a un nivel enteramente nuevo en el hemisferio occidental”, explica Hansen. “En el periodo Clásico, había enormes urbes floreciendo por doquier y una serie de poblaciones menores repartidas entre aquellas que alimentaban y suministraban a aquellas grandes ciudades las mercancías que necesitaban”. De hecho, parte del éxito de la longevidad de la civilización fue su éxito como agricultores. “Las ciudades Mayas eran ciudades verdes”, apunta Hansen. “Tenían todos los recursos disponibles para la agricultura. Cultivaban maíz, calabaza, judías, algodón, cacao y diversas frutas tropicales. Y cuando tienes la comida asegurada, puedes centrarte en otras cosas, como la astronomía, las matemáticas, la música, el arte, la guerra y el gobierno”.

En la cúspide de su civilización, los Mayas estaban especialmente centrados en intentar comprender el tiempo y el sentido mismo de la vida. “Tenían el ciclo de la vida y el ciclo del tiempo perfectamente entretejido y grabado en su ideología, cosmología y conducta. El ciclo de la vida y el ciclo del tiempo comenzaron a ser una pauta que se observaba en el mundo natural y espiritual”, revela Hansen.

Empero, unida a su temprana fascinación por la ciencia estaba la creencia en la superstición y en la influencia de fuerzas invisibles. Creían que el mundo estaba regido por poderosas deidades que mantenían el orden, pero sólo si los seres humanos se comportaban bien y observaban los rituales y las ofrendas prescritas. De no hacerlo, o al menos así lo advertían sumos sacerdotes y reyes, los coléricos dioses tomarían venganza en forma enfermedades, pestilencia, malas cosechas, sequía y otros desastres naturales.

Se decía que los poderosos sacerdotes Mayas eran las únicas personas que se comunicaban directamente con los dioses y que eran ellos quienes supervisaban las ofrendas regulares a las deidades. Éstas iban desde alimentos e ídolos de cerámica hasta sacrificios humanos propiamente dichos al final del periodo Posclásico. Los seres humanos se consideraban la ofrenda máxima y se recurría a ellos frecuentemente con la esperanza de agradar a los dioses en épocas de gran tribulación. Al final, para conseguir más cautivos que sacrificar, los Mayas se enzarzaron es una espiral bélica.

Los propios sacrificios estaban plagados de rituales. Se desnudaba a la víctima y se la pintaba de azul, luego se la tendía sobre un altar de piedra. Al final, el sacerdote hundía un cuchillo de sílex o de obsidiana directamente en el pecho y sacaba el corazón, que aún latía. No obstante, los Mayas también creían que las víctimas sacrificiales ganaban algo entregando sus vidas: la entrada instantánea en el paraíso. “Los Mayas creían devotamente en el infierno y en la vida después de la muerte”, dice el Dr. Hansen. “Creían que estaban aquí por algún motivo, que iban a alguna parte y que tendrían la oportunidad de resucitar, algo profundamente enraizado en su forma de pensar”.

A Gibson le fascinó esta dicotomía entre las luces y las sombras de la cultura de los Mayas. “En muchos sentidos eran tan sofisticados… pero en otros, eran tan salvajes…”, observa. “Sin embargo, una de las cosas más interesantes es que tenían muy claro que su sociedad ascendería para luego caer. Se tratara o no de una profecía que acarrea su propio cumplimiento, fueron letalmente precisos: sabían que una sociedad tenía un cierto espacio de tiempo, digamos 400 ó 500 años, para prosperar antes de que el suelo se abriera bajo sus pies”.

A medida que las ciudades Mayas crecían, también se magnificaba el poder político de la realeza y los sacerdotes. Con el tiempo, la sociedad parece haberse obsesionado cada vez más por el consumo ostentoso, por mantener el poder de la elite, por controlar los recursos y manipular a las poblaciones sumisas mediante el sobrecogimiento, la humillación y el miedo. Los gobernantes constantemente demandaban más, más grande y mejor. Pero toda esta innegable grandeza por la grandeza al final tuvo su precio: la desaparición última de una de las mayores civilizaciones que el mundo haya conocido. “Encontramos la misma historia en muchas culturas repartidas por el mundo a lo largo de la historia e incluso hoy la degeneración del medio ambiente y la degradación de los sistemas sociales puede someter el conjunto de una sociedad a fuertes tensiones. Este tipo de tensiones son las que desencadenan acontecimientos catastróficos, sucesos trágicos en la historia de la humanidad, y es imperativo que aprendamos de ellos”, sentencia el Dr. Hansen.

Lo más probable es que no hubiera una única causa definitiva del ocaso final de los Mayas. En vez de ello, académicos y arqueólogos citan una serie de causas interrelacionadas entre las que figuran la deforestación, las tensiones climáticas, como la sequía y la hambruna, el aumento de las guerras, la propagación de enfermedad, la pérdida de rutas comerciales básicas y la revuelta popular. Todos esos factores posiblemente contribuyeron a fracturar la sociedad.

La deforestación suscita un interés particular en el Dr. Hansen, que explicó a los cineastas de qué manera podría haber desempeñado un papel fundamental en la aniquilación de los reinos Mayas. Descubrió que en el proceso de producir el cemento de estuco calizo que utilizaban para construir sus templos, palacios, plazas y monumentos, los Mayas tenían que provocar incendios para calentar la piedra caliza. “Hacían falta cinco toneladas de madera verde fresca para producir una tonelada de cal viva”, señala Hansen. “Encontré una pirámide en El Mirador que habría precisado aproximadamente unas 650 hectáreas de todos los árboles que crecieran sólo para cubrir un edificio con estuco calizo. De manera que, ¿cuántas hectáreas se necesitarían para una ciudad Maya? Esa clase de construcción épica tenía lugar en multitud de lugares diferentes, lo que supuso una devastación de proporciones inimaginables”. Y prosigue: “una vez arrasada de árboles la selva, las lluvias arrastraban la arcilla a los pantanos, lo que hizo difícil de conseguir el estiércol orgánico que resultaba esencial para la agricultura. Ya no podían alimentar a grandes poblaciones y, por ende, no podían mantener a científicos, sacerdotes, astrónomos, soldados y toda la parafernalia de una sociedad compleja. La paz y la tranquilidad se habían esfumado”. Gran parte de esto está representado en Apocalypto a través de imágenes descarnadas, que muestran los campos desecados y la interminable construcción de la ciudad de los Mayas, lejos de la verde abundancia de la jungla de Jaguar Paw.

No obstante, aunque la civilización Maya entrara en decadencia y luego desapareciera, los pueblos Mayas no lo hicieron. Sigue habiendo unos cuatro millones de personas de etnia Maya en México y América Central. El mayor grupo es el Yucatec, que suma 300.000 individuos en la península mexicana de Yucatán. Cerca de Chiapas, México, viven los Mayas Lacandón, que continúan practicando elementos de la religión y la cultura de los antiguos Mayas. Sin embargo, irónicamente los Lacandón y otros Maya libran una batalla moderna contra quienes pretenden deforestar lo que queda de sus sagradas junglas. Incluso el jaguar, antaño reverenciado como un gran poder entre los Mayas, se encuentra hoy en peligro.

En la realización de Apocalypto, Mel Gibson se mostró absolutamente resuelto a retratar una sociedad que avanza hacia sus últimos días, pero también quiso incluir otro concepto vital: la esperanza. “La historia de Jaguar Paw es la historia de la chispa de vida que existe incuso en una cultura de muerte”, dice. “Todo final es asimismo un nuevo comienzo”.