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Aardman y La oveja Shaun animan Halloween a mano

Con La oveja Shaun: Misión calabaza, el estudio de Wallace y Gromit celebra medio siglo de humor y reivindica la animación stop motion en plena era digital

La oveja Shaun: Misión calabaza (2026)
La oveja Shaun: Misión calabaza (2026)

El estreno de La oveja Shaun: Misión calabaza invita a celebrar los 50 años del estudio de Wallace y Gromit y a preguntarse qué aporta su animación artesanal en plena era digital.

Una oveja empeñada en arreglar un huerto puede provocar tantos desastres como un científico que juega a crear vida. Aardman lleva décadas encontrando grandes películas en estas pequeñas imprudencias. Este Halloween vuelve a hacerlo con La oveja Shaun: Misión calabaza, que se estrenó en España ayer 30 de octubre de 2026. El estreno ofrece una buena ocasión para volver la mirada hacia el estudio británico que ha convertido unos muñecos de aspecto estrafalario en personajes con más vida que muchos actores de carne y hueso.

En FilaSiete hemos recibido la nueva aventura como «una aventura familiar desternillante, visualmente deslumbrante y rebosante de ingenio». Una pequeña maravilla de comedia visual que permite hacerse una pregunta bastante seria: ¿cómo consigue Aardman conservar una personalidad tan reconocible mientras cambia casi todo a su alrededor?

Dirigida por Steve Cox y Matthew Walker, la película arranca con los preparativos de Halloween en la granja Mossy Bottom. El Granjero destroza el huerto de calabazas y Shaun decide solucionar el problema mediante un experimento. La desaparición del primero y la presencia de una bestia en los bosques cercanos terminan de complicar una fiesta que ya apuntaba maneras.

Nuestra crítica destaca el homenaje a Frankenstein y El hombre lobo, además del protagonismo de los gestos y las miradas. Hay una afinidad natural entre esos monstruos clásicos y el mundo de Shaun: basta con que alguien confíe demasiado en su invento para que las cosas empiecen a torcerse. El terror proporciona las situaciones; la comedia se ocupa de descubrir todo lo que tienen de absurdo.

Ese juego con los géneros forma parte del carácter de Aardman. Sus personajes pueden habitar una granja o un salón inglés, pero llevan mucho cine a sus espaldas. El espectador adulto reconoce las películas que asoman entre los decorados. El niño entiende perfectamente el lío sin necesidad de haber visto ninguna.

Aardman cumple 50 años

En 2026 Aardman celebra su 50.º aniversario. Peter Lord y David Sproxton iniciaron su actividad profesional en Bristol en 1976; después llegarían Nick Park y los personajes que darían al estudio una proyección internacional. Wallace y Gromit acabaron haciendo de la afición al queso, las rutinas domésticas y los inventos disparatados un universo propio.

La singularidad de esa pareja está en su relación. Wallace pone el entusiasmo y una confianza alarmante en sus artilugios. Gromit observa. Su silencio deja al espectador el placer de comprender lo que su dueño todavía ignora. Una mirada del perro puede preparar un chiste, advertir del peligro o revelar una decepción. Todo depende de dónde se coloca la cámara y cuánto dura el plano.

La apariencia sencilla de estos personajes es engañosa. Conseguir que una ceja diga exactamente lo que debe exige una precisión enorme. Y detrás del humor británico hay algo muy cercano: la convivencia con alguien a quien queremos, aunque su última ocurrencia amenace con destrozarnos la casa.

El salto al largometraje llegó con Chicken Run: Evasión en la granja, en 2000. La fuga de unas gallinas permitía trasladar la tradición del cine de evasiones a un corral. Alberto Fijo subrayaba en nuestra crítica cómo el virtuosismo de la animación se apoyaba en la calidad del guion. El mérito estaba en organizar la acción y dar a cada integrante del gallinero un carácter propio.

Shaun llevaría más lejos la confianza en la narración visual. En su primera película, estrenada en 2015, Fijo destacaba la expresividad de los animales y la capacidad del relato para enlazar los gags dentro de una aventura. Cuatro años después, Fernando Gil-Delgado insistía, a propósito de Granjaguedón, en el disfrute de comprender situaciones complejas sin diálogos.

Ahí está uno de los mejores argumentos a favor de este cine. Una persecución se entiende por la relación entre los espacios; una confusión, por lo que sabe cada personaje; un golpe cómico, por el momento exacto en que llega. Shaun obliga a sus responsables a pensar con imágenes. También concede al público la satisfacción de descubrir el chiste antes de que nadie se lo explique.

Aardman y el stop motion en la era digital

El stop motion consiste en fotografiar objetos físicos y modificar ligeramente su posición entre una toma y la siguiente. Al proyectar esas imágenes en sucesión aparece el movimiento. Los personajes ocupan un espacio real, reciben luz y proyectan sombras sobre decorados construidos para ellos. Esa presencia material da a las películas de Aardman una textura particular, incluso cuando intervienen efectos digitales.

Pero la artesanía exige algo más que paciencia. Un animador tiene que interpretar un movimiento y prever su continuidad mientras trabaja en fragmentos diminutos. La dificultad técnica solo merece la pena si acaba desapareciendo ante la emoción o la risa. Cuando Gromit se inquieta, nos preocupa lo que le sucede; dejamos de pensar en cómo lo han movido.

Los tiempos de trabajo ayudan a entender el desafío industrial. Aardman ha explicado que el rodaje de Wallace & Gromit: La venganza se sirve con plumas duró 18 meses. Mantener esta forma de producción requiere equipos especializados y proyectos capaces de sostenerlos. Su estreno en la BBC y Netflix muestra la importancia de contar con aliados que acerquen ese trabajo a un público amplio. El cariño del espectador cuenta mucho, pero también hacen falta películas que encuentren financiación y canales para llegar hasta él.

Wallace y Gromit ante la máquina que lo resuelve todo

La venganza se sirve con plumas ofrece una ironía especialmente jugosa. Wallace inventa un gnomo inteligente para facilitar las tareas y vuelve a confiar demasiado en la tecnología. Gromit sospecha que aquello puede terminar mal. El regreso del pingüino Feathers McGraw le dará razones de sobra.

Vista desde la trayectoria del estudio, la película permite una lectura muy oportuna: unos artistas que trabajan con muñecos cuentan una historia sobre la tentación de delegarlo todo en una máquina. La comedia nace de esa confianza excesiva y del desconcierto de quien descubre que resolver una tarea no equivale a comprender lo que hace felices a los demás. En el mundo de Wallace, la eficacia suele necesitar la supervisión de un perro bastante sensato.

Sería injusto presentar al estudio como un taller encerrado frente al ordenador. Su filmografía incluye largometrajes digitales como Ratónpolis y Arthur Christmas: Operación regalo. En Chicken Run: Amanecer de los nuggets, además, el equipo utilizó realidad virtual para diseñar escenarios que después se construirían físicamente. La tecnología forma parte de sus herramientas; conservar el carácter de las películas exige decidir cómo emplearla.

Misión calabaza llega así en un aniversario que permite celebrar algo más que una colección de personajes entrañables. Aardman conserva la confianza en que el espectador sabrá seguir una mirada y esperar el remate de un chiste. Este Halloween hay monstruos sueltos en Mossy Bottom. Lo verdaderamente preocupante, a juzgar por los antecedentes, sería que Wallace apareciese con una máquina para atraparlos.

Todas las películas de Aardman: de Chicken Run a La oveja Shaun

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