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El hombre que susurraba a los caballos

«Yo tenía una granja en Montana”. Así podría haber comenzado El hombre que susurraba los caballos, la nueva película de Redford. Desde que perdió su casa en el último gran incendio de las colinas de Los Ángeles, Redford vive en una granja en mitad del campo, y eso se nota. Algunas de sus anteriores películas como El río de la vida o Las Aventuras de Jeremiah Johnson, ya tocaban la integración del hombre en la naturaleza y, tras seis años sin dirigir, vuelve a colocarse delante y detrás de la cámara para hablarnos de este mismo asunto.
La historia se inicia cuando la hija de la directora de una importante revista de Nueva York sufre un accidente hípico, del cual salen mal parados tanto la niña como su caballo Pilgrim. Madre e hija marchan con el caballo a Montana en busca de Tom Booker, un susurrador, una especie de curandero de caballos que recupere a Pilgrim.
Redford nos narra la historia con la sensibilidad ya demostrada en otras producciones dirigidas por él. Moviéndose cómodamente entre los recodos de los conflictos familiares y los horizontes de sus propuestas ecológicas. La película transcurre sin grandes sobresaltos entre hermosos paisajes de Montana magníficamente fotografiados con una luz suave y difuminada, que nos da un toque de ensoñación.
La cinta se inicia con interés pero se va desinflando a medida que avanza, y se alargan innecesariamente los planos de cabalgadas, domas y demás quehaceres diarios de los vaqueros.

Kristin Scott, perfecta en el papel de madre

Redford dirige a sus actores con oficio, sacando de todos ellos magníficas interpretaciones. Kristin Scott Thomas está de Oscar en su papel de madre yuppy perdida en Montana, capaz de expresar los más variados sentimientos con sólo mover una ceja o torcer la boca. Scarlett Johansson como la niña traumatizada está por encima del tono medio del niño actor. Sam Neill -cada día mejor actor- interpreta el papel del marido. Robert Redford camina y cabalga por la cinta con su magnetismo acumulado a lo largo de casi cuatro décadas de estrella. Sin embargo, se echa de menos un guión más complejo, con giros y trampas en su trayecto, ya que hace falta algo más para entretener durante dos horas y pico de proyección.
La película está bien rodada, con momentos de emoción contenida como el baile entre Redford y Kristin Scott, en la que sus personajes inician un escarceo amoroso ante un marido cuyo único defecto parece que es el de ser un buen marido y buena persona, lo cual en el cine de hoy parece que es sinónimo de ser estúpido.
Tom Booker es heredero de otros personajes de Redford. Es primo hermano del cazador de Memorias de África, por sus mismas dudas por escoger entre su libertad en mitad de la naturaleza o el amor a una mujer.

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